Por Nicolas Deleville

El 5 de octubre de 1910, un levantamiento republicano derrocó al rey Manuel II de Portugal, dando origen a la primer república portuguesa. La república se vio envuelta en su cortísima historia por una enorme inestabilidad política, luchas entre los demócratas (liberales) y los republicanos (conservadores), principales partidos burgueses, daban como resultado gobiernos frágiles, con constantes cambios de gabinetes, llegando en 16 años a tener 10 presidentes, 45 cambios de gabinete y 38 primeros ministros, sublevaciones pro monárquicas, surgimiento de los partidos socialistas y comunistas, y una parálisis general del estado.

Esta situación precaria de la joven república fue aprovechada por los sectores reaccionarios y conservadores del ejército que fueron ganando el apoyo de los conservadores, que abandonaban el partido republicano en búsqueda de “un gobierno fuerte” y, ante la debilidad de las fuerzas obreras y la parálisis estatal y lucha faccionaria de la elite liberal burguesa, comenzaron una serie de asonadas golpistas desde 1925, inspirados por las ideas del proto fascista español Miguel Primo de Rivera, y su directorio militar, quien llego a comparar a su milicia, la somaten, con los camisas negras y cuyo primer viaje como flamante dictador español seria una visita a la Italia de Mussolini, si bien seria su hijo José Antonio quien terminaría fundando la falange española, primer partido abiertamente fascista de dicho país, que llego a formar parte del intento de Mussolini de crear una internacional Fascista.

Pero no seria hasta el 28 de mayo del ‘26 que lograrían derrocar a la república e instaurar el régimen de la “Dictadura Nacional”. El régimen tomaría una postura aun mas radical hacia el 3 de julio con el ascenso del general Oscar Carmona a la presidencia, quien designaría al economista Antonio de Oliveira Salazar como ministro de finanzas, ministro que asumiría en 1932 el cargo de presidente del consejo de ministros, para al año siguiente, en 1933, instaurar su dictadura personal ya si abiertamente fascista, nombrada como “Estado Novo” o estado nuevo, llegando a apoyar a los sublevados Franquistas o incluso aliarse tibiamente con el eje durante la segunda guerra mundial, ya que al ser Portugal al igual que España países de poco poderío militar, si bien simpatizantes del eje, se mantuvieron aparte del conflicto.

Este régimen autoritario, de marcados tintes colonialistas y conservador católico, se mantendría en pie durante 50 años, llegando a ser la dictadura más longeva de Europa, y que, al igual que el franquismo, serían apoyados por las potencias capitalistas tras la segunda guerra mundial y durante la guerra fría, a pesar del discurso pro democracia y anti fascista de Estados Unidos y sus aliados, quienes incluso en discurso les diferenciaban de la Alemania Nazi y el régimen de Mussolini, siendo que hasta casi el final del conflicto eran aliados y simpatizantes de dichas dictaduras.

Sin embargo, con el inicio de la ola de descolonización que sacudiría a África/Asia y la radicalización de lxs trabajadores y estudiantes europeos del periodo de post guerra, las bases de la dictadura salazarista comenzarían a temblar.

Portugal, un país europeo de segunda categoría, era la metrópolis de un decadente imperio colonial, teniendo como colonias a Mozambique, Angola, Guinea-Bissau, Cabo Verde, los territorios  de Dadra, Nagar Haveli y Goa en la India, o Macao en China, la cual devolvieron recién en 1999 y cuyo control obtuvieron al apoyar a los británicos  durante las guerras del opio, en las que el Reino Unido se hizo con Hong Kong y sometieron al pueblo chino, financiando buena parte de su expansión imperial a base de tráfico de drogas, siendo el primer ejemplo de narcoestado.

