El Mecha

Y después de una semana de alta tensión (¿o alta teatralización?), finalmente hubo acuerdo con el FMI. «Sin acuerdo, no teníamos un horizonte de futuro», afirmó el Presidente. Y sostuvo que el mismo «no restringe, no limita ni condiciona, los derechos de nuestros jubilados que recuperamos en el año 2020. No nos obliga a una reforma laboral…No nos impone llegar a un déficit cero», y casi no impone nada, parece. Por eso para el ministro Guzmán se trata de un entendimiento «razonable», en la medida que no se cedió ante las presiones del organismo por imponer las mismas recetas de siempre. Porque al final el Fondo nunca «cambió». Esta pulseada y «durísima» negociación fue presentada como una suerte de victoria. Y quizá pueda ser leído así. Pero no fue una victoria de David contra Goliat, sino más bien se parece a la última corrida que el gato permite dar al ratón acorralado, cuando sabe que sólo es cuestión de tiempo, pero ya está de hecho en sus fauces. Quizá el FMI hubiera preferido hacerlo de otra manera, e incluso este respiro no sea poca cosa, al fin de cuentas cada segundo vale. Pero eso pronto será una anécdota. El Fondo ya está adentro, el cogobierno será legal a partir de su aprobación en el congreso. Y desde el organismo saben que lo que dejaron pasar hoy lo impondrán mañana, con una deuda que es impagable y que acabamos de reconocer completa.

Nos tienen de pies y manos. ¡Diez revisiones en dos años! A rendir exámenes cada tres meses ¿Qué tan doloroso será cumplir con los deberes?

Es verdad, este gobierno no tiene toda la responsabilidad. El endeudamiento desmesurado y el retorno al FMI sucedieron durante la nefasta gestión de Cambiemos. El Messi de las finanzas, como lo llamaban a Luis «Toto» Caputo, hizo una jugada maravillosa. Solo que para el equipo contrario. Una jugada que, además, dejó una herencia de largo plazo ¿Se acuerdan de la deuda a 100 años? El FMI le otorgó a Macri un préstamo impagable y de un volumen inédito en la historia del organismo. En el mundo de la política se dice que fue para pagarle la campaña al expresidente. Y puede ser, pero hay más. En realidad, lo que lograron es que ganase quien ganase, gobernara el Fondo y sus socios locales. Por eso, mucho antes del acuerdo y de todo este show, el gobierno debería haber construido las relaciones de fuerza necesarias para denunciar el carácter fraudulento de la deuda y suspender los pagos hasta que se investigara qué se hizo con el dinero prestado (Ya sabemos, la fugaron toda). En cambio, ahora, el gobierno termina de darle legalidad a la estafa. Y con ello acaba de echar una palada de tierra más a las promesas de cambiar el rumbo, y de allanar el camino para el regreso de quienes dejaron el huevo de la serpiente. Con total coherencia, Juntos Por el Cambio no tardó demasiado en emitir un corto comunicado dónde celebra el principio de acuerdo.

«Hoy tenemos niveles de pobreza inaceptables en la Argentina y para eso es este acuerdo», dijo esta mañana el Jefe de Gabinete, Juan «Volumen Político» Manzur, entre la euforia y el acto fallido. Ni el 40% de pobreza, ni la devaluación salarial inédita en democracia son puntos que vayan a resolver un acuerdo con el Fondo, eso lo sabemos. Pero sí eran promesas y estaba en las expectativas populares cuando votaron al FdT. Hoy el asado se alejó un poco más, todavía.

Cuando los que votan son los «mercados», pierde la democracia, pierde el pueblo trabajador. Podrán encontrar mil justificativos, de las relaciones de fuerza, las elecciones de medio término, el default o lo que sea. Pero hoy perdimos, y las cosas hay que llamarlas por su nombre. El pueblo No votó al FMI. Y para vivir dignamente tendremos que salir a enfrentarlo. Y ahí se verá quién es quién.

¡Fuera el FMI de Argentina!

¡Las Estafas No se Pagan!