El Mecha

Hace 48 años, en nombre de la libertad y la lucha contra el comunismo, se perpetraba un golpe de estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile. Iniciaba así una dictadura sangrienta, que instauró la tortura, el secuestro, el terrorismo de estado, que regó de sangre el Estadio Nacional. Un gobierno de facto, comandado por Pinochet y las Fuerzas Armadas, con el apoyo de los partidos del sistema (DC y PN), las corporaciones empresarias, la CIA y el gobierno yanqui, y que permaneció en el poder hasta 1990. Una dictadura que instauró a sangre y fuego un modelo económico neoliberal, constituyéndose en un laboratorio mundial del neo liberalismo y la reacción conservadora.

Aquel 11 de septiembre, Allende, que no quiso entregarse y decidió morir en La Moneda que era bombardeada por la Fuerza Aérea de Chile, pronunció un emotivo discurso. Unas palabras que son parte del legado político del líder de aquella experiencia política denominada Unidad Popular. Decía:

«…Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!…».

Hemos leído, quizá con sentido romántico, una y cien veces estas palabras. Siempre emociona escuchar el «metal tranquilo» de la voz del Chicho. Chile había pasado de ser una experiencia única, que anunciaba un tránsito diferente al socialismo, al ejemplo paradigmático del libre mercado, la libre muerte, y el individualismo como motor de la historia. Pero pasaron 46 años, y octubre del 2019 demostró que los ríos subterráneos seguían corriendo. Que la Revolución Pingüina del 2006 o la rebelión estudiantil del 2011 no habían sido vientitos pasajeros. A fin de cuentas ¿Cuánto son cinco décadas para la historia de la humanidad?

Llegó Octubre del ‘19 y las alamedas se colmaron. Ganaron el derecho a una nueva constituyente y están escribiéndola con las plumas del pueblo. Combatieron miles de horas con los Pacos asesinos. Con los buitres arranca ojos. Con los perros guardianes de los privilegiados de Chile. Siguen aún hoy, llorando por las lacrimógenas, bañadxs por el «Guanaco» (Carro lanza agua), luchando por un Chile Digno. 

Han pasado 48 años. La rebelión, estallido social o revuelta, como ha sido llamado indistintamente, abrió de par en par esas grandes alamedas. Por un breve estadio de tiempo ha puesto a Chile patas arriba. El «pueblo despertó», cantaban en todas las plazas. La democracia, la libertad, la dignidad, la soberanía se escriben así, en la calle, no hay otro camino. El pueblo hermano ha vuelto a ser un faro de esperanza. El escenario está abierto. ¡Con todas las fuerzas de la historia! ¡Es hora de vencer!

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan lxstrabajadorxs! ¡Viva Nuestra América!