Besarnos ante todo aquel que odie

Por Paula T.

El pasado miércoles 7 de marzo, tras cuatro años de lucha, se dictó el fallo de absolución para Mariana Gómez de los delitos de resistencia a la autoridad y lesiones leves.

El 2 de octubre del 2017 es la fecha en la que Mariana Gómez y Rocío Girat vivieron un capítulo nefasto en sus vidas. Transitaban su día por las calles de Buenos Aires en camino a su trabajo. Como es sabido, el centro porteño alberga una gran circulación de gente por lo que difícilmente se torne meticuloso prestarles atención. En determinado momento, comenzó a llover y ambas se refugiaron bajo el domo vidriado de Plaza Constitución. Eran fechas importantes, Rocío se encontraba próxima a enfrentar en juicio a su padre, un oficial de la armada quien la había abusado durante años. Entre charlas y pitadas de sus respectivos cigarrillos, Rocío se larga a llorar a lo cual Marian la contuvo dándole un beso y abrazándola a modo de despedida.

José María Perez, un empleado de Metrovías se acerca directamente a Marian y le pide que apague su cigarro. Ella constata que no hay una cartelería específica que le informe que no podía hacerlo. Claramente allí ya estaba desprendiéndose una seguidilla de acciones con fines incisivos y determinantemente discriminatorios por haberlas estado observando en ese rato, molesto de la situación. Muchas personas casi en simultáneo estaban haciendo lo mismo -incluso su compañera- y aún así, la aprehensión no les había llegado en ningún momento. Tras negarse, Pérez le hace señas a Jonatan Rojo, un uniformado que se encontraba en el lugar. Este se acerca y aleccionándola desde el primer momento le dice “pibe, apagá el cigarrillo”. Luego de volver al mismo intercambio anterior, pero esta vez reafirmándole una y otra vez que era mujer, Marian quiso dar por finalizada la conversación diciéndole “termino el cigarrillo y me voy”. Acto seguido cuando ella decide retirarse, Rojo la cruza con el brazo a la altura del pecho y le anunció que la iba a detener. “Aceptó y acreditó que era mujer por mis tetas” declaró Marian en una entrevista. El policía pidió refuerzos ante el pedido desesperado de Rocío -a quien lxs uniformadxs no quisieron reconocer como su esposa hasta que ella les mostró su libreta de matrimonio civil- y Karen Villarreal se hizo presente agarrándola del cuello a Marian con la ayuda de Rojo y la tiraron al piso, esposándola. En ese momento, para evitar caer al piso y con un movimiento propio de la desesperación le arrancó un mechón de pelo a la agente. Por eso, la condena fue por “lesiones leves agravadas”. El desenlace culminó con Mariana detenida en la comisaría ubicada en Boedo -donde fue sometida a vejámenes y obligada a desnudarse en un calabozo- y con un proceso penal abierto.

Mariana fue atravesando diversas instancias judiciales sin que el poder judicial considerara que lxs funcionarixs publicos pudieran haber actuado con ensañamiento y odio hacia ella por su condición de mujer y de lesbiana. Por citar algunos ejemplos: Durante el proceso, la jueza Maria Dolores Fontbona de Pombo negó a la defensa varias pruebas, como primeramente la declaración de Rocío, pero además no consideró el maltrato y la prepotencia de la que fueron víctimas tanto Mariana como su esposa, a pesar de contar con testigxs y videos aportados en la causa. Culminó aceptando la versión policial que indicaba que el operativo tuvo como justificativo la negativa de fumar. Luego, la segunda prueba negada es la posibilidad de hacer un peritaje médico que indicara la gravedad de la lesión de Karen Villarreal endilgada a Mariana. Según declaraciones del abogado defensor, Teszkiewicz, el Código Penal de la Nación expresa que el delito de lesiones leves es un delito de instancia privada y requiere el impulso de la persona damnificada. La mujer policía, supuesta víctima de ataque, nunca impulsó la acción. Aún así, más tarde, la jueza Yúngano resolvió condenar a Mariana por lesiones leves.

