«Tiraron todo el arsenal y no les importaba si había chicos, mujeres, gente grande, nada». Remembranzas del 19 y 20 de diciembre de 2001 desde Villa Banana, Rosario

Diciembre de 2001 dejó una huella profunda en las memorias. Hay quienes intentan instalar que fue una protesta protagonizada por las «clases medias», movilizadas por el saqueo contra lxs pequeños ahorristas. En los barrios populares emergen otros relatos, otras imágenes. El hambre, la desesperación, la represión brutal, la desidia sistemática del estado frente a las necesidades de los sectores más perjudicados. Pero también, como contracara, aparecen las organizaciones de lxs de abajo, las distintas formas de resistencia y solidaridad.

Al cumplirse 19 años de aquellos días, charlamos con Mario Roldán, militante social de Villa Banana y profesor de Taekwondo en zona Oeste de Rosario, que nos cuenta sus recuerdos de un 19 y 20, desde los barrios castigados por la miseria planificada.

¿Cuál era la situación en el barrio desde fines de los 90 y los meses previos al estallido de diciembre de 2001?

La situación en el barrio a fines de los ‘90 y llegando al 2001 era bastante caótica, complicada. Era más o menos como se está viviendo hoy -como para tener un contexto- pero sin la ayuda que hoy quizás se está teniendo y con la incertidumbre de no saber hacia dónde se iba. Con un cansancio terrible de la sociedad y en los barrios estaba bastante picante, porque los comedores que estaban no daban abasto y la gente no tenía como conseguir recursos. Era complicado el no poder pegar una changa para la gente acá en el barrio. Entonces se vivía con el trueque, con algo que se podía rescatar de algún que otro plan y no mucho más que eso, no conseguías un peso por ningún lado.

Rosario 12- 2001

¿Cómo se vivieron las jornadas del 19 y 20 en el barrio y cómo las viviste vos?

Los barrios estuvieron más o menos similares, complicados. Empezaron a llegar rumores de que iba a haber entregas de cajas, que fueron al distrito, que fueron a tal lado que fueron al otro y se empezó a agrupar la gente. Y la gente al ver que no pasaba nada, y seguían los rumores que se iba a entregar cajas, que esto, que lo otro, hasta que empezaron en ciertos lados a  reclamar comida, porque estaban muy cerquita las fiestas y no había nada. Entonces, por ejemplo acá en mi barrio se fueron al Distrito Oeste y al no tener respuesta se fueron hasta un supermercado que estaba ahí a dos cuadras, el “Santa Ana”, y empezaron a reclamar en los supermercados. Y ahí la gente se empezó a amontonar y ya empezaron que bueno, que estaba el saqueo y se escuchó que en un barrio ya estaban saqueando y la gente empezó a querer entrar al supermercado. Fue caótico, la gente con una necesidad extrema de alimentarse, de tratar de pasar las fiestas y sin ningún tipo de respuestas, más allá de la que después dio el estado, que fue reprimir. Reprimir y salir a tirar a la gente con todo lo que tuvieran. Tiraron todo el arsenal y no les importaba si había chicos, mujeres, si había gente grande, nada. Empezaron a tirar y eso fue complicado. La gente, con la impotencia que encima tenía, con sus necesidades, con no poder darle respuestas a su propia familia, una mezcla de cosas. Y bueno, la jornada acá en el barrio estuvo complicada. Yo me acuerdo que estábamos en ciertos lugares y no podías estar. Hasta la noche, también tenías que estar cuidado porque pasaba la cana y te agarraba a balazos, si te encontraban solo por ahí te querían pegar igual, sin hacer nada. Fue complicada esa jornada del 19 y 20 de diciembre, se vivieron los dos días muy intensos muy cargados de dolor, porque te enterabas que habían muerto personas, también con la impotencia y la bronca de que no te dieran respuesta. Así que fue complicadísimo, las jornadas del 19 y 20 fueron muy complicadas y dolorosas.

Ese día estaba la gente acá, tratábamos de que no se desmadrara, porque ya habíamos visto como venía el asunto. La cana tiraba con bala de plomo, y nosotros con varios compañeros tratamos de apaciguar a la gente, para que no se expusiera y estaba muy loco todo. Nosotros en un momento, a través del cura párroco, que estaba acá en la iglesia, pudo llamar al obispo. Pudo venir el obispo al barrio, que eso atrajo a los medios de comunicación y pudimos también mostrar lo que estaba pasando. Y ahí como que bajaron un poquito la intensidad de choque que tenía la cana, porque los expusimos ante los medios.

Diario la Capital

¿Qué organizaciones había en el barrio en aquella época y que rol cumplieron durante el estallido?

Había organizaciones Eclesiales de Base, centros comunitarios, centros barriales, movimientos a nivel nacional, estaba la CTA, Polo Obrero, había un montón de organizaciones dentro de los distintos barrios. Acá en mi barrio había más que nada comunidades eclesiales y la CCC también había bastante participación.

La participación en aquellos días era más que nada tratar de calmar los ánimos, tratar de ver cómo encontrábamos respuesta a todo esto que estaba surgiendo. Cómo podíamos establecer alguna mesa de diálogo. Qué tipo de respuesta se podía generar ante las necesidades de la gente. Esos fueron los roles de la organización, tratar de conseguir recursos, o tratar de conseguir que los supermercados o el mismo estado pudiera  abastecer de alimentos a la gente.

