Cuando decimos “Junio Arde Rojo” se suceden una serie de imágenes: “La crisis causó dos nuevas muertes”, sangre, compañerxs, impunidad. El puente Pueyrredón, la estación, un asesino de azul que sonríe a la cámara, Maxi herido, Darío solidario hasta último momento.
Sin importar el orden secuencial, lo que resuena en nosotrxs son los nombres de nuestrxs compañerxs, que viven en la Memoria de toda lucha popular.

El 26 de junio de 2002 es una fecha que arde. Aquel día, el gobierno de Duhalde, en nombre de la burguesía toda, pretendió dar un escarmiento al movimiento popular y cerrar el ciclo rebelde abierto en diciembre de 2001. La emboscada, las armas cargadas con plomo, la policía de civil, son pruebas de sobra de que no hubo “errores, ni excesos”. La policía tenía orden de matar y un perro guardián de apellido Fanchiotti se destacó en el cumplimiento del deber.
Las tapas, las notas sensacionalistas, las horas de radio y TV, los ríos de tinta criminalizando a lxs piqueterxs, son pruebas de sobra de que no hubo “errores, ni excesos”. Los medios de comunicación burguesa tenían la orden de justificar y ocultar, y un pasquín de los poderosos de nombre Clarín se destacó en el cumplimiento del deber.
La justicia y su larga impunidad, el acuerdo de los partidos burgueses, Anibal Fernandez diciendo que los piqueteros se preparaban para la lucha armada, son pruebas de sobra de que no hubo “errores, ni excesos”. La Masacre de Avellaneda fue decidida por los dueños de todo, por el horror que les causa el levantamiento de lxs de abajo. Todos cumplieron su papel, y han sido muy coherentes hasta hoy.

Pero Darío y Maxi no estaban solos. Aquel gesto solidario de Darío no era una mano tendida al vacío. Hubo fotógrafos que se jugaron por mostrar la verdad, hubo un pueblo que salió a las calles, fuimos miles que levantamos bien alto la bandera de los compañeros, para seguir luchando contra el orden de la miseria planificada.

Hoy, dos décadas después, nos encontramos otra vez bajo la tutela hambreadora del FMI, otra vez con los poderosos pidiendo mano dura y criminalizando los movimientos sociales.
Junto a nuestrxs 30 mil, y cientos de mártires y luchadorxs populares, Darío y Maxi son el ejemplo para continuar esta lucha por Trabajo, Dignidad y Cambio Social.
Siempre en las calles, siempre rebeldes, ¡Darío y Maxi, presentes!