Por Mya Borgue, Docente de la Provincia de Santa Fe.

Si hacía falta más pruebas de los pocos escrúpulos del ex-Presidente Mauricio Macri, hizo su magistral regreso a la escena nacional (previo paseo en plena pandemia por la Costa Azul Francesa y el supuesto “trabajo en FIFA” pasando por Suiza) con la consigna “Abran las escuelas”. La derecha intentaba ganar terreno en los medios a modo de una especie de reclamo por la reanudación de las clases presenciales. Porque las clases y el trabajo docente nunca se detuvo desde el comienzo de la pandemia y la emergencia sanitaria. Pero esto a la Derecha nunca le interesó y así lo mostraba la gestión de Larreta que no hizo nada por la conectividad en los hogares más excluidos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Porque tampoco era una preocupación real cuando gobernó el país la alianza derechista de Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio) por 4 años, recortando presupuestos, eliminando paritarias docentes y cuando NO construyeron ni uno de los 3000 jardines prometidos en campaña.

El ala conservadora del actual Gobierno Nacional, incluso algunas gobernaciones, no quisieron quedarse al margen del oportunismo y se prendieron a la consigna. Entonces inmediatamente se lanzaron a diestra y siniestra grandes anuncios de regreso a la presencialidad de manera inmediata. En ese mismo sentido el ministro de educación de la Nación, Nicolás Trotta, ya se animó a subirse al barco y hacer declaraciones en esa línea, incluso haciendo curiosos enunciamientos como ser: “Queremos lograr que la presencialidad en la escuela vuelva a ser ordenador”.

Pero cabía preguntarse al respecto; ¿Había alguno de los indicadores sanitarios que mostraban un cambio sustancial en el desarrollo de la pandemia? ¡NINGUNO! Al contrario, los números de contagios y fallecimientos por COVID 19 estaban en los valores más altos de la pandemia desde finales de 2020 hasta principios de este año. ¿Cuantas obras, partidas especiales o refuerzos presupuestarios se habían resuelto para atender los requerimientos de una vuelta en medio de la pandemia? ¡NADA! Y por último ¿Ordenador de qué cosa pretendía el ministro en el medio de una pandemia que aún no se vislumbraban grandes variaciones?

De hecho sindicatos docentes de CABA denunciaban el tremendo recorte presupuestario en educación que había aprobado el gobierno de Horacio Larreta y su secretaria de la cartera, admiradora de nazis y discriminadora de docentes avejentados e ideologizados, Soledad Acuña.

Figura 1: Curva de casos que grafica que la pandemia aún está en niveles muy altos. Cuando Macri hace las declaraciones en nivel de casos estaba en pleno pico.

Se puede afirmar, de manera contundente, que fue marginal el apoyo económico y didáctico para docentes para sostener el teletrabajo. Tampoco se dió una solución para garantizar la conectividad y/o los dispositivos digitales a las familias trabajadoras de bajos ingresos. Por último llegó tardísimo, recién a finales de Agosto, el decreto que establece a Internet, la televisión paga y la telefonía móvil como servicios públicos. Recién ahora están ofreciendo los nuevos paquetes de conectividad y que está por verse las posibilidades reales de acceso. Por lo tanto, todo el ciclo lectivo del año pasado, la virtualidad fue costeada con los bolsillos docentes y de las familias de les estudiantes. En este sentido, se estableció una especie de arancelamiento encubierto o brecha digital entre quienes tienen o no acceso a internet y al uso de soportes tecnológicos. Los gobiernos han abandonado a un conjunto importante de nuestro estudiantado.

La crisis sanitaria agudizó y profundizó la desigualdad por el derecho de acceso a la educación. Precariza, aún más, la labor docente y los recursos con los que se cuenta. Puso en tensión los contenidos curriculares con lo que se pretende formar y preparar a las generaciones futuras para lidiar con los problemas sociales y económicos que seguimos atravesando. Ni siquiera permite atender las causas y consecuencias de la pandemia en sí misma. En simultáneo, para quienes terminan sus estudios ¿Qué oportunidades se les ofrece? Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región, cuando 2 de cada 10 jóvenes están desempleados. Mientras el 26% de los jóvenes del quintil más bajo de ingreso es desempleado, solo el 9% de los jóvenes del quintil más alto está en esa situación. El género es otro predictor de vulnerabilidad laboral: el 25% de las mujeres jóvenes están desempleadas frente al 15,4% de los varones. A las escuelas públicas van los del quintil más bajo, por tanto desigualdad y falta de oportunidades profundizan más aún la injusticia social. Y además con salarios que están para el 50% de la fuerza trabajadora por debajo de la canasta de Pobreza: ¿Qué futuro es que está ofreciendo el sistema capitalista para la inmensa mayoría de jóvenes que terminan sus estudios?