Imperio al cual a duras penas lograban mantener, a costa de oprimir aun más a su propia población y que comenzaba a desmembrarse primero con la recuperación de la recién independizada republica India de Dadra, Nagar Haveli y Goa en 1954, y luego en un segundo golpe al iniciar simultáneamente guerras de independencia en sus colonias africanas en la década de 1960, guerras que estuvieron marcadas por una colaboración incesante de lxs revolucionarixs de Angola, Guinea y Mozambique, lo cual obligo al régimen salazarista a gastar un 40% de su PBI en el aparato militar, lo cual fue mermando la economía y reduciendo la calidad de vida de la ya oprimida población portuguesa, abonando al descontento de la población en la propia metrópolis e instaurando un servicio militar obligatorio de 4 años, que oprimía particularmente a la juventud y que al ser obligatorio que la mitad del servicio se diera luchando en las colonias, abonara por un lado a la impopularidad de la guerra colonialista y por el otro pusiera en contacto a los jóvenes portugueses con las ideas de libertad, independencia y revolución social de lxs revolucionarixs socialistas africanos.

Ideas inspiradas en buena parte por el comunismo y socialismo, abonando paradójicamente a la radicalización de la juventud portuguesa, particularmente entre aquellxs de orígenes obrerxs, comenzando el debilitamiento del imperio y la dictadura desde dentro, fue así que entre la suboficialidad y algunos oficiales de bajo rango del ejército, las ideas revolucionarias se fueron extendiendo, al mismo tiempo que surgía un grupo de capitanes y tenientes opuestos al salazarismo, agrupados en torno al Movimiento De las Fuerzas armadas (MFA), una logia clandestina de militares con tendencias nacionalistas de izquierda, que comenzaron a planificar la caída de la dictadura.

Al mismo tiempo que a partir de finales de los 60 en el mundo y particularmente en el continente Europeo se extendía una ola de radicalización y protesta representados por “el mayo francés”, la oposición a la guerra de vietnam, que particularmente extendió la solidaridad entre lxs trabajadores y estudiantes europexs y las luchas antiimperialistas del tercer mundo, “el otoño caliente” y “los años de plomo” en Italia, la oposición extraparlamentaria de lxs jóvenes socialistas alemanes o las luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos y el surgimiento de las guerrillas latinoamericanas.

Ambos factores, por un lado la radicalización de las protestas del proletariado y estudiantado europeo, en conjunto con lxs jóvenes conscriptxs que regresaban  de África, inspirados en las ideas de los revolucionarixs independentistas a lxs que la dictadura les obligaba a enfrentar y las cada vez más precarias condiciones de vida a las que la dictadura sometía al pueblo portugués, con su obstinación en sostener un imperio que a todas luces era insostenible, dieron como resultado que cuando el MFA inicio su movimiento para derrocar a la dictadura el 25 de abril de 1974, en lo que esperaban fuera un ordenado levantamiento militar reformista, que restaurara una democracia de corte liberal, y a pesar del llamamiento de lxs dirigentes militares a la población para que se quedaran en sus casas, la situación explotara con consecuencias imprevistas para la dirección militar reformista, saliendo la población en masa a las calles para enfrentar a la dictadura y desbordando completamente al MFA y tomando el total protagonismo del evento, con consignas como “libertad en el país y libertad en el trabajo” y marchas multitudinarias en las principales ciudades del país por el primero de mayo, tan solo una semana después de la revolución, que solo en Lisboa convocan a 500 mil obrerxs .

¡Se daba inicio a La revolución De Los Claveles y al Proceso Revolucionario en Curso!

Con temor a perder la dirección del proceso revolucionario y ante la mayor radicalidad de las demandas de la población portuguesa por un lado y la reacción por el otro. El MFA llamo a un gobierno de Frente Popular, previa renuncia forzada del primer ministro Antonio de Spinola, primer jefe de gobierno de la revolución, aunque impuesto por la anterior dictadura, que se negó a entregar el poder a cualquier otro general. Spinola, que era derechista, incluso había llegado a acompañar a las wehrmacht en el sitio a Leningrado como parte de la división azul franquista, también dirigió las operaciones militares colonialistas en África y solo hacia el final del salazarismo se opuso a la dictadura, cayó en desgracia al verse frustrados sus planes de quitar del medio al MFA.

