por Proyecto Político Emancipatorio

La derrota del Frente de Todos en las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) fueron una sorpresa para el elenco gobernante. En una campaña signada por la falta de discusión de temas trascendentales y la apatía de grandes sectores de la población, emergió como novedad un voto castigo al curso de ajuste del gobierno nacional, que se expresó en una baja récord de la participación electoral, el crecimiento del voto nulo y en blanco, una mejora del FIT (respecto a 2017 pero no superior al máximo alcanzado en 2013) y la irrupción de la ultraderecha con fuerza en la Ciudad de Buenos Aires. Por su lado, la derecha agrupada en Juntos por el Cambio revalidó su techo de votos de 2019, sin nuevos avances. El claro ganador de la elección no se presentó a elecciones, pero si era candidato de todas las listas. El “partido” del FMI cosechó más del 90% de los votos entre las listas que propugnan una u otra versión de un acuerdo que promete sellar el destino de la próxima década y solidificar el mayor legado macrista: el pago de una deuda ilegítima e ilegal.

La coalición de gobierno en crisis

La derrota electoral del gobierno fue también una crisis institucional y política. La negativa de Alberto Fernández a realizar cambios en el gabinete dio paso a una ofensiva pública que se inició con la presentación de renuncias de ministrxs y funcionarixs de segundo y tercer nivel, todxs ligados al kirchnerismo. Alberto Fernandez se sostuvo frente a la ofensiva de quien fuera su electora y reorganizó un gabinete de signo pejotista, conservador y con mayor peso de “los gobernadores”, núcleo irreductible que resistió siempre a la kirchnerización de Partido Justicialista. La figura más importante de este recambio fue Juan Manzur, un cristiano aliado de los sectores antiderechos que obligó a una niña de 11 años a parir. Además, aportó los votos en la Cámara de Diputadxs para que se aprobara la reforma jubilatoria de Macri, impugnada por miles en las calles que fuimos fuertemente reprimidxs y gaseadxs. Este nombramiento fue también avalado, vía carta, por Cristina Fernández de Kirchner. La líder de la primera minoría de la coalición de gobierno reconoció que durante meses se venía llevando adelante un ajuste fiscal, basándose en el déficit presupuestario que no fue gastado. Y a renglón seguido intentó despegarse de ello argumentando que en 18 reuniones advirtió este rumbo. Sin embargo, la casi veintena de reuniones, mediada por el ruido de las urnas, tuvo un evidente resultado: Manzur al gobierno, el FMI y el ajuste, al poder

La salida que escenificó el Frente de Todos a su crisis fue la puesta en marcha de una serie de planes y medidas económicas que prometía ayudar a los sectores más golpeados por la crisis y la pandemia, efectivamente gastando el mencionado 2,4% del PBI proyectado en el presupuesto, reclamado por Cristina y celosamente guardado por Guzmán. La apuesta a una ayuda de corto plazo mientras se espera un rebote económico en comparación con 2020, donde la caída de la actividad económica fue apabullante, fue el camino anunciado. Sin embargo, las medidas tomadas en el casi mes y medio entre las PASO y las elecciones generales no llegó ni a un quinto de lo presupuestado: diversas consultoras calculan que el gasto efectivo fue entre 0,1% y 0,5% del PBI. El sobrecumplimiento de la meta de gasto es, sin dudas, una señal clara al Fondo Monetario Internacional por parte del ministro y el Presidente, que apuestan a cerrar un acuerdo en marzo para despejar el cronograma pautado por el macrismo, algo verdaderamente imposible de efectivizar, aún sin pandemia.

Las derechas sin bozal

La victoria nacional de Juntos por el Cambio, sumado al ascenso de la figura del ultraderechista Javier Milei en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue leído por ambos sectores como una oportunidad para avanzar públicamente sobre sus medidas más importantes. En los últimos días el macrismo ha desplegado el programa del gran capital en todas sus dimensiones, haciendo públicas sus intenciones de eliminar las restricciones al despido y las indemnizaciones, así como la privatización de empresas estatales, la baja de aranceles a importaciones y exportaciones, entre otras medidas. Un verdadero plan de shock económico ultraliberal que ataca frontalmente a la clase trabajadora ocupada, profundiza la precarización y la flexibilización laboral. Al mismo tiempo, plantean el fin de los subsidios a los servicios públicos y la eliminación de los planes sociales, marginado aún más a millones de trabajadorxs no ocupados formalmente, pero que hoy en día cumplen una contraprestación por el plan social recibido, que configura una verdadera red de contención en una economía con más del 40% de pobreza. En buena medida, la posibilidad de atravesar la pandemia para quienes viven en los barrios populares de todo el país se debió a la existencia de organizaciones sociales que sostienen la vida comunitaria, en redes de comedores, espacios de cuidado de niñxs, de enseñanza y de refugio y combate a la violencia de género.

