«19 años de impunidad que han posibilitado otras impunidades». Entrevista a Celeste Lepratti por el aniversario del 19 y 20 de diciembre de 2001

El 19 y 20 de diciembre de 2001 se produjo el estallido rebelde del pueblo contra las políticas neoliberales. Jornadas que fueron la expresión del hartazgo popular ante la entrega permanente y la impunidad gobernante. Durante esos días, el Gobierno Nacional y algunos gobiernos provinciales ejecutaron una masacre que dejó un saldo de 39 asesinadxs y cientos de heridxs. Tras 19 años, los crímenes cometidos por el Estado siguen prácticamente impunes.

Por ello quisimos conversar con Celeste Lepratti, hermana de un compañero que se volvió un símbolo de aquellos días: Claudio Lepratti, “Pocho Hormiga”, asesinado en su trabajo, rodeado de pibxs, a quienes quiso proteger de la barbarie policial.

Celeste es integrante de la “Asamblea del 19 y 20” de Rosario, fue concejala de la ciudad y militante de “Arde Matria”. En conversación con Senda Guevarista nos dejó estas palabras y reflexiones que compartimos con nuestrxs lectorxs.

¿Cómo viviste vos la época de resistencia al neoliberalismo y cuánto conocías de la militancia que llevaba adelante tu hermano?

Tengo guardadas como fotos en mi cabeza distintos momentos de los ‘90, muchos. No militaba entonces, de hecho era bastante chica, pero está bien presente como en lo cercano, en mi padre (mi madre también por supuesto) y como sucedió en tantísimas familias, que fueron excluidas por el “sistema” el “modelo”, el daño que eso trajo. Esos años fueron arrasadores. Puntualizo en la figura de mi viejo, por ese mandato social mentiroso impuesto, que había que cumplir para ser, rol de sostén de familia, de jefe de familia, etc. Y por ello tal vez, cuando se rompe contra su voluntad ese mandato, costó mucho rearmarse, asumir nuevas realidades y pensarse en ellas. No nos quedamos sin laburo, sin techo, pero cuando como pequeño productor en el campo ya no se puede trabajar y producir porque  los requerimientos del mercado son otros, y quedas “fuera” todo lo que sabías hacer de toda la vida ya no “sirve”, tu mundo se derrumba. Mi vieja que laburó a la par y se ocupó además de la crianza de 6 hijxs, vivió de otra manera ese impacto y se arremangó las veces que hizo falta, para que tuviéramos alguna otra posibilidad, de estudiar por ejemplo. Claudio (Pocho) es el mayor de nosotrxs, y el ya en los ’90, pero en realidad desde su juventud temprana y adolescencia, se había volcado a la tarea social con los sectores más vulnerados. Hablo de su participación en grupos juveniles salesianos que desarrollaban tareas en distintos barrios de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, sobre todo con infancias. Su entusiasmo incluso en esos años de la secundaria, aún en dictadura, de organizar y reactivar centros de estudiantes. En los ‘90 él ya estaba viviendo en Santa Fe,  primero lo hizo para estudiar y luego un día conoció Ludueña, en Rosario, y allí es donde se quedaría para siempre. En el barrio encontró un referente, sin dudas y un aliado para su trabajo, un trabajo siempre colectivo, me refiero a  Edgardo Montaldo. Junto a muchxs más, trabajaron con lxs jóvenes e infancias, buscando transformar esa realidad dura, sin oportunidades para y con esos sectores fundamentalmente. Pocho, que escribía mucho, nos dejó notas de todo tipo, muchas reflexiones (a esto accedimos y  pudimos compartir luego de su asesinato) algunos escritos se refieren a cómo él veía al hombre de Ludueña, de la Villa, que había llegado migrando, buscando otros destinos mejores. De ese hombre que se quedó sin trabajo, sin posibilidades certeras de  futuro, sumido en la tristeza, la depresión, la violencia que todo esto trae. Él reflexionaba sobre estas realidades, mientras se abocaba a un trabajo concreto y en red de contención, pero también de transformación de lo que les rodeaba. Trabajo de hormiga si los hay, junto a lxs jóvenes del lugar, fueron encontrando y reinventando formas de resistir en esos años terribles.

Contanos como vivieron aquel 19 de diciembre y los primeros momentos luego del asesinato de Pocho.

Como familia lamentablemente conocimos después del asesinato de Claudio, no su trabajo pero si toda la dimensión del mismo. Aún nos sorprende esa gran red de la que era parte, compartiendo con gente de muchísimos lugares, experiencias, acompañando diferentes luchas, impulsando proyectos siempre colectivos. Si bien siempre estuvimos en contacto, pero recuerdo incluso que eran otras las formas para hacerlo, aún conservamos cartas que nos escribimos por muchos años por ejemplo. Él viajaba cada vez que podía a visitarnos a Entre Ríos, una o dos veces al año y la mayoría de nosotrxs no conocimos Rosario hasta después de ese diciembre. Recuerdo que en sus visitas, siempre llevaba muchas fotos, para compartirnos, que él mismo tomaba en el barrio, de la gente del barrio y de los talleres y campamentos que realizaban con los grupos juveniles, era un modo de contar supongo sobre lo que hacía. Junto a las fotos algunos boletines barriales que ellxs producían también. Pero no imaginamos nunca realmente la dimensión de su trabajo, signado de tanto compromiso social y entrega diaria.

Mural de Pocho en Barrio Ludueña, Rosario
Fragmento de una entrevista a Pocho que nos compartió Celeste

¿Qué caminos han recorrido en la lucha contra la impunidad y el esclarecimiento de los crímenes del 19 y 20?

En aquellos días de diciembre de 2001, muy cerquita del lugar donde crecí y viví una gran parte de mi vida, en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el clima que se respiraba y vivía era muy tenso, a pesar de ser una ciudad pequeña, recuerdo que apareció en titulares de medios nacionales, donde se indicaba que allí habían comenzado los primeros saqueos del país, esto sucedía el 18 de diciembre de 2001. Hubo algunxs heridxs y represión. Un día después, el 19 de diciembre yo tuve que concurrir a esa ciudad y no podía creer todo lo que me iba encontrando. Prácticamente todos los comercios estaban cerrados, la gente asegurando puertas, ventanas, mucha policía custodiando lugares, patrullando. Mucho miedo y angustia en los pocos rostros que aún seguían en la calle. Ya llegando la nochecita  y comentando con mi familia todo esto, mirábamos a través de la televisión lo que  acontecía en las grandes ciudades de la Argentina, todo era tan triste  y nunca imaginamos que ese día a las 21 hs., a través de un llamado telefónico nos darían la noticia más triste de todas, que Claudio había sido asesinado, que la policía le había disparado cuando él les gritó que paren de tirar desde el techo de la escuela donde trabajaba.  De la Rúa declaraba el estado de sitio  y los días siguientes fueron muy confusos y dolorosos. Mi viejo y mi hermana Laura viajarían hasta Rosario para buscar su cuerpo, y que claro primero despidieron, en multitud, en la escuela de Montaldo en Ludueña. El 21 lo despedimos en Entre Ríos, y el 23 viajé por primera vez a esta ciudad, que hace mucho elegí para vivir, para junto a mi hermana participar de una marcha y otras actividades. Entonces la vida nos cambió para siempre y nos sumamos a un camino, como tantos y tantas más, para exigir justicia y para señalar  que la represión no puede ser la respuesta que una y otra vez dan los gobiernos cuando el pueblo sale a la calle.

Cada vez que llegamos a diciembre es tiempo de balance, otra vez lamentablemente nos encontramos con la profundización de la impunidad, 19 años de impunidad que han posibilitado claramente otras impunidades, siempre para los mismos sectores. En Santa Fe quienes tienen en sus manos la tarea de administrar justicia, no han hecho otra cosa que garantizar la impunidad. Solo dos efectivos policiales fueron condenados, hablo de Esteban Velázquez y el Luis Quiroz, quienes dispararon contra mi hermano y Graciela Acosta respectivamente. Por supuesto no fueron los únicos involucrados en esta cacería. Nunca se investigó la cadena de mando por ejemplo, ningún jefe policial rindió cuentas, por el contrario en muchos casos hasta fueron premiados, ascendidos. Las responsabilidades políticas rápidamente fueron deslindadas de cualquier investigación. En esta provincia donde hubo decenas de personas heridas, cientos de detenidxs en forma irregular y 9 víctimas fatales (la provincia con el mayor número de muertos del país en relación a la cantidad poblacional)  Reutemann, gobernador entonces, actualmente senador nacional, ni siquiera fue llamado a declarar. El año pasado moría el ex presidente de la Rúa absolutamente impune  y este es el derrotero en la gran mayoría de las causas de todo el país. A 19 años, en Capital esperan que quede firme el fallo que condenó a algunos de los responsables por los asesinatos en Plaza de Mayo, 19 años después no es justicia… Hace tiempo que desde la asamblea del 19 y 20 junto a familiares de distintos lugares venimos sosteniendo que “la justicia la hacemos entre todxs”. No vendrá de los cómplices, de los que en realidad garantizaron y garantizan impunidad para lxs de arriba. Hablamos de una justicia que viene desde abajo, que aparece cuando nos vamos encontrando, cuando las luchas se hermanan, desde un lugar mucho más amoroso y humano, que posibilite relacionarnos de otra manera y la memoria permanente abraza esta justicia.

En Santa Fe y en Rosario sobre todo, dos experiencias marcaron esta lucha que llega a 19 años, la comisión investigadora no gubernamental que desde el principio y en los primeros años cumplió un rol fundamental y luego el espacio de la asamblea del 19 y 20. En este camino largo, que no comenzó con nosotrxs, y donde fuimos compartiendo con tantxs más, nos hermanó para siempre con el pueblo, santafesino víctima de otro crimen de Estado, las inundaciones evitables de abril de 2003, donde Reutemann tampoco debió rendir cuentas nunca.

juicio y castigo

Contanos quien era, desde tu mirada el Pocho, y qué legado ha dejado para las militancias presentes y futuras

Hablando de Pocho, me hubiera gustado compartir más. Pero acá estamos pensando siempre qué haría él frente a cosas que nos vienen sucediendo. Con esto quiero decir que sentimos que nos dejó una invitación, a la que todxs podemos sumarnos. Lo recordamos como alguien que eligió vivir como pensaba, coherente y se jugó por esas opciones. De tarea invisible pero constante, cotidiana y siempre siempre con otrxs!. Supo, como nadie, no volverse necesario. Cuando algo estaba en marcha se corría y ya estaba tejiendo y tramando con otrxs en otro lugar. Fue un laburante, se reconocía de esa manera, apostaba a la organización de base en todos los ámbitos. Fue catequista, profesor, ayudante de cocina, participaba en ATE y la CTA. Laburó en empresas que lo echaron y para el Estado, que también lo echó (Liliana y ex Cocina Centralizada de calle Felipe Moré). Fue un hacedor de huertas y bibliotecas barriales y promotor de muchísimos grupos juveniles en el Ludueña, entre tantas cosas más.

Y nos dejó, cuando pensamos en sus prácticas y su modo de relacionarse, una invitación, una tarea a asumir desde lo colectivo, un desafío y compromiso por la vida en dignidad seguramente.

sendaguevarista

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