J. Vergara desde Chile

El día domingo 19 se llevaron a cabo las elecciones en Chile, la segunda vuelta presidencial entre Boric y Kast, terminó con un aplastante triunfo del primero, candidato del pacto Apruebo Dignidad, con 11 puntos porcentuales de diferencia.

Algunos datos relevantes le dan una alta legitimidad a este resultado:

El primer dato es que la participación electoral fue la mayor desde que las elecciones son de inscripción automática y voto voluntario, incluso rompiendo el récord que significara el Plebiscito del Apruebo de octubre del año pasado, a pesar del burdo boicot llevado adelante por el gobierno a través del ministerio de transporte al tener parados cientos de unidades del transporte público en un día tan concurrido. Las denuncias de falta de “micros” fueron reiteradas en la jornada a través de medios de comunicación en terreno y por las redes sociales. La ministra de transporte salió primero a negar todo y luego a pedir disculpas. Interesante en este sentido fue la organización espontánea de apoyo que surgió al calor de la necesidad de acercarse a los centros de votación, poniendo a disposición transporte privado de forma gratuita, como por ejemplo Transportes por Boric.

Otro dato es que Boric resultó ser el presidente más votado en la historia de Chile.

Estos datos no pueden ser leídos de forma unidireccional, ya hablamos de esto en una nota anterior, el voto a Boric no refleja un apoyo directo e irrestricto, sino que en él confluyeron también votos tácticos. En la misma jornada se expresaron voces planteando un voto anti Kast, mayoritariamente desde la izquierda, pero también un porcentaje lo hizo desde una centro derecha para la que Kast representaba un límite (debemos decir que también existió en menor medida un fenómeno parecido hacia el otro lado, donde votaron con recelo a Kast para que no saliera Boric). En este sentido el apoyo a Boric no es homogéneo, sin embargo,  la contundente legitimidad del resultado contra las lógicas retrógradas, contra la política privatista, extractivista y del enriquecimiento individual, contra la xenofobia, el racismo y la misoginia, contra el homo-lesbo-trans odio, da respaldo a la profundización de políticas beneficiosas para las clases trabajadoras, tanto en la Convención Constituyente, como a los aspectos más progresivos del programa de Apruebo Dignidad[1]. El triunfo de Boric significa un escenario mucho más favorable para una salida progresiva de la revuelta social.

En su discurso de triunfo realizado el domingo por la tarde, refiriéndose a todxs lxs otrxs candidatxs y sus partidos, Boric expresó: “Sé que más allá de las diferencias que tenemos, en particular con José Antonio Kast, sabremos construir puentes entre nosotros para que nuestros compatriotas puedan vivir mejor. Porque lo que si nos une es el amor a Chile y su gente.” Y más adelante afirmó que “desestabilizar las instituciones democráticas conduce directamente al reino del abuso, la ley de la selva, y el sufrimiento y desamparo de los más débiles. Vamos a cuidar la democracia, cada día, todos los días. Que los avances, para ser sólidos, requieren ser fruto de acuerdos amplios. Y que para durar, deben ser siempre peldaño a peldaño, graduales, para no desbarrancar ni arriesgar lo que cada familia ha logrado con su esfuerzo.” Quizá este discurso conciliador lo hemos escuchado demasiadas veces y leemos en él la semilla de futuras vacilaciones y la lógica de pretender transformar el modelo a través de reformas pacíficas y graduales, objetivo ya demostrado imposible reiteradas veces en la historia.

Este debate se vuelve más actual en el marco de los intentos de recomposición del capitalismo en general y de sostenimiento del modelo extractivo en particular. Los organismos de crédito internacional junto a las burguesías de las potencias en pugna, frente a la crisis energética y del sostenimiento de la vida (acceso al agua, por ejemplo) buscan imponer el recorte de derechos de las clases trabajadoras, expandir las zonas de sacrificio profundizando el modelo extractivo y ampliar su margen de ganancias. El TPP-11[2] en Chile es un ejemplo claro de dicha política, tratado que Piñera busca aprobar ya hace bastante, para su beneficio antes de que se apruebe una nueva Constitución, y que condena a Chile a sostener su lugar subordinado en la economía mundial y ceder aún más soberanía a corporaciones privadas. Cabe ponernos frente al escenario más tenso a la vez que el más probable, donde Piñera seguramente buscará aprobar diversas leyes, medidas y decretos previos a dejar su mandato (las próximas semanas serán esclarecedoras en este sentido y debemos estar atentxs), con un nuevo gobierno (sobre el que también está por verse la final constitución de su gabinete) y las esperables presiones por derecha, a la vez que el proceso sigue avanzando en la Constituyente, la movilización social vigente y las expectativas del pueblo que sentó su posición en los últimos comicios probablemente en alza, con un parlamento sin mayorías aseguradas, serán condiciones del nuevo gobierno. Una lógica conciliadora en tal contexto estaría probablemente destinada a fracasar, y sin pretender una política sectaria e irresponsable, sería perjudicial no dar pasos firmes en los terrenos donde sin tocar intereses no hay trasformación posible: sistema previsional, sistema impositivo, estructura productiva y de propiedad de la tierra, todos lugares claves para poder desarrollar efectivamente políticas públicas para salud, educación, vivienda, políticas de género, culturales, entre otras, para el conjunto de los pueblos que habitan el territorio. Boric asume además con la deuda de los presxs políticxs de la revuelta, y aquellxs procesadxs por la Ley de Seguridad del Estado, su reconocimiento y la necesaria reparación, son una respuesta insoslayable para un sector importante del pueblo, así como la justicia sobre los hechos de abuso, violencia y asesinato por parte de las fuerzas de seguridad durante la revuelta. En las celebraciones por el triunfo de este domingo, la consigna de “liberar, liberar a lxs presxs por luchar” estuvo presente en los cánticos que inundaron las calles con bastante fuerza.

En este contexto de contraofensiva de las clases dominantes, el peso de la Convención Constitucional[3] debe profundizarse y los debates que en ella se llevan a cabo expandirse mucho más en la sociedad, ampliando el proceso constituyente en general. Cuando votemos en plebiscito de salida la nueva constitución, será fundamental hacerlo con un conocimiento lo más extendido posible de su contenido, no sólo para votar a consciencia, sino, y más importante, para defenderla. Sabemos que habrá resistencia por parte de sus detractores durante y después. Además es fundamental para que realmente atienda al programa del pueblo. Ahí es donde reside la batalla más trascendente de este ciclo, las elecciones de ayer fueron un paso importante y una reconfirmación de la senda trazada por la revuelta. Una nueva constitución que eche por tierra el modelo neoliberal instaurado por la dictadura, mantenido y profundizado por los gobiernos posteriores, abriría verdaderamente un nuevo horizonte donde una sociedad justa y libre pueda construirse.


[1] Propuesta Programática | Boric Presidente

[2] Todo lo que siempre quiso saber sobre el TPP-11 (pero nunca se atrevió a preguntar) – CIPER Chile

[3] Convención Constitucional (chileconvencion.cl), Convención Constitucional – Participación Popular (chileconvencion.cl)