Integrando a lxs socialdemócratas reformistas y a lxs comunistas (regidos por las prioridades de la política exterior soviética, que ya burocratizada por el estalinismo, no tenía demasiado interés en aventuras revolucionarias en Europa, que aumentaran el conflicto con el bloque capitalista) en un nuevo gobierno, al mismo tiempo que entregaba la independencia a sus colonias, pero sin tomar postura por las fuerzas revolucionarias y en casos como por ejemplo el de Angola firmando una transición que daría oportunidad a los nacionalistas de UNITA de provocar una guerra civil contra el MPLA, movimiento izquierdista que en teoría inspiraba a lxs revolucionarixs portugueses, de hecho el MFA instigaría la guerra civil entre las distintas facciones independentistas Angoleñas.

Sin embargo esto no fue suficiente para apaciguar o redirigir el proceso revolucionario, la situación no era tan sencilla como en el período anterior a la segunda guerra mundial, marcado por el ascenso del fascismo a nivel continental, para empezar el MFA no tenía la dirección total del ejército, el partido socialista, comunista e incluso lxs maoístas del partido comunista de los trabajadores tenían poder e influencia dentro del ejército, que  incluso recibía influencia de partidos socialistas menores, como la izquierda cristiana, lxs guevaristas del partido revolucionario del proletario, trotskistas y millares de grupos izquierdistas y los gobiernos de “Frente Popular” impulsados por la dirección del MFA, eran uno más débil que el otro.

El Comando Operacional del Continente (COPCON) grupo especial del ejército, estaba influenciado totalmente por revolucionarios socialistas de distintas extracciones, a su vez el propio MFA no tenía una postura ideológica homogénea, existiendo desde liberales, nacionalistas de izquierda o socialistas democráticos a corrientes abiertamente revolucionarias.

Concretamente había 3 corrientes, una simpatizante con los socialistas  con dirigentes como Vasco Lourenço y Melo Antunes, de clara tendencia reformista, otro sector de dirección comunista, cuyo máximo exponente era  Vasco Gonçalves, militar autoidentificado como comunista, pero independiente y no afiliado al PC, esta tendencia nominalmente se decía revolucionaria pero era parte de la dirección burocrática del partido comunista portugués,  cuyo discurso hablaba de una revolución en el futuro lejano, después de un largo proceso de propaganda, similar al discurso del Kautzkismo en la segunda internacional, aunque si bien burocráticxs, también se veían presionadxs pues sus bases honestamente creían en ese discurso “formalmente revolucionario”.

Y una tercera tendencia ultra izquierdista encabezada por Otelo Saraiva de Carvalho originalmente parte del partido comunista, pero del cual se alejaría al representar a los sectores más genuinamente revolucionarios del mismo , máximo responsable de la dirección del COPCON compartida con varios partidos pequeños de izquierda radical, que abogaban por una revolución inmediata y evitar la institucionalización del proceso, pero que si bien apoyaban el proceso de poder popular, pecó de basar su fuerza en el militarismo y terminaría tomando posiciones putschistas que le alejarían de las masas y debilitarían los procesos de base.

Por si todo esto no fuera suficientemente complejo y diera dolores de cabeza a la direcciones reformistas, liberales o burocráticas, se comenzó a dar un proceso de poder popular que con el tiempo derivó en una situación de doble poder, surgiendo en las fábricas comités de trabajadorxs en más de 4000 empresas, que tras décadas de salarios de miseria y dictadura buscaban recomponer un movimiento obrero independiente y clasista, mientras que en los barrios aparecían comités de vecinxs, este movimiento popular imponía a gobiernos municipales y al propio gobierno nacional las decisiones políticas, obligando a la expropiación  o intervención de empresas, además de imponer a lxs nuevxs gerentes e interventorxs  salidos de los propios comités, ocupando tierras e imponiendo un proceso de reforma agraria en el sur del país y más tarde surgiendo comités de soldadxs que disputaban la dirección y la línea política del ejército.