¿Cuál fue tu participación en aquellos días?

Allá por el 19 y 20 yo era un cachorro de 18 años, que estaba en una organización social que creía en ese momento que yo podía tratar de apaciguar un poco más el barrio para que no se enfrentara con la cana, que estaba meta tirar balas y pegándole a la gente. Y estábamos ahí con un par de los compañeros más grandes tratando que la gente no se expusiera demasiado. Me acuerdo que ese día un compañero mío sale corriendo para un lado, yo para el otro, y cuando nos dividimos entra a un pasillo y la policía le pega un escopetazo por la espalda. Tenía más de 30, 40 perdigones en la espalda. Por suerte no pasó a mayores, pero bueno, fue complicado, muy complicado.

Me acuerdo el día que muere Pocho Lepratti. Era un compañero nuestro, yo era un pibe que lo conocía por transitar con distintos grupos de jóvenes. Pregunto por mi compañero que le habían pegado el escopetazo, a unos periodistas, que eran los que manejaban la info de lo que estaba pasando en todos los barrios, porque en todos los barrios había conflictos. Y me cuentan, “no, mirá, acaba de morir un muchacho, Claudio Lepratti, pero nada que ver con tu compañero porque es de Las Flores”. Y yo no me rescaté, nadie se percató de nada porque para nosotros era el Pocho, no era Claudio Lepratti. De hecho ese día yo me entero como se llama, para mí siempre fue Pocho. Después cuando nos llega la noticia no lo podíamos creer.

Después aparecieron las cajas de mercadería para repartir en los barrios. Nosotros no podíamos ir, porque nos quedaba lejos y ya estaba complicado en el barrio con la cana que tenía sitiado todo el lugar y cuando veían un grupo de gente te tiraban tiros. Complicados esos días: gas lacrimógeno, balazo, ver gente con esa impotencia. Yo me acuerdo que mi señora estaba embarazada y me pedía que yo me quedara en casa. Ella se terminó yendo a la casa de mis suegros porque en ese barrio estaba un poco más tranquilo. Y yo me quedé en casa cuidando un poco lo que estaba pasando. Me acuerdo que esa noche estuvo heavy. Estuvimos con varios compañeros en un lugar, con miedo a que vinieran a patear las casas, porque la cana estaba completamente descontrolada.         

Una vez que se pudo conseguir la mesa de negociación y se pudo conseguir la mercadería, las organizaciones la pudieron repartir muy bien. Por ejemplo acá, en la comunidad, en “Mensajeros”, repartimos seis chasis con acoplado (de camión) y no hubo ningún tipo de problema, de desmadre, nada. Estuvo todo muy organizado. La gente hacía fila, se le entregaba una caja de mercadería. La gente se anotaba en la comunidad, quedaba registrada, se le daba un número con el que podía retirar la caja y así me acuerdo que estuvimos dos o tres días que fue de repartir cajas, cajas y cajas. Y nunca hubo un problema. No hubo desborde, la gente no se subió a los camiones para tratar de sacar cajas, nada. Organizados así, fueron retirando y no me acuerdo, pero eran una bocha. Sí me acuerdo el primer camión que llegó que eran ocho y media, nueve de la noche, era verano, estaba oscureciendo, y cayeron los milicos con toda la capucha, con la escopeta larga, todo. Con ganas más de irse que de traer la mercadería. “Si acá pasa algo, agarramos el camión y nos vamos. Tiramos gases lacrimógenos y nos vamos”. Y nosotros dijimos: “no, tranquilo, que acá va a estar todo organizado”. Me acuerdo que con otro compañero fuimos a charlar con los tipos y les dijimos: “tranquilo, que acá va a estar todo organizado. Acá la mercadería se va a repartir y no va a haber ningún tipo de problemas”. Y repartimos esa noche no sé cuanta cantidad de mercadería. Las mujeres de la comunidad organizaron mesas donde tomaban los datos de las personas, de cómo le entregábamos la mercadería.

pasco-m
Saqueos en Rosario

 

cajas
Reparto de mercadería en Rosario

En días tan convulsionados como aquellos siempre se aprende de golpe y quedan enseñanzas para toda la vida. ¿Vos que balance personal hacés, cuánto de lo que estás haciendo hoy está vinculado con aquella época?

Sí, a veces aprender de golpe te vas quemando. Yo era un pibe que creía que todo se hacía ya. Y hay cosas que llevan otros caminos, otros procesos. Se piensan de otro lugar, se planifican, se gana en organización. Había discusiones que hoy no las tendría. También estoy más grande. Aprendí muchas cosas, muchas cosas. Esto que a uno le queda, del tema organizativo. Aprendí como organizarnos, más que nada.

¿Y qué tenía que ver con lo que hago ahora? No mucho. Más allá que antes estaba en un grupo de jóvenes, hoy lidero grupo de jóvenes, o más que liderar, formo. Formo líderes y más que nada desde lo deportivo. Y seguimos vinculado a nivel social con lo que son comunidades o los centros comunitarios, pero acompañando más que nada. Desde otro lugar.   

sendaguevarista

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