Este domingo 19 de diciembre, se dirime en Chile la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Un evento de gran relevancia para el país trasandino y para toda Nuestra América, en la medida que se definirá entre un candidato de ultra derecha, José Antonio Kast, un abierto pinochetista que ha manifestado su admiración por los modelos de Trump y Bolsonaro, y Gabriel Boric, un joven de 35 años que hizo su carrera política en las movilizaciones por la gratuidad de la educación en 2011 y fue uno de los fundadores del espacio de centro izquierda Frente Amplio.

La Rebelión iniciada en octubre del 2019, entre otras cosas, sepultó a los partidos tradicionales surgidos de la post dictadura y suprimió el centro político. Es por ello la polarización en estos comicios se expresó de manera tan nítida. Hasta el derechista Piñera ha quedado (discursivamente) como un moderado frente a la brutalidad de Kast, que llegó al punto de sugerir que no debían votar las mujeres, en el marco de un repertorio facistoide que incluye toda la parafernalia anti derechos, anti inmigrantes, anti comunista y pro dictadura.

La primera vuelta, con una dispersión muy importante del electorado, favoreció al candidato derechista, con un 27,9%, frente al 25% que obtuvo Boric. Pero, además, se repitió un escenario de una muy amplia abstención: 54% (en Chile el voto no es obligatorio). En días posteriores a los comicios circulaba un gráfico que mostraba la división espacial de la abstención e ilustraba cómo era mucho más intensa en los barrios periféricos del Gran Santiago, mientras que en la zona más acomodadas -Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea- la participación había sido mucho más alta.

La Contra Rebelión, la reacción, tiene su candidato. Kast los representa 100%. El problema es que la Rebelión, con toda su complejidad no consiguió construirlo (¿aun?). Boric la representa parcialmente y esto se evidenció muy fuerte en la diferencia que hubo entre el apoyo a su candidatura frente a los resultados del referéndum para reformar la constitución. Aún así, si no resulta imprescindible que gane Boric, sí que pierda Kast. Un triunfo del ultraderechista sería un duro golpe político y simbólico, en un país que ha vivido la Rebelión más importante de la última década en Nuestra América. Una Rebelión que sin duda no se ha extinguido y que marcará al vecino país, al menos por la próxima década. También por ello resulta importante el triunfo de Boric.

Desde luego no estamos allí, y seguro a la distancia se nos escapan complejidades, pero este domingo es fundamental romper el abstencionismo y las dudas y salir a votar masivamente por Boric. No por confianza, sino por supervivencia, por necesidad. Porque al fascismo se lo combate en todos los terrenos. El Chile Digno no depende de las elecciones, ni de un triunfo de Boric, pero el terreno más fértil para continuar su lucha puede jugarse mucho en lo que suceda este 19 de diciembre.

¡Libertad a lxs presxs de la Revuelta!

¡Viva la Rebelión de Octubre!