Se sucedían expropiaciones de facto tanto de tierras como de fábricas, impulsadas por los comités de trabajadorxs, vecinxs y soldadxs y acompañadas por las tropas del COPCON, reeditándose una situación de doble poder similar a la que se vio en Rusia con los soviets o los consejos obreros alemanes, durante el levantamiento espartaquista. Pero a diferencia de la experiencia rusa, lo que debilitaba al movimiento popular de los comités de trabajadores, vecinxs y soldadxs, era que en el caso portugués, no contaban con una dirección nacional. Estaban demasiados dispersos e incomunicados entre sí, siendo movimientos de carácter más regional y limitado.

En muchos casos, a pesar de su radicalidad, carecían de dirección política, pudiendo únicamente dar acciones directas concretas pero incapaces de representar la base en la que erigir el poder de un nuevo estado obrero, quedando vulnerables a la cooptación por las direcciones burocráticas y reformistas, ya que el campo revolucionario, si bien numeroso, se encontraba profundamente disperso, de forma tal que lxs revolucionarixs que podrían tomar la dirección de los comités se encontraban divididxs en decenas de pequeños partidos, incapaces en su pequeñez de representar una alternativa política eficiente y más encima en su mayoría intensificarían su deriva militarista concentrando sus esfuerzxs erradamente en la conspiración y formación militar tratando al creciente movimiento  popular de las masas obrerxs y campesinas como algo secundario en su estrategia revolucionaria.

Por otro lado, Vasco Gonçalves llegaría a ocupar el puesto de primer ministro desde el tercer al quinto gobierno impulsados por el MFA, que, si bien buscaba pintarse como un revolucionario a la izquierda del partido socialista, no tomo medidas demasiado radicales hasta que sufrió un intento de golpe de estado de derecha en abril del 75, cuando como represalia de dicha intentona comenzó un proceso de nacionalizaciones en la industria, la banca y en el campo.

Aunque solo por verse obligado por las presiones de los comités y su doble poder o en el caso de la banca debido a la deuda que el sector bancario privado tenía para con el estado portugués, sumado al hecho de que los principales directores de dicha banca huyeron a Brasil. Y como represalia a la anteriormente mencionada intentona golpista o las posteriores insurrecciones civiles impulsadas por los socialistas que lo acusaban de intentar imponer el comunismo en el país y nunca como parte de una verdadera transición socialista de la economía.

Finalmente, los partidos Socialista y socialdemócrata (que contrario a su nombre eran un partido de centro liberal) lograrían imponerse con su campaña de desobediencia civil y sus apoyos dentro del MFA, entre ellxs el presidente Francisco da Costa Gomes, ex mano derecha de Spinola, quien firmaría la expulsión de Gonçalves y formaría un nuevo gobierno con mayoría de dichos partidos, los grupos de la izquierda radical revolucionaria protestarían enérgicamente contra este movimiento reaccionario, sin embargo en vez de apoyarse en el doble poder de los comités de trabajadorxs, vecinxs y soldadxs, lanzarían un intento de golpe de estado el 25 de noviembre de 1975 encabezado por el COPCON, el golpe fracaso rápidamente dando la excusa para que el nuevo gobierno disolviera la unidad y con ello destruyera cualquier influencia restante de la izquierda revolucionaria en las fuerzas armadas.

Barriera con los comités y diera marcha hacia adelante con una contrarrevolución disfrazada de llamado a elecciones hacia junio de 1976 en las que ganaría Antonio Ramalho Eanes, del derechista Partido Renovador Democrático.

El proceso revolucionario en curso terminaba, aunque la izquierda sacaría un 17% con la candidatura de Otelo Saraiva de Carvalho, bajo un frente unitario de los anteriormente dispersos partidos de la izquierda revolucionaria, llamado fuerzas de unidad popular.

Saraiva reintentaría esta plataforma de izquierdas en los 80, aunque con mucho menor éxito, ya estando desprestigiado sacando apenas un 1% de los votos y terminando por volcarse nuevamente por una estrategia militarista, formando el grupo fuerzas 25 de abril, que iniciaría una lucha armada de 7 años contra el estado portugués, antes de verse desmantelado por la represión estatal y terminando con toda la dirección, incluido Saraiva presxs.

