J. Vergara desde Chile

Este domingo 19 de diciembre hay segunda vuelta en Chile. A dos años del estallido social y  con el proceso aún abierto, en medio del debate constituyente, la primera vuelta nos dejó un escenario polarizado, en un contexto de altísima abstención (54%) e incertidumbre. Ganaba Kast, el candidato de la derecha más rancia, con un 28%, y perdía Boric, la opción que logró agrupar el progresismo y gran parte de las fuerzas políticas que reivindican el estallido y la Convención Constitucional en el pacto Apruebo Dignidad, con un 25%. En una impresión inmediata, el resultado de la primera vuelta pareció contradictorio e inesperado y la pregunta ¿qué pasó?, rondaba por las calles, sobremesas y reuniones a lo largo del territorio.

Sin embargo, a la luz de algunos datos más finos, no parece tan extraño.  No sólo el votante de derecha es disciplinado y acude a ejercer el voto (los niveles de participación en las comunas más acomodadas lo demuestran), en general hay mayor abstención en los sectores más empobrecidos, donde reina el descreimiento y la desconfianza en las elecciones de una democracia que, hasta hoy, los tuvo siempre perdedores, gobierno tras gobierno. En las otras opciones que participaron de la primera vuelta se disgregaron tanto votos que irían a Kast como a Boric, y en algunos casos, como el universo de votantes de Parisi, es difícil discernir qué harán ahora la mayoría de ellxs. Es deseable y factible que para este domingo 19 aumente en algunos puntos porcentuales la participación electoral, es probable que en ese margen, la balanza se incline más hacia el pacto de Apruebo Dignidad.*

El nuevo escenario ha hecho que la creatividad popular aflore de diversas maneras, y las expresiones de apoyo a Boric se han multiplicado paralelamente al pacto Apruebo Dignidad y superándolo, con un apoyo amplio (en sentido de contener a sectores diversos, están por verse los alcances cuantitativos) para derrotar a Kast, conteniendo tácticas varias, desde quienes sinceramente consideran a Boric su candidato, hasta quienes lo ven sólo como una forma de evitar el ascenso de la derecha. Desde el anuncio mismo de los resultados de la primera vuelta, las redes fueron epicentro de una masiva y espontanea campaña anti Kast y anti fascista, preludio apenas de cientos de iniciativas organizativas, asambleas feministas, comandos territoriales y encuentros comunales a lo largo del territorio que mostraron los reflejos para levantar la guardia y no dar nada por perdido.

Por su lado, la campaña de la derecha en esta segunda vuelta se ha apoyado mucho en intentar lavarle la cara a las expresiones más retrógradas de su candidatura, cambiando, aunque no de forma sustancial, el programa y saliendo a defender la “tolerancia” hacia sectores que han sido atacados por ellxs de forma violenta, como las disidencias y las mujeres. A su vez, las “fake news” y las mentiras descaradas inundan su propaganda, tanto como la campaña del terror sobre la inminencia de la “dictadura comunista” y la “dictadura de la ideología de género”, fantasmas viejos y nuevos que hacen mella sin dudas entre las filas de la propia clase trabajadora, de la mano de las instituciones religiosas que junto a los medios masivos disparan una campaña furiosa, tratando de apelar a esos valores conservadores que ellos mismos instalaron durante décadas.

Al mundo le suena conocido, claro, Kast pertenece, con sus matices, a la misma ola que Trump y Bolsonaro. Las clases dominantes tienen claro que si no se avanza, se retrocede, que si ceden, su contraparte verá un horizonte más prometedor y querrá avanzar. En Chile, en un contexto de crisis económica, que en este sistema agudiza las injusticias contra las que los pueblos a lo largo del territorio se levantaron en octubre de 2019, la urgencia de las clases dominantes es evidente: impedir avances significativos tanto en derechos sociales como en reformas democratizadoras de la política y la institucionalidad de Chile, así como incluso, retroceder en estos mismos aspectos. Sus ostentosos privilegios y su impunidad podrían verse amenazados seriamente si permiten un encadenamiento de victorias populares. Deben garantizar el control de daños y perder lo menos posible. Saben, porque son poder incuestionado hace mucho, que cada victoria popular puede espolear la confianza del pueblo en sí mismo, demuestra cuánto vale pelear y reaviva los ánimos de la rebelión. Saben que los triunfos y las derrotas van haciendo una nueva correlación de fuerzas. La rebelión impuso un cambio efectivo en este sentido, pero aún no duradero, unos peldaños más arriba para el pueblo. Lo que se ganó aún se puede perder, y Kast es la carta de la contra ofensiva. Esto se les hace más imperante aun cuando el escenario se repite en la región y en el mundo, porque octubre del ’19 no estuvo ni está solo.