Por su parte, la fiscal Diana Goral había reclamado dos años de prisión. En su alegato la funcionaria judicial dejó expuesto su sexismo cuando insistió en que “la lesión a Villarreal, por ser mujer, debe ser valorada más gravemente que en un hombre”.

Sin dejar de mencionar los contextos, cabe mencionar que días después del hecho, se lanzó un protocolo disciplinador por parte de la ex ministra Patricia Bullrich. El llamado “Protocolo General de Actuación de Registros Personales y Detención para Personas Pertenecientes al Colectivo L.G.B.T” que mediante una falsa inclusión se disponía el establecimiento de pautas a la hora de detener o reprimir a una persona del colectivo.

No nos parece casual ni mucho menos aislado, que sumado a todas las aberraciones que la pareja tuvo que vivir y presenciar, se declarara el procesamiento de Mariana Gómez por “resistencia a la autoridad y lesiones graves” un 9 de marzo, justo un día después del Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans. Y que siendo que el 25 de junio era la fecha en la que debía conocerse el veredicto, Yúngaro se excusó y pidió tiempo para pensar, algo que “los bombos de las manifestantes no le permitían hacer”, según ella. La dilación injustificada y la fecha que se fijó para dar el veredicto fue significativa y dejó ver un nuevo mensaje disciplinador: la condena se conoció la mañana del 28 de junio de 2019, jornada en la que se cumplían 50 años de la revuelta de Stonewall y en la que se conmemoraba en todo el mundo el Día del Orgullo LGBT.

Finalmente, tras cuatro años de pelearla, la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal (integrada por los jueces Horacio Leonardo Días, Eugenio Sarrabayrouse y Daniel Morin) dictó el fallo que absuelve a Marian Gómez de los delitos de resistencia a la autoridad y lesiones leves, por el que la jueza del Tribunal 26, Marta Yungano, la había condenado a un año de prisión, siguiendo casi al pie de la letra el hilvanado construido por la fiscal Diana Goral (que se presenta como “especializada en violencia de género”).

“Quiero agradecer a todas las personas que nos dieron su apoyo, que estuvieron con Rocío y conmigo todo el tiempo. Si no hubieran estado, no llegábamos a la absolución. Cuando termine la pandemia festejaremos, no faltará oportunidad. Pero toda esa fuerza me ayuda a que continuemos con la causa contra los policías. A mí me desnudaron en un calabozo. Eso no puede seguir ocurriendo. Esta gente sin capacitación cobra un sueldo y tiene un arma. Quiero que les saquen el uniforme. La semana próxima me voy a presentar en la oficina de Violencia Institucional. Porque si me duermo y espero los tiempos de la Justicia, voy a tener que esperar 4 años más. Y no sería justo. Esto no va a quedar así. Voy a seguir luchando si no me frenan. Porque toda la situación ha sido injusta aunque el fallo de Casación sea bueno. La jueza y la fiscal cometieron actos discriminatorios. Nosotras no somos un número. Somos personas, tenemos una historia”, anuncia Marian Gómez.

Porque nunca más besarnos, desearnos y elegirnos sea un delito. Nuestros besos son un acto político y revolucionario, no quedarán relegados a su mirada patriarcal, no se los permitiremos. ¡Que destituyan YA a la jueza Yungano, lesbodiante y encubridora de pedófilos! Si lxs jueces son una extensión automática de lxs fiscales y lxs fiscales son una extensión automática de la policía, ¡reforma judicial feminista! ¡Basta de Doctrina Chocobar! Que las palabras de las fuerzas de seguridad no sean las que hagan la verdad existiendo pruebas de sobra. ¡Basta de odio hacia nuestra comunidad! Al calabozo no volvemos nunca más.

sendaguevarista

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