Sin embargo el proceso no sería en vano, no pasaría sin pena ni gloria, sin dejar duradera influencia en la política y la sociedad portuguesa, sin ir más lejos las protestas y el movimiento anti austeridad de 2011 pueden ser tomadas como ecos lejanos de la revolución de los claveles, la importancia de los distintos partidos de izquierda, independientemente de su extracción ideológica también encuentran su antecedente en ella y tampoco es una coincidencia la importancia que el bloco de esquerda tiene en la política nacional, teniendo en cuenta que  el bloco,  está en parte codirigido por nuestro secretariado unificado de la 4ta internacional y que es en parte heredero de uno de los varios partidos socialistas radicales que participaron de aquella revolución, esto a pesar de todas las críticas que se le pueda hacer al bloco y sus tendencias al excesivo parlamentarismo y baja inserción social, es en toda regla un eco de aquel proceso político.

En definitiva, con sus claroscuros, sus infinitas contradicciones, los problemas tácticos de la izquierda, las miles de críticas que podamos hacer, la revolución de los claveles no deja de ser la última revolución de Europa, una revolución marcadamente antifascista y que en dicho carácter antifascista fue de las que intento ser radicalmente más profunda, marcada por una feroz lucha de clases, ciertamente es necesario hacer un balance y aprender de sus errores, como también de sus virtudes y logros.

Es además una revolución en la que se combinaron tanto las hipótesis estratégicas de llegada al poder por vía militar en una forma bastante particular, ya que recordemos el MFA no era homogéneo y había sectores revolucionarios en las fuerzas armadas, pero tampoco era como estos sectores lo planteaban un movimiento de liberación nacional en estado puro, como también se vieron elementos de hipótesis insurreccional, vía comités de trabajadorxs soldadxs y vecinos.

 Además, en el rápido   desborde de la situación y su pase de una revolución democrática a la lucha de clase  en su forma abierta, descarnada y mas brutal, con la irrupción masiva del proletariado y campesinado portugués, buscando sobrepasar las consignas meramente democraticas, amenazando directamente las instituciones, el estado y la forma de propiedad capitalista podemos encontrar un ejemplo práctico de la teoría de la revolución permanente de Trotksy, el hecho de que la revolución se frustrara y triunfara la reacción, no contradice este hecho, pues en la misma teoría de la revolución permanente, se advierte que en países no desarrollados, de no darse un rápido paso de la revolución democrática a la revolución socialista, se impondría la contrarrevolución.

Sin embargo tampoco era un escenario de crisis con colapso total del estado, como fue el escenario en la Revolución Rusa, ni tampoco fue un escenario de guerra popular o de liberación, si bien el proceso tenía elementos tanto metódicos, como de coyuntura, y condiciones previas y posteriores similares a ambos casos, si no que se asimilo más a la España de La Guerra Civil, la Italia del 48 o de inicios de los 70 o incluso al proceso popular chileno con el gobierno de Allende; incluso dándose en mayor o menor medida las condiciones que Bensaïd enumero como posibles para una colaboración en un gobierno popular, es decir 1) Crisis y ascenso de la movilización social, 2) Un gobierno que en menor o mayor medida inicio un proceso de ruptura con el orden anterior, con “incursiones  despóticas contra la propiedad privada”, reforma agraria más o menos radical y ruptura con las instituciones del salazarismo y 3) una relación de fuerzas que ocasionaba que los revolucionarios, aun dispersos y las masas sin una dirección política clara, pudieran imponer medidas al gobierno, o hacer revertir aquellas medidas que fueran impopulares, si bien esto último es debatible, puesto que el peso total de lxs revolucionarixs no era completamente decisivo. Aunque bien es cierto que esta colaboración nunca se dio, puesto que las fuerzas de izquierda revolucionarias fueron mantenidas al margen y si bien se dio un proceso a “lo Poutlanzas” de polarización política al interior del estado, no termino de concretarse una ruptura definitiva con la lógica del capital.

¡Es en suma un ejemplo para las fuerzas radicales y democráticas del mundo Que plantea muchas de las interrogantes y discusiones del debate contemporáneo al interior de las fuerzas revolucionarias, sobre el acceso al estado, la ruptura con el capital y las hipótesis estratégicas de la izquierda!