Por lo tanto ante la premura por el regreso a la presencialidad les preguntamos: A ¿qué Escuelas? Aquí intentaremos desarrollar esta pregunta con algunos aspectos que conforman el combo Instituciones-comunidad-currículum educativo, que es un todo complejo pero que a la hora de lanzar consignas en años electorales la demagogia oportunista no distingue, ni debate. Pero a la que trabajadores y estudiantes nos atraviesa cada día que se desarrolla el proceso educativo.

Desfinanciamiento, descentralización y desigualdad neoliberal.

Al recorrer el componente estructural-económico de la educación podemos encontrar todas las consecuencias de los fenómenos que caracterizaron el proyecto neoliberal educativo que culmina en el gobierno del recientemente fallecido Carlos Menem. El desfinanciamiento fue acompañado con la transferencia nacional de las instituciones educativas a cada provincia. Esto se realizó con ausencia de recursos presupuestarios consolidando las bases de la desigualdad educativa que hasta hoy segrega aún más a la sociedad, ya dividida en clases sociales, y que la educación privada también manifiesta. De ahí el sincericidio del por entonces presidente Macri, al valorar negativa y penosamente a quienes “caían en la escuela Pública”.

Hacia finales de los 90 la “carpa blanca” fue un símbolo de resistencia ante el abandono de la educación pública por parte del Estado. Recién como corolario de la rebelión popular del 2001, y las importantes luchas sociales y educativas que le prosiguieron, se logra una ley de financiamiento educativo nacional (2010) que plantea la erogación presupuestaria de un 6% del PBI para el área educativa. Como puede verse en la Figura, que acompaña este texto, solo durante un solo año se cumplió con dicha ley. Y peor aún, en los últimos años fue en caída permanente el financiamiento conjunto del Estado Nacional y las provincias. Entonces encontramos un contexto de desinversión progresiva y sostenida.

Figura 2: Metas estipuladas según LFE y LEN e inversión consolidada en educación según jurisdicción, en porcentaje del PIB (2005-2019). Fuente CIPPEC.

Esos millones que no se invirtieron, en una población con un continuo crecimiento demográfico, trae serias consecuencias que se expresan en exclusión, desigualdad y deterioro de las condiciones de vida de manera directa e indirecta.

Condiciones y medio ambientes de trabajo.

La desinversión presupuestaria que repasamos anteriormente afectó de manera elocuente las condiciones de trabajo y estudio. Porque la mayoría del presupuesto es utilizado en el pago de sueldos, que obviamente, no se pueden dejar de pagar. Pero lo que sí se puede dejar de gastar es en el mantenimiento y desarrollo de las infraestructuras del sistema educativo. Eso lo padecemos con escuelas públicas containers, sin calefacción y/o ventilación, sin suficientes (o inexistentes) herramientas didácticas, sin internet, sin dispositivos digitales, sin ambientes sanos de educación. Ahora, con pandemia de por medio, que requiere un nivel más exigente de condiciones medio ambientales, de higiene y seguridad volvimos a trabajar y estudiar con penosas situaciones. Así los sindicatos y comunidades educativas lo salieron a denunciar. Pero el escarnio y cerco mediático fue tan fuerte para sostener las consignas de derecha (“Abran las escuelas”, ), al que la sociedad desinformada se sumó en algunos casos, que apenas fue escuchada la voz de en quienes recae la labor educativa. Mientras tanto el virus SARS COV 2, se encuentra en circulación masiva, con todavía una alta capacidad de contagio y que ya terminó con la vida de más de cincuenta y dos mil con-ciudadanes. Pero esta demanda sigue vigente y aún no termina la lucha para evidenciar esta contradicción entre los anuncios y la realidad.

Foto: Protesta de docentes en Rosario, Sante Fe, frente a la condiciones medioambientales y de bioseguridad, encontradas en el regreso a la presencialidad. . Foto prensa AMSAFE Rosario.

