Recordamos el 50 aniversario del Mendozazo, el estallido social que frenó un aumento desmedido de las tarifas eléctricas en todo el país.

El Mendozazo o Mendocinazo se enmarca en el ciclo de «azos» que atravesó la geografía argentina durante finales de los 60 y comienzos de los 70. La bronca popular contra la dictadura instalada en 1966 -que proponía quedarse 20 años- hizo combustión en el mayo rabioso de 1969, cuando Rosario y Córdoba debieron ser militarizadas para frenar las revueltas. A partir de allí, los distintos sectores del pueblo, con sus organizaciones, sus identidades políticas y de clase tomaron las calles e hicieron volar por los aires el orden que los sectores dominantes querían imponer mediante la bota militar. Nada menos que diecinueve «azos» se contabilizaron entre 1969 y 1973.

El Mendozazo de abril de 1972 tuvo particular repercusión. Las imágenes de una provincia literalmente «incendiada» ocuparon la tapa de todos los diarios y revistas de la época. El relato de la Mendoza «siestera», «conservadora» y «moderada» se chocaba de frente contra un estallido de esa magnitud. La bronca estalló por un aumento desmedido de la tarifa eléctrica de 300%. Las boletas de la por entonces «Agua y Energía» se prendían fuego en las plazas y se multiplicaban los carteles con las consignas «No pague la luz» o «Yo no pago la luz ¿y usted?», que adornaban casas y comercios.

El 2 de abril fue la primera concentración, convocada por las Uniones Vecinales, pero el 4 estalló todo cuando la marcha convocada a Casa de Gobierno fue ferozmente reprimida. Causó un particular encono la represión que sufrieron las maestras en las puertas de su sindicato y la posterior represión con gases y balas para disolver la manifestación. A partir de allí, la ira popular se extendió como reguero de pólvora. Primero por el centro mendocino y después por los barrios populares de los departamentos de Las Heras y Guaymallén, que resistieron los intentos de ingreso del Ejército durante varios días más, con barricadas y calles oscurecidas a piedrazos. Así, Mendoza se colocaba a la vanguardia de la lucha contra un tarifazo de carácter nacional. De hecho, en San Juan, Rosario, Misiones y Córdoba también se registraron protestas por el tema, aunque ninguna escaló como en la provincia cuyana.

Durante esos días se produjeron cientos de enfrentamientos y detenciones. La dictadura engrosó la lista de asesinadxs por la represión con los nombres de Ramón Quiroga, Susana Gil de Aragón y Luis Mallea, que cayeron durante esos días. Finalmente, el Gobierno tuvo que dar marcha atrás y derogó el aumento.
Pero Mendoza ya no era la misma. El post Mendozazo implicó profundas transformaciones en el movimiento obrero, estudiantil y en las organizaciones políticas locales. Ya no sólo se discutían las tarifas sino la dictadura de conjunto, en un camino de lucha por un orden social diferente. El Gobierno enfrentaba un nuevo «plebiscito» que mostró que su gestión autoritaria en favor de la burguesía más concentrada no podía durar un año más.

Las gestas populares siempre dejan huellas indelebles que retornan aún cuando parecen borradas, como el agua que revive al río seco. En 2019 un nuevo Mendozazo, o Mendozaguazo logró frenar la arremetida de un poder económico y político que pretendía imponer la megaminería secante y contaminante en la provincia. Una vez más, el pueblo mendocino demostró que las calles son nuestras y que son el terreno fundamental para torcer decisiones arbitrarias, anti democráticas, que atentan contra nuestros ingresos, nuestra salud o patrimonio social y cultural.

Contra lxs resignadxs de ayer y de hoy: ¡Viva el Mendozazo! ¡Viva la lucha popular!