Por Paula

En los años 70, en el transcurso de la guerra fría, los comunistas afganos que se autoproclamaban ateos, llegaron al poder. Por su parte, la URSS era una potencia mundial y el comunismo estaba a la vanguardia.

Los muyahidines, que eran los islamistas extremos, se rebelaron buscando que su ley primera dominase la vida afgana. Esta ley islámica, llamada Sharía, es una interpretación del Corán sumamente restrictiva.

En 1978 y hasta la década de los años 90, comienza una guerra contra el gobierno comunista, respaldado y financiado por los yankees durante trece largos años.

Cuando la URSS cae, EEUU se retira del conflicto y el gobierno afgano pierde la guerra y ganan los islamistas extremos.

A partir de ahí, Afganistán cae en un islamismo extremo e inestable con continuos conflictos por parte de secciones o grupos islamistas que buscaban el poder.

En 1996, los talibanes invaden casi todo el país y proclaman un Emirato Islámico y la sharía vence.

En octubre de 2001, Bush lanza la operación duradera, declarándole la guerra a los talibanes por haber escondido al líder y fundador de Al Qaeda, Osama Bin Laden y por haber sido responsables del atentado a las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre. Posteriormente derrocan al régimen talibán, pero no logran dar con el rastro del líder.

La ONU recluta a 130.000 soldados para “restaurar el orden” en Afganistán. Eran soldados de casi todo el mundo, aunque la mayoría eran de EEUU.

En las zonas donde no estaban estos soldados internacionales, el control lo tenían grupos islamistas que ayudaron a los talibanes a rearmarse y organizarse.

Este conflicto lleva 20 años: Los talibanes intentando recuperar el control del país y la OTAN enviando tropas para contenerlo. 

En 2020 se llegó a un acuerdo para reducir los enfrentamientos y retirar a las tropas internacionales del país, punto clave para que ya en mayo del 2021 los talibanes hayan ido avanzando violentamente por todo el territorio.

Los afganos no estaban preparados para defenderse. Tenían a 300.000 miembros que preferían entregar las armas y retirarse antes que luchar. Con este régimen en ascenso, Ashraf Ghani, quien hasta ese momento era su presidente, huyó del país.

El pánico que generó su llegada desató el caos, especialmente en Kabul. El pueblo se encuentra huyendo a como dé lugar por miedo a las implicancias de este totalitarismo religioso. Tal es así que mientras EEUU controlaba los aeropuertos para asegurar la salida de los suyos, miles de afganos intentaron subirse a los aviones desafiando el sumo peligro que eso significaba. Se registraron víctimas fatales. 
Además se conocieron las cifras de 400.000 civiles abandonando sus hogares este año, donde el 80% de estas personas son mujeres y niños.

Ha comenzado un régimen de terror inhumano, sobre todo para las mujeres. Simone de Beauvoir ya nos enseñaba que siempre bastará una crisis política, económica o religiosa para poner en cuestión nuestros derechos como mujeres. Hoy, la historia se vuelve a repetir, se restablece una sociedad patriarcal y misógina doblemente recrudecida. Se vuelve a vivir una crisis atroz y aberrante.

En redes comenzó a circular ciertos preceptos elementales que las mujeres deben acatar para no faltarle a la sharía: Se les prohibió el trabajo por fuera del hogar (a excepción de enfermeras y médicas). Que puedan realizar determinadas acciones implica que tiene que ser permitido y acompañado de sus “mahram” (pariente masculino cercano) como el salir a la calle. Tienen prohibida la atención o la asistencia por parte de un médico hombre. No pueden negociar con ellos. No se les permite viajar en taxi sin un hombre de su familia, tampoco tocarles las manos o dirigirles la palabra a ningún varón por fuera de su entorno familiar. Su educación está prohibida, los talibanes han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos. Están obligadas a llevar el burka de pies a cabeza. No pueden reírse en voz alta, ya que ningún extraño debe escuchar la voz propia de una mujer. Tienen prohibido maquillarse, llevar las uñas pintadas (les han llegado a cortar dedos en forma de reprimenda) o usar tacones, según esta doctrina ningún varón puede escuchar los pasos de una mujer. Quedan afuera los pantalones acampanados o colores llamativos en sus atuendos, incluso los sastres no pueden tomarles medidas.

