Rebeliones y elecciones en Ecuador. Nuestra América en la búsqueda de alternativas

por El Mecha

Con más del 90% de rechazo termina su mandato el mal llamado Lenín Moreno en Ecuador. Un presidente que rompió con todos los marcos de la representación.

Llegó al poder de la mano de la «Revolución Ciudadana», pero terminó aplicando el programa de sus opositores. Moreno había sido vicepresidente de Rafael Correa por dos mandatos y a pesar de presentarse como una continuidad, y de haber ganado por estrecho margen la segunda vuelta en 2017, llevó adelante la política de su adversario, el banquero neoliberal Guillermo Lasso con todo el recetario del FMI y de las clases dominantes del Ecuador. En poco tiempo se alineó con la derecha continental, inició un proceso de ajuste y endeudamiento externo, e impulsó un proceso de persecución judicial y política contra sus antiguos compañerxs, incluido Correa.

De esta manera, y a pesar que la derecha había perdido en las urnas, el país sudamericano se alineaba con la ofensiva neoliberal que se vivía/vive en Nuestra América desde comienzos de la década del ‘10 del S.XXI.

Durante estos años se ha debatido mucho en torno a la idea del fin del «Ciclo Progresista» y sus razones. Desde las expresiones políticas identificadas con ese «ciclo» han hecho mucho énfasis en el rol de los grandes medios para explicar las derrotas electorales en países como Argentina y Brasil, por ejemplo. Pero mucho menos se ha intentado realizar un balance en torno a las limitaciones de los proyectos «neodesarrollistas» que se impulsaron en estos países. En este sentido cabe la pregunta: ¿el ajuste y derechización de los gobiernos no es acaso la política «necesaria» en los marcos de la acumulación capitalista, bajo los efectos de la crisis mundial de 2008 y la caída del precio de los comodities? El caso de Ecuador y la «traición» de Moreno quizá sea interesante para pensar esta problemática. Acá no hubo «clases medias» que se derechizaron. O si las hubo, no se impusieron, y sin embargo el viraje sucedió. Mientras que en Brasil y Argentina ya se percibían giros derechistas y/o de moderación antes del impeachment o el triunfo de Macri. Dilma, por ejemplo, había nombrado una ministra de agricultura contraria a la reforma agraria, a la que los movimientos llamaban «Miss deforestación». En tanto que en Argentina, la elección de Scioli como sucesor era un claro mensaje político del rumbo del futuro gobierno. Desde luego que la destitución ilegítima de Rousseff y el triunfo de Cambiemos en Argentina radicalizaron esos giros.

Volvamos al Ecuador.

Elecciones

En octubre de 2019 una rebelión liderada por el movimiento indígena y acompañada por vastos sectores del pueblo puso en jaque el gobierno de Moreno. Luego de 12 días de intensas batallas y una brutal respuesta represiva, que dejó un saldo de 11 muertxs y cientos de heridxs, el gobierno se vio obligado a retroceder y derogar el polémico «decreto 883», símbolo del ajuste acordado con el FMI[1].  

Durante el 2020 la gestión de la pandemia en el Ecuador fue desastrosa. Las imágenes de personas muertas en la vía pública recorrieron el mundo. En enero, el presidente realizó una gira de emergencia por EEUU y se reunió con miembros de la OEA, el FMI y el Banco Mundial. Asistencia perfecta en su recorrido por los organismos coloniales. De esta manera está llegando al fin de su mandato el infausto Moreno.

Los resultados electorales evidencian su total desprestigio. Además, los comicios tienen varios elementos para detenerse a analizar. Con un 99% de actas procesadas, han cristalizado un escenario muy diferente al que arrojaban las encuestas[2]. Los sondeos previos indicaban una clara ventaja del correista Andrés Arauz, un segundo puesto cómodo para el banquero Guillermo Lasso y un tercer y lejano tercer lugar para Yaku Pérez, del partido  Pachakutik, vinculado al movimiento indígena. Pero los resultados son muy diferentes. Andrés Arauz obtiene el 32.07 %, mientras que Yaku Pérez supera por un estrecho margen a Lasso: 20.08% a 19.50 %, respectivamente. Pero además, se cuela en la partida un actor que nadie había previsto: Xavier Hervas, con un 15.97 %. Este último presenta un programa de centro izquierda, que hace énfasis en la Justicia social y un modelo sustentable.

Habrá segunda vuelta, pero recién el 11 de abril.

