¡A movilizarnos! El golpe de mercado no se frena tomando cafecitos en los despachos

El Mecha

El gobierno atraviesa su peor momento. Desde que reculó con la expropiación de Vicentín, no ha dejado de retroceder frente a los embates de los poderosos. Con su tono e intención dialoguista, viene cediendo a todas y cada una de las exigencias de la gran burguesía, que con la escalada del dólar paralelo preparó el terreno para la nueva visita del Fondo. La respuesta gubernamental, para intentar aplacar la «ira de los mercados», ha sido un giro netamente ortodoxo, un presupuesto de ajuste y la preparación de un nuevo guadañazo a los magros ingresos de lxs jubiladxs. La «bomba» del endeudamiento macrista está descargando toda su potencia. La aceptación sin auditoría de la estafa consumada entre el FMI y la gestión anterior nos conduce directo a un camino sin retorno: ajustes, flexibilización, reformas pro mercado (laboral, previsional y fiscal). Lo que puede parecer una concesión táctica, es un error de carácter estratégico. Abundan los ejemplos en nuestra historia. El FMI no cambió y viene por todo. La prometida agenda antineoliberal que llevaron al triunfo del FDT no puede ni empezar si quedamos bajo el tutelaje del organismo. El ciclo de la recesión eterna que acompañan los programas del Fondo es todo lo contrario que votó la gente.

Hay dos concepciones «erróneas» que vienen profundizando/justificando este camino. La primera es la idea -núcleo central de la ideología peronista- que es posible llegar a conciliar los intereses antagónicos del capital y el trabajo. La otra, y emparentada con la anterior, es el excesivo énfasis que le otorgan a la posibilidad de resolver las pujas sectoriales desde la gestión estatal. Desde una lógica exclusivamente palaciega. Si bien algunas negociaciones y acuerdos temporales entre las clases antagónicas son posibles en momentos de bonanza económica, en situaciones de crisis aguda, dónde la disputa por la riqueza, y la lucha por consolidar nuevas relaciones de fuerza se manifiestan en toda su potencia, tal tarea resulta imposible.

En síntesis, el gobierno no dejará de ceder si no abandona la «lógica del despacho» y no apela a una fuerza social real para enfrentar el golpe de mercado. Esa fuerza social es la clase trabajadora, en el más amplio sentido de la palabra (ocupada y desocupada, del campo y la ciudad). Si el gobierno o las fuerzas políticas y sindicales que lo componen no convocan a la movilización social, en pos de otra agenda, como puede ser una auditoría de la deuda, rechazo al programa del FMI o el impuesto a las grandes fortunas, no hay chances de que gane ni una sola partida en la cancha totalmente inclinada por los enemigos. No obstante, lo que vemos es lo contrario: un intento por neutralizar, a través de los dirigentes gremiales y sociales afines, cualquier respuesta de quienes vivimos del trabajo. Así lo han reconocido los popes de la CGT en su carta titulada «La pandemia no terminó» (11/11/20) cuando reconocen que lograron que se firmaran paritarias a la baja y que además fueron garantes de «la paz social en los momentos más difíciles». Y si bien durante estos meses ha habido múltiples respuestas desde abajo y por fuera de las direcciones dialoguistas (huelgas, tomas de tierra, movilizaciones, etc.) son demasiado pequeñas para lograr frenar un embate de esta magnitud. La división en el campo del pueblo opera como clara ventaja para el capital. La alineación de un amplio sector bajo la dirección de una fuerza dirigida por la burguesía nos impide unificarnos en la acción y frenar la ofensiva, como hicimos en 2017. Los índices alarmantes de pobreza y desempleo vuelven urgente que la voz del trabajo exprese su potencia en las calles.

La lucha de clases nos es un invento, ni un deseo, existe, tiene carácter objetivo. En este momento, la clase capitalista nacional e internacional, está dándonos una tremenda golpiza, se queda con una porción mayor de la riqueza e intenta consolidar nuevas relaciones de fuerza a su favor. Si no respondemos, las consecuencias serán durísimas y de larga duración. El FDT, por acción y omisión, está siendo cómplice de este golpe.

Como decían antes, hay que salir, con los dirigentes a la cabeza, o la cabeza de los dirigentes. Es ahora.

sendaguevarista

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