El 9 de junio de 1956 en horas de la noche fueron fusilados 12 trabajadores en el basural de José León Suarez, en el marco de la represión que sufría la clase trabajadora a ordenes de la cúpula militar que había derrocado a Perón en septiembre de 1955. De los 12 fusilados, 5 fueron asesinados y 7 sobrevivieron. El sobreviviente mas conocido fue Juan Carlos Livraga, que recibió varios disparos. Su testimonio fue clave para la escritura de “Operación Masacre”, el libro de Rodolfo Walsh que dio a conocer los fusilamientos. “Hay un fusilado que vive” fue el dato que desveló a quien luego sería fundador de ANCLA (Agencia Clandestina de Noticias).


La política de persecución sistemática a la clase trabajadora, especialmente a quienes militaban o simpatizaban con el peronismo, fue desplegada desde el Golpe de Estado de 1955 en adelante. Los decretos de prohibición del peronismo, ya sea en lo electoral, pero también al nivel de las imágenes y de la mención pública, daba cuenta del intento de sojuzgar a un sujeto activo y rebelde. La “revancha clasista” que desplegó la trinidad compuesta por el empresariado, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, apuntaba no solo a desandar las conquistas conseguidas durante los años del primer peronismo, sino a cortar con la organización obrera que disputaba en las fábricas frente a las patronales y también en las calles. Sin embargo, el escarmiento que pretendía Aramburu, líder de los golpistas y presidente de facto, solo acrecentó el profundo odio que les obreres tenía con la autodenominada “Revolución Libertadora”.


La “resistencia peronista” se nutrió de los fusilamientos de José León Suarez (y del asesinato del General Valle, cabeza del levantamiento antigolpista) para escribir una de las páginas mas importantes de la historia de nuestra clase. Junto con la influencia de la Revolución Cubana, la resistencia fue también partera de la radicalización obrera y popular de los años 60, la proliferación de organizaciones políticas de la “nueva izquierda” y la agudización del enfrentamiento con las fuerzas represivas que optaron por la vía del genocidio como camino para detener una posible toma del poder.


Los fusilamientos de José León Suarez dieron cuenta del accionar criminal de las Fuerzas Armadas. También dieron cuenta del enorme poder social de la clase trabajadora cuando se lanza a la lucha. Hay un fusilado que vive. Hay 5 militantes, Brión, Carranza, Garibotti, Lizaso y Rodríguez, que hoy lo hacen en la memoria de la militancia revolucionaria que los reivindica no como víctimas, sino como parte de una historia mayor: la de la clase trabajadora en lucha.