1. Me parece que el dato político Nº1 que se desprende de estas elecciones es el rechazo al ajuste y a las políticas de derecha. (Hay que recordar que este viraje no había sido un mandato de las urnas en 2017). Este domingo, casi el 70% del electorado se inclinó por diversas variantes de la centro izquierda y el progresismo (Arauz, Pérez, Hervas). La propuesta abiertamente ajustadora y neoliberal de Guillermo Lasso no llega al 20%, mientras que la candidata por el oficialismo, Ximena Peña apenas suma 1.52%. Por si existía alguna duda sobre la popularidad del mal llamado Lenín.

En este primer punto se hace visible la agenda que impuso en la calle la rebelión de Octubre. De hecho, es la explicación concreta del ascenso de Yaku Pérez, cuyo partido Pachakutik tiene fuertes vínculos con la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que fue uno de los actores centrales de las revueltas de 2019.

Resulta necesario ver estos resultados a la luz de un fracaso electoral generalizado de las derechas. Ni Trump, ni Macri lograron la reelección, Bolsonaro no para de caer en la imagen pública, Piñera se sostiene montado en los Pacos y milicos, Perú vive una crisis fenomenal, al igual que Colombia. El dato más relevante es la caída de la dictadura en Bolivia y el triunfo aplastante del MAS. Esto que decimos no pretende transmitir una visión triunfalista, ni mucho menos. Ya sabemos que cuando no pueden con los votos, prueban con las botas.

2. El segundo dato interesante es la búsqueda de alternativas de «izquierda o progresistas» por fuera del correismo. Hacia el final del mandato de Correa había un malestar importante con algunos movimientos sociales, entre ellos el campesinado indígena. Uno de los ejes de estas polémicas giró alrededor del extractivismo. La necesidad de que «el crecimiento» no sea a costa de la devastación de los bienes comunes del único planeta que tenemos, es un hecho que viene enfrentando a los pueblos con distintos gobiernos de diferente signo político, pero con la misma concepción colonial. Por ello no es casual que tanto Yaku Pérez como Xavier Hervas incluyan en sus programas diversas cuestiones vinculadas a la preservación del medio ambiente. Tampoco que sea la zona de la sierra y Amazonía (con mayor presencia indígena) los lugares donde el partido Pachakutik obtuvo mayor porcentaje de votos.

3. Un tercer punto a destacar es la persistencia de un fuerte apoyo electoral a Correa, a pesar de la fuerte campaña de desprestigio, de la persecución judicial y mediática, de los reiterados intentos de proscripción, logró que un total desconocido como era Arauz fuera el vencedor en esta primera vuelta.

Al momento de terminar estas líneas la contienda se definirá entre Andrés Arauz y Yaku Pérez, es decir entre dos candidatos que, al menos en sus discursos, se muestran «progresistas». Respecto al primero de los dos, se presenta como la continuidad legítima de los gobiernos de Correa y ha planteado la necesidad de «reactivar la economía», entre lo que incluye un programa de ayuda a las familias y un acuerdo con el FMI. Por otro lado el candidato ya estuvo tramitando vacunas para el Ecuador a través del gobierno argentino. Intenta revivir el clima de unidad latinoamericana de principios del Siglo XXI y se muestra cercano a los gobiernos de Bolivia y Argentina.

Por su parte Yaku Pérez, más allá de los vínculos señalados con la CONAIE y la evidente base indígena en un porcentaje importante de sus votantes, exhibe un programa ecologista y feminista, pero donde también aparecen elementos contradictorios para tener en cuenta. Por un lado hay un dato relevante, y es que en 2017 apoyó a Lasso en la segunda vuelta. Más allá de que Lenín Moreno terminó haciendo un gobierno desastroso, lo que le daría la razón, no caben dudas que el gobierno de Lasso estaría muy lejos de los intereses de las grandes mayorías. No hay misterios, América Latina está llena de experiencias de empresarios en el poder. Hacen siempre lo mismo. Por otro lado, durante los episodios del golpe de Estado en Bolivia tuvo una posición lamentable, celebrando la destitución de Evo al que llamó «dictadorzuelo». Hay también un exagerado énfasis en la «lucha contra la corrupción», que suele ser tema de agenda del Departamento de Estado. No porque haya que tolerarla, sino porque las soluciones estructurales no pasan por allí. Algunos críticos que hemos leído plantean que su partido está permeado por las ONGs y que profesa un ambientalismo liberal, con un proyecto capitalista oculto con coincidencias con Lasso[3]. De hecho, el banquero había adelantado que lo apoyaría en caso de que hubiera segunda vuelta.

Rebeliones

No obstante, más allá de las biografías y programas, estoy convencido que la situación política está marcada por la Rebelión de 2019. Hay un pueblo que surcó las calles, que hizo experiencias asamblearias y protagonizó fuertes enfrentamientos con las fuerzas represivas del Estado. Esa huella está fresca.

Hay que recordar que la revuelta ecuatoriana inició un nuevo ciclo de rebeliones en Nuestra América, donde adquiere preponderancia el Estallido Chileno, pero también hubo alzamientos en Colombia, Haití y Perú. También podríamos incluir la gigantesca movilización popular en Mendoza, que logró nada menos que voltear una ley ya sancionada, que pretendía autorizar la megaminería en la provincia. El propio gobernador Suarez justificó su vuelta atrás para que no sucediera lo mismo que en el país trasandino.

Por ello nos resulta muy pertinente la reflexión de Leónidas Iza, dirigente de la CONAIE y protagonista de los sucesos de octubre de 2019, volcada en una entrevista reciente. Dice Iza:

«En el debate presidencial ningún candidato tomó en cuenta los acontecimientos de mayor transcendencia en la historia de la lucha social de las últimas décadas. Eso demuestra la distancia entre todos los candidatos y las demandas del pueblo ecuatoriano. Es absolutamente importante analizar Octubre porque encontraremos que el corazón de muchas propuestas de los candidatos salieron de allí… En esta coyuntura, la y los candidatos están tratando de silenciar la hazaña de los pueblos en el levantamiento de Octubre, decir que no pasó nada»[4].

El punto es central. También la rebelión popular de 2001 ha sido ninguneada sistemáticamente en nuestro país, de la misma manera que el pensamiento cuasi mágico que exalta la «década progresista» quiso tapar las «guerra del Gas y del Agua» en Bolivia para pensar el ascenso de Evo, o los múltiples alzamientos que se sucedieron en Ecuador previos a la llegada de Correa (1997, 2000 y 2006). Los tres culminaron con la renuncia de un presidente: Mahuad, Bucaram y Lucio Gutiérrez, respectivamente.

En definitiva, en esta coyuntura electoral ecuatoriana se vuelve a poner sobre la mesa y se intenta dar respuestas a una problemática abierta en la última década en Nuestra América: ¿cómo superar la encerrona entre las derechas neoliberales y los límites de gobiernos «progresistas» que intentan gestionar el capitalismo dependiente, haciendo equilibrio entre las demandas populares y el «realismo político» que «obliga» a permanentes concesiones hacia las grandes corporaciones, el FMI y las burguesías locales? En los marcos de un continente donde la desigualdad se agrava día a día y en un contexto de ofensiva extractivista que ha decretado que nuestros bienes comunes nuestras vidas, nuestro entorno completo es una zona de sacrificio que puede ser inmolada en las piras de la tasa de ganancia. En este sentido ¿cómo combatir la pobreza en esta coyuntura de crisis y de baja del precio de los comodities? ¿Si no hay «tasas chinas» no hay distribución?

Los procesos de rebelión abren preguntas, cambian las relaciones de fuerza, hacen posible lo «imposible». Más allá de que pueda expresarse o no de manera consciente, el pueblo ecuatoriano está en la búsqueda de una verdadera alternativa. Porque experimentó los límites del «progresismo neodesarrollista». Sería muy difícil que la alternativa se resolviera solamente en estas elecciones. Sin protagonismo popular no habrá posibilidad de transformaciones radicales. Las oportunidades dependen también de que se abran los canales de participación y movilización que permitan confrontar al capital y a los dueños de todas las cosas.

En Ecuador, en 2019, Nuestra América, Abya Yala, tierra rebelde, insumisa, ha vuelto a levantarse contra los programas de las minorías parasitarias. Resulta imperioso pasar de la rebelión al ensayo de nuevas experiencias emancipatorias. Y esa es tarea para todxs.


Notas

[1] Senda Guevarista, “Ecuador: ¡Gran victoria del Movimiento indígena y el pueblo! Pero…”, Senda Guevarista, el 15 de octubre de 2019, https://sendaguevarista.org/2019/10/15/ecuador-gran-victoria-del-movimiento-indigena-y-el-pueblo-pero/.

[2] “Resultados – Elecciones Generales 2021”, consultado el 9 de febrero de 2021, https://resultados2021.cne.gob.ec/.

[3] “Yaku Pérez: el otro candidato de la derecha”, Revista Crisis, consultado el 8 de febrero de 2021, http://www.revistacrisis.com/editorial/yaku-perez-el-otro-candidato-de-la-derecha.

[4] lalineadefuego.info, “Leonidas Iza: ‘Los candidatos tratan de silenciar la hazaña de los pueblos en el levantamiento de Octubre’”, Pensamiento Crítico, el 4 de febrero de 2021, https://lalineadefuego.info/2021/02/04/leonidas-iza-los-candidatos-tratan-de-silenciar-la-hazana-de-los-pueblos-en-el-levantamiento-de-octubre/.

sendaguevarista

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