El espacio de la ultraderecha de Milei y Espert (su homónimo en territorio bonaerense) adhiere a todo lo expresado por Juntos por el Cambio y va aún por más. Sus declaraciones y sus programas apuntan a quebrar la organización gremial, restringir al mínimo el derecho de huelga y hacer del conflicto laboral un problema policial y penal, amenazando con cárcel a quienes encabecen medidas de lucha, tanto en ámbitos de trabajo como en las calles. En los últimos días, también han dado señales claras a Juntos por el Cambio de su deseo de una alianza electoral, al menos con los sectores mas abiertamente represores, como Patricia Bullrich y el propio Macri. Esta “unidad” es la deseada por los sectores mas concentrados del capital, que esperan, crisis mediante, imponer el programa detenido por la movilización popular en diciembre de 2017.

La oportunidad del FIT-U

El crecimiento del FIT es importante, especialmente comparándolo con su elección de 2019. Sin embargo, el resultado de las PASO aún se encuentra por debajo de su techo, alcanzado en el año 2013. La crisis abierta en el peronismo gobernante representa una posibilidad real de disputar bases sociales que históricamente le han sido esquivas. Sin embargo, el crecimiento del voto en blanco, nulo y de la abstención electoral parece indicar que el descontento no se canaliza vía el FIT-U, salvo en Jujuy. La pérdida de 2,5 millones de votos que sufrió el peronismo gobernante debería ser terreno fértil para la izquierda, que hoy no parece en condiciones de poder hacerse con algún porcentaje significativo de esa masa que expresó un rechazo al ajuste y las políticas del gobierno. A las puertas de un acuerdo con FMI que va a endeudar a generaciones, que pretende el ajuste más brutal, sostenemos que es importante la existencia de un bloque de diputadxs que denuncie el ajuste y contribuya a organizar la resistencia.

Nuevas alternativas para nuevos escenarios

En éstas elecciones sigue pendiente una propuesta que represente un verdadero proyecto político Emancipador, ni posibilista ni sectario. Un proyecto popular plurinacional, latinoamericanista y antiimperialista, feminista y antipatriarcal, ecologista, anticapitalista y por el socialismo.

Ante una corporación política donde unos sostienen y otros pretenden avanzar aún más con el modelo de dependencia y coloniaje impuesto por el capital financiero, el libre comercio y las multinacionales del extractivismo, cómplices y responsables de la dependencia, el saqueo, la desigualdad, el deterioro social y ambiental entre otros que sufrimos como pueblo, en éstas elecciones optamos por aquellas compañeras y compañeros con quienes nos encontramos en cada lucha popular, por quienes impulsen la suspensión del pago al FMI, la defensa irrestricta de nuestros bienes comunes, la erradicación de la violencia machista, una renta básica de emergencia y la reducción de la jornada laboral, que defenderán los derechos de los y las trabajadoras, la soberanía, el cuidado de la naturaleza y los derechos de los pueblos originarios.

Por ello convocamos a votar a las listas donde se encuentran espacios y compañeres que militan en el Proyecto Político Emancipatorio, como son las de Carlos Del Frade de Soberanía Popular en Santa Fe, Paolo Etchepareborda del Partido Socialista de Río Negro (integrada también por el compañero mapuche Fernando Nahuelpan), la de la compañera ambientalista Sandra Ferrero del Partido Socialista de Neuquén. Asimismo apoyamos las listas encabezadas por Myrian Bregman en CABA, Nicolás del Caño en la Provincia de Buenos Aires y Alejandro Vilca en Jujuy, pertenecientes al FIT-U y que pueden ocupar bancas en el próximo congreso. Y en el resto del país llamamos a votar a candidaturas que impulsen lo más urgente de una agenda política emancipatoria arriba mencionada.

Mientras tanto, sigue siendo urgente y necesario la construcción de un gran espacio emancipador que dispute en todos los ámbitos de lucha, incluido el electoral. Reafirmamos la importancia de construir una organización que promueva la unión del conjunto de los colectivos políticos, sociales, de géneros y diversidades, culturales, ambientales y de los pueblos originarios que resisten y plantean una agenda de futuro; una gran fuerza unitaria que desde una perspectiva de izquierda promueva el protagonismo popular, de todxs lxs trabajadorxs, una organización frentista plural ecosocialista feminista y disidente, honestamente democrática, autogestionaria e inclusiva.