Contenido curricular y métodos de enseñanza-aprendizaje

Aquí debemos plantear la ausencia de un proyecto económico material de sociedad para el cual se forma y educa a las actuales generaciones de miles de niñes y adolescentes. En un país con un proyecto dependiente para pocos, sostenido sobre la base del extractivismo, el saqueo de recursos comunes, carente de un proyecto desarrollo industrial que genere trabajo, el único rol que le cabe a la escuela es el de disciplinar y contener los cuerpos de un pueblo sin oportunidades.

Pensar en una nueva educación nos obliga a reflexionar acerca de las luchas actuales, de los movimientos sociales que discuten estas bases materiales de existencia y vincular el proyecto educativo en un sentido emancipador que rompa con la educación instrumentalista. Es necesario que el proyecto curricular y pedagógico desarrolle el empoderamiento de sujetos y sujetas de transformación social. Hay que formar constructores de realidad y no simples espectadores de un presente, desigual e injusto, ya determinado e inmodificable.

¿Para qué proyecto de sociedad queremos educar?

La pandemia acrecentó el fenómeno de deserción escolar en los sectores de los trabajadores más empobrecidos. Lamentablemente aún somos pocos educadores y educadoras que nos preguntamos cómo motivar a esos estudiantes a continuar con sus estudios a pesar de las dificultades. Pero nos encontramos con una sociedad que ofrece poco y nada hacia esa nueva generaciones a pesar de nuestros esfuerzos. Frente a la falta de perspectiva de futuro, les jóvenes no encuentran motivación para continuar con sus estudios. Porque ni siquiera la escuela garantiza la posibilidad de acceder a un trabajo digno donde se cumplan los derechos básicos de los trabajadores. Más aún frente a la crisis económica provocada por la pandemia donde muchísimas familias quedaron sin trabajo y les jóvenes, para contribuir a la economía familiar, han tenido que salir a trabajar a través de changas y trabajos informales. Todo esto se ha profundizado con la ausencia, en este año, de las asistencias brindadas durante el primer año de pandemia (IFE y ATP) y con el aumento generalizado, e imparable, de precios de alimentos, combustibles y vestimenta.

Estamos frente a un problema pedagógico nuclear. Porque como plantea Paulo Freyre,el pedagogo de la liberación, “Tampoco hay diálogo sin esperanza ya que ésta es la que moviliza a los hombres en permanente búsqueda. La desesperanza nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate recreador del mundo”.

¿Qué es lo que se pretende ocultar de la coyuntura?

De este modo la consigna “abran las escuelas” es un tiro a la estratósfera de la derecha para evitar hablar de los problemas verdaderos. Como la estafa del endeudamiento brutal y eterno con el cual se compromete ingentes recursos económicos para la inversión educativa necesaria. La criminal fuga de capitales que no es más que el excedente económico producido con el trabajo de millones que se van a los paraísos fiscales. La patológica desinversión productiva, que a pesar de que el empresariado la “junto con palas” durante años, sigue sin invertir en la ampliación de capacidad y diversificación productiva. El mal que quedó expuesto con las tomas de tierra: la especulación inmobiliaria y la concentración de la propiedad de la tierra. Por último el tema del saqueo y contaminación de la megaminería y fracking que tiene a pueblos enteros movilizados que se resisten a liquidar la naturaleza a cambio de cantos de sirena de supuesto progreso y modernidad. Todos estos temas son los que se quiso y quiere evitar, porque muchas personas tienen serias responsabilidades, y así se postergan cada vez más seres humanos a salir de la miseria y la exclusión al derecho de una vida digna y feliz. Y sobre todas las cosas, si habláramos de esos temas, sobre todo en los grandes medios, no tendrían cabida muchos proyectos y partidos políticos. Quedarían en evidencia que son defensores de los privilegios de las clases acomodadas y de negocios para pocos.

Quienes trabajamos en la educación debemos seguir organizándonos desde abajo, como trabajadores, como comunidad e integrarnos a las demás luchas de manera transversal y solidaria. Nuestro destino común es construir junto al pueblo un proyecto educativo emancipador al servicio de las mayorías trabajadoras. En eso estamos y aún tenemos mucho camino por recorrer. Pero en este momento y coyuntura es una obligación ética y moral denunciar a los personeros del poder dominante que con su politiquería pretenden hacernos responsable del descalabro del sistema de clases que ellos defienden, y del cual son los únicos beneficiados.