El Mecha

Hay una pregunta que me inquieta ¿cuánto falta para que «Tío Alberta» vuelva a ser un traidor lobista de Clarín y las corporaciones agrarias? A su vez me pregunto ¿cuánto falta para que, en nombre del mal menor y el «realismo pragmático», nos presenten el nuevo frente de «lo posible», encabezado por algún ex menemista, ex traidor, perdonado cien veces, y miles se sumen a militarla?

Cuando toda la política se explica a partir de liderazgos y personalidades y se dejan de lado los determinantes estructurales y el enfrentamiento inevitable entre las clases antagónicas, se puede tropezar una y mil veces con la piedra del «capitalismo bueno» y la unidad nacional. Después, te relatan la derrota con la culpa de los «de los medios», «los troskos» y algún que otro traidor, que el tiempo sabrá perdonar…

Se impone un balance urgente en el campo popular. Mientras transitamos el tercer año de impotencia política, reversa permanente, posibilismo derrotista y agachada ante la más mínima queja de los poderosos; cuando se acaba de legitimar el fraude de la deuda y se ha presentado como único camino posible entregar al FMI las riendas del gobierno, queda bastante claro que el FdT era la herramienta para derrotar a Macri en las elecciones, pero claramente NO es la herramienta para enfrentar la herencia de la gestión anterior, y mucho menos la herramienta para conseguir una distribución de la riqueza y el poder en favor de los sectores populares.

Con humildad, pero con fundamento en nuestra propia historia, lo advertimos cuando después del estallido de 2017 el peronismo salió a desactivar todo en nombre de «Hay 2019». Es que al neoliberalismo no se lo derrota en elecciones, con «voluntad política» o con jugadas maestras de «grandes cuadros» infalibles. Se lo derrota en las calles, con un pueblo movilizado contra los dueños de todo. Este es un debate importante que hemos tenido siempre con el kirchnerismo y los progresismos de oficina. Fue la rebelión popular del 2001 la que cambió la correlación de fuerzas, no la voluntad de Néstor y Cristina. En todo caso, ellxs supieron leer la situación. Y no para vencer, sino para contener.

La democracia representativa está nuevamente en crisis porque la lógica «ciega» de los mercados se impone ante un poder político impotente. No se puede tocar a los ricos porque la furia de «los mercados» desata o desataría grandes catástrofes, dicen. No queda otra que legalizar la estafa Cambiemos/FMI porque «los mercados» se enojarán con Argentina, justifican. No se puede, la ley de humedales, no se puede ley de alquileres, no se puede, no se puede, no se puede… Quizás, no se quiere. Ninguna transformación que beneficie a lxs de abajo se obtuvo mediante el diálogo con los ricos y poderosos.

Cuando todo un arco enorme de antiguos críticos del kirchnerismo se terminó de integrar en un frente dirigido por el PJ y sus variantes, se auto condenaron a la parálisis y el justificacionismo. Ahí están empantanados todavía. Han impuesto a sus bases la tolerancia de lo intolerable. ¿Y qué obtuvieron, cuatro o cinco cargos? El pueblo, poco. Y a su manera lo hizo saber en las legislativas del año pasado. Cuando todos se tapaban los ojos, Cristina lo supo leer y dejó a todos los justificadores en offside. Pregunto ¿por cuánto menos hubieran salido si gobernaba el gato? Mientras, se consuma el período más largo de pérdida de salarios desde el regreso a la democracia. La pobreza ya supera el 40% de la población y pronto vamos a estar rogando «volver al pan», porque el asado… no volvió más.

Lo dije una y mil veces: sólo confío en los pueblos. Sé que en las entrañas de las resistencias se gesta la semilla del futuro que anhelamos. También sé que de la «prágmática» y «realista» conciliación con nuestros verdugos no saldrá nunca la patria que queremos. Es hora de hacer balances. Y de poder hacer jugadas tácticas sin sacrificar siempre la construcción estratégica de un frente político de lxs de abajo, sin tutelaje de ninguna fuerza de nuestros enemigos de clase. Salud.