Orden y Paz, son palabras que se repiten como un mantra en el discurso de Kast, entre ideas útiles, pero vacías, como la de justicia social para “darle al que no tiene lo que corresponde” e igualdad asegurando que “acá cabemos todos” y que debemos salir con fuerza a “defender la libertad. Sin miedo”. Se dirige a su clase, todo muy medido y calculado. Propone “salvarnos” de la migración, del narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia, titulares mediáticos  que intentan tapar y negar las profundas causas del estallido, desviando la atención de los problemas más importantes del pueblo, de una desigualdad brutal de la que son beneficiaros ellxs mismxs. Con una sonrisa cargada de cinismo, afirma: “Queremos ir al país desarrollado al que íbamos antes de la violencia y la pandemia” y al ladito declara que a las fuerzas armadas se les dará “el respeto que se merecen”, y a nosotrxs se nos agolpan en la memoria todas las palizas, abusos, violaciones, mutilaciones, asesinatos, las imágenes mil veces reproducidas, pruebas fehacientes de la realidad. Ese respeto del que habla Kast, no niega esa realidad, la avala y la justifica. Son sus métodos, en sus libros el monopolio de la violencia es la respuesta correcta.

Acá no sólo estamos discutiendo con un discurso “intolerante”, sino con un discurso frontal de reacción anti popular, un discurso clasista de crisis, aferrado a sus interesas con uñas y dientes. Para muestra, basta un botón: Kast es un empresario que en un contexto de crisis hídrica, conserva derechos de agua que su familia se adjudicó en dictadura, y que sobrepasan el consumo diario de cien mil personas**. Tras la pantomima “moralista” de buenos cristianos, está la verdad más burda: negocio a costa del sudor ajeno. Ya lo dijo en sus palabras triunfales en primera vuelta: “Todos necesitamos hacer sacrificios”, y se refería a nosotrxs. La propuesta ya tan reiterada de achicar el estado, volver a los mercados y bajar los impuestos para lxs supuestxs “patriotas” que quieren el “crecimiento” para Chile, es sólo una forma de desdibujar que lo que esperan son regalías del estado, salvatajes y leyes acordes a las necesidades de sus negocios. Más que achicarlo, es hacer eficiente su función de clase.

Su discurso y su proyecto son muy actuales, habla contra el “comunismo” hoy porque el estallido y la Convención Constitucional existen hoy y son un peligro cierto para ellxs. Quieren retroceder en derechos concretos y simbólicos no por una nostalgia de un pasado conservador, sino por una necesidad concreta e inminente de salvar el capitalismo. Esto sólo indica la vigencia de una disputa que muchxs ubican en el pasado, la lucha de clases no ha muerto, y hoy nos enfrentamos a una batalla importante en ella, y necesitamos enfrentarla en las urnas, en las calles, en todas partes.

¿Y Boric? Es evidente que Boric no expresa genuinamente las aspiraciones de la rebelión, y de hecho su papel durante la rebelión fue lamentable. Pero en este momento, ante la encrucijada puede servir para al menos algunos puntos importantes: en primer lugar es la única vía en el terreno electoral, al día de hoy, para frenar la virulenta contraofensiva reaccionaria que de ganar las elecciones no solo tendría el poder ejecutivo a disposición renovada y radicalizada, sino que podría significar un duro golpe a la moral de lucha, tras tantos sacrificios que el pueblo hizo en estos dos años. Aunque no puede descartar que de ganar la derecha se reanude la rebelión o se reavive, las condiciones serían durísimas. Mientras que incluso con la desconfianza sobre Boric, más que justificada, éste no parece un posible conductor de la más cruda reacción, sería un vuelco muy grande. En otro plano, parece previsible que Boric no obstaculizaría el camino de la Convención Constituyente y sus resultados, aunque no se puede descartar completamente por sus maniobras previas y sus lazos con la misma Concertación, llega montado en una campaña y en un frente que levantan las principales reivindicaciones programáticas de la rebelión. Un giro contrario sería difícil de sostener. De alguna manera Boric puede ser freno de la reacción, una maniobra defensiva, mientras uno de los elementos emergentes más importantes de la rebelión gana tiempo para llegar a término, tal vez cristalizando un cambio en la correlación de fuerzas de conjunto más duradero. Es una posibilidad, y sin depositar todas las aspiraciones de la rebelión en la reforma constitucional, una constitución de avanzada puede ser un factor de muchísimo peso en favor del pueblo por muchos años, y ser motivo de siguientes confrontaciones de clases.  

De nuestro lado están todas las propuestas del estallido, están los derechos que sabemos que nos faltan y por los que estamos peleando. Están la Convención, que debemos defender con uñas y dientes, con calle y con votos, donde logramos mayorías. Por eso el domingo necesitamos detener a la derecha que ya le declaró la guerra a nuestra lucha hace rato y con la que el contexto se vuelve mucho más hostil. El día de ayer, falleció a las 99 años la viuda de Pinochet, que se enriqueció ilícitamente y denigró al pueblo una y mil veces, muere en impunidad, sin embargo no deja de ser un hecho que muchxs lo vivieron como un acontecer simbólico a tres días de las elecciones. Esperamos que este hecho simbólico sea la antesala del siguiente paso en la victoria popular contra lxs que se creen dueñxs de la vida y la muerte.


Notas

*Lejos de la casa y el árbol. Factores comunales de los resultados electorales de Apruebo Dignidad. Parte 2 – ROSA una revista de izquierda (revistarosa.cl)

**Familia Kast posee derechos de agua equivalentes al consumo diario de 100 mil personas | Interferencia

Gracias a los aportes de lxs compañerxs siempre presentes.