Por Camilo Napalpi

La carta de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que hizo pública luego de la dura derrota del Frente de Todos en las PASO, parecía que apuntaba sus críticas al rumbo que había tomado la economía. En uno de sus párrafos más destacados dice:

“También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales”.

Este “sincera-miento” publico de la figura más importante del Frente político gobernante, no sólo que explicita el AJUSTE, como ya veníamos indicando muchas fuerzas sociales y políticas, sino que además pone en evidencia, sin quererlo, la caracterización de la estrategia del posibilismo y sus límites estructurales de transformar el carácter dependiente del Capitalismo en Argentina.

Es por ello que los cambios en los ministerios terminaron siendo un corrimiento hacia la derecha pejotista. Más bien parece una intervención directa del “Partido del Orden” (el PJ) para apuntalar políticamente el ahora vapuleado y tambaleante FdT. Pero lo que hay que resaltar que ninguno aparentemente significaría tocar nada del gabinete en lo económico. Pareciera que el ministro de Kristalina Georgieva, como lo caracterizó la diputada Vallejos en el audio que se filtró públicamente, no se toca ¿Porque pondría en duda los acuerdos con el FMI? Seguramente esos acuerdos, que se conocen extraoficialmente, configurarán la política y destino económico de los próximos 20 años. Y que se pueden traducir a partir de una interpretación del significado del proyecto de ley de hidrocarburos que anunció, la semana pasada, el presidente de la Nación junto a los ministros cuestionados, por el ala Cristinista. Esta ley plantea principalmente garantizar por 20 años tratamientos diferenciales tributarios, arancelarios y cambiarios para las empresas extractivistas de gas y petróleo. El anuncio estuvo acompañado y celebrado por un importante público de multimillonarios empresarios del sector como Marcelo Mindlin de Pampa Energía, Marcos Bulgheroni de Pan American Energy, Sean Rooney de Shell y Carlos Seijo de Total. Además del sindicalista Guillermo Pereyra, conocido por aceptar condiciones de flexibilización y precarización laboral en el sector, que han deteriorado abruptamente las condiciones de trabajo en el rubro.

Esta política es un correlato del acuerdo con el FMI, que condiciona la estrategia de desarrollo del país, y reafirma el perfil extractivista y dependiente. Pues el objetivo declamado no es solo la “soberanía” energética, sino producir un excedente de exportación para seguir brindando energía disponible para el desarrollo de las grande potencias Capitalistas, y por otro lado ingresar los dólares necesarios para cubrir la sangría que produce la fuga y el pago de intereses del endeudamiento público. Muchos de esos dólares son los que se llevará el acuerdo con el FMI, de los miles de millones a los que comprometió el gobierno de Macri, a pesar de que nunca se realizó una investigación de a donde fueron y como se usaron.

Si buscamos en la historia económica de nuestro país, no es difícil deducir que ese endeudamiento se convierte en una especie de espada de Damocles sobre toda la economía, convirtiéndose en un círculo de re-financiamiento eterno, por el cuál siempre quedamos atados a la calesita de la dependencia externa. Así el Imperialismo se sirve de un mecanismo de dominación económica perfecto y permanente. Por otro lado el pueblo sufre un ajuste permanente y continuado, forzado a resignarse a un futuro austero y paupérrimo, sin posibilidades de resolver los grandes problemas sociales, y con una clase trabajadora empobrecida y precarizada, con sus hijos e hijas sin futuro y con sólo el anhelo de recibir alguna migaja estatal.

Por eso los cambios que se anuncian entre bambalinas son sólo un cambio de personajes que no vienen a renovar ningún relato. Al contrario, son, en muchos casos, malos conocidos anti-derechos y prepotentes cómplices políticos de masacres populares (como la de Avellaneda).

Por ello confiamos en que solo un proyecto político emancipatorio puede ser capaz de dar una salida distinta para el pueblo. Pero de ello depende la tarea pedagógica, cultural y organizativa de desarrollar y desplegar las fuerzas populares que habitan en los extensos territorios de nuestro país y el continente. En ello estamos, mientras asistimos a una tremenda crisis política de las fuerzas políticas del Capital y su pretendida conciliación de los intereses contradictorios de la sociedad de clases.