No se les permite salir en radios, tv o reuniones públicas. No pueden ser fotografiadas o grabadas. Están prohibidas las imágenes de mujeres en revistas, libros, muros de casas o tiendas. Tienen terminantemente prohibidas las reuniones con fines recreativos. A su ropa no pueden lavarla en el río o plazas públicas. No tienen acceso a los baños públicos. No pueden asomarse en balcones o ventanas (estas tienen que ser opacas para que no puedan ser vistas desde la calle), tienen prohibido el deporte, andar en bicicleta o en motocicleta. Los colectivos están separados, no pueden viajar hombres y mujeres a la vez. La nomenclatura de las calles y plazas no pueden contener la palabra “mujer”. Se practican casamientos forzados de niñas, jóvenes y viudas con combatientes talibanes. A todas estas atrocidades hay que añadir otras prohibiciones “legisladas” como: no pueden escuchar música, no pueden ver películas, celebrar el tradicional año nuevo porque la festividad es “pagana”; tener un nombre no islámico, como también está prohibido echar a volar cometas.

No hay futuro para las mujeres en Afganistán, lo más desalentador es la desesperanza que sienten, que exponen y que aún así, sobrellevan.

“Siento que voy a ser una esclava. Que pueden jugar con mi vida como les dé la gana (…) como mujer, me siento víctima de una guerra política que comenzaron los hombres”

“(…) El mundo debería saber que las mujeres afganas jamás hemos sido responsables de ninguna guerra, sino siempre sus victimas y victimas de todos los conflictos y las todas las formas de violencia ejercidas por los hombres”
Dispuestas a morir antes de vivir con todas las restricciones que les van a imponer. Con los insultos, torturas, los castigos brutales, las lapidaciones, palizas, latigazos. Con violaciones, matrimonios forzados, mutilaciones, asesinatos. En donde la palabra “mujer” está prohibida, subrogada y borrada de nuestra historia. 

Somos internacionalistas y nos interpela la resistencia. En todas partes del mundo comenzaron a movilizarse por la vida, la libertad y la autonomía de derechos que somos como sujetas políticas.

Samira Saqib, periodista afgana, declaró que las activistas están siendo buscadas casa por casa por los talibanes y deben refugiarse en casas de familiares o amigos y que salir a la calle les representa un verdadero riesgo para su integridad.

Los que tenemos libertad para expresarnos al mundo debemos concentrar una batalla por los DDHH de estas personas.

“Los talibanes no cambiaron. Ellos nos consideran como un botín de guerra. Así que a donde van, fuerzan a las mujeres a casarse y creo que esa es la peor venganza que tienen contra nosotras”

“Estoy preocupada por mis tres hijas. No tenemos sitio al que huir. La gente nos dice: “cuando los talibán tomaron los distritos de Saighan y Kahmard, entraron en todas las casas por la fuerza y contaron el número de vestidos para saber cuántas mujeres vivían en cada casa». Cuentan que los talibán se llevaban a las mujeres y a las niñas a la fuerza. Prefiero que mis hijas mueran de una manera digna antes que caigan en sus manos”

“Soy estudiante desde los 16 años. Mi sueño habría sido el ser profesora de universidad algún día pero la vuelta de los talibán supondrá para mi el encarcelamiento en mi propia casa y mi muerte, poquito a poco. El mundo no puede ignorar la amenaza que representa los talibán para las mujeres”

Hoy, más que nunca, tenemos que estar unidas para acabar con el odio hacia nosotras. Hoy más que nunca lucharemos contra el patriarcado y el machismo que nos sigue eliminando.

Denunciamos la violación del tratado internacional de los DDHH

LA INQUISICIÓN SE TERMINÓ, EXIGIMOS LIBERTAD PARA LAS MUJERES DE AFGANISTÁN


Acompañemos y ejerzamos presión social: Pedí la petición que están levantando diferentes organizaciones para que Afganistán abra sus fronteras y los demás países logren darle asilo político y refugio a todas las mujeres afganas.

Difundamos la información, no miremos para otro lado. Escuchemos a nuestros/as hermanos/as afganos/as y compartamos su voz.