Líneas urgentes: sobre las tareas estratégicas y tácticas para la etapa.

Santiago Stavale

La pandemia reactualiza la consigna: socialismo o barbarie

Asistimos a un momento de crisis mundial que se ha acelerado brutalmente por la crisis del COVID-19. La crisis del capital que se agudiza desde 2008 (pese a los períodos de oxigenación que recibió vía expansión del capital ficticio) entró en una fase crítica acelerada por una pandemia que frenó el ciclo de producción y reproducción capitalista[1]. Ello resulta gravísimo para el capitalismo en sí mismo en cualquier circunstancia (ya significa la suspensión de su condición de existencia), pero se torna más grave aún si tenemos en cuenta que una de las vías para superar la crisis y acortar la brecha entre capital productivo y capital ficticio, era la de aumentar los ritmos de producción y circulación a niveles siderales. Cerrado este camino, entonces, el capital se encuentra frente a dos soluciones: la destrucción masiva de capital (y un nuevo proceso de concentración monopólica) y la superexplotación de los mercados rentables. Ahora bien, como los mercados rentables se han reducido (ellos son, entre otros, telecomunicaciones e industria farmacéutica –la carrera por la vacuna es un claro ejemplo-), la lucha por ocupar dichos lugares está siendo –y será aún más- descarnada. Al mismo tiempo la exigencia por superexplotar la fuerza de trabajo se multiplicará.

En ese contexto la disputa inter-imperialista se recrudece, algo que ya advertíamos pre-pandemia[2] pero que ahora se torna vertiginosamente más violento. Es que la situación de EEUU como potencia mundial se agrava. Si ya era una verdad a voces que la potencia norteamericana estaba en plena decadencia frente al avance del tándem Chino-ruso, en la actualidad (con la crisis sanitaria en su propio territorio y con un estallido social en ciernes[3]) su situación se torna exasperante. Como era de esperar, ello tiene repercusiones directas en nuestro continente que, hace rato, viene siendo un terreno clave de la disputa.

Como venimos viendo, la estrategia yanqui en dicha pelea ha sido la de la injerencia política indirecta a través de: golpes blandos[4], insurrecciones policiales inducidas, lawfare, campañas mediáticas y la preparación y financiación de partidos y movimientos de nuevo tipo así como de cuadros políticos[5]. Mediante dicha estrategia logró derrotar (parcial pero gravemente) a los gobiernos progresistas a través de la consolidación de una derecha neoliberal de corte fascistoide que, en algunos casos, ha llegado al gobierno y, en otros, ha corrido el amperímetro político netamente hacia la derecha. Si bien en el último tiempo hemos asistido al surgimiento de estallidos populares de diferente calibre que, por la crisis del COVID-19 tienden a generalizarse y agravarse, ello aún no ha redundado en el fortalecimiento de una contraestrategia popular y menos aún revolucionaria.

La pandemia ha dejado al descubierto lo brutal de esta estrategia neoliberal para la región. El resultado: la multiplicación de muertos[6], el colapso de los sistemas sanitarios, la multiplicación de los despidos, la parálisis de las economías y actividades “informales” (aspecto clave de las economías latinoamericanas) y el crecimiento estrepitoso de la pobreza estructural[7].

Ante este panorama, la respuesta ha sido mayor desidia estatal, mayor represión y un violento contragolpe ideológico consistente en la persecución de la izquierda y los movimientos sociales latinoamericanos a través de asesinatos políticos, masacres y un mensaje de odio (macartista, xenófobo, patriarcal, etc).

Por su parte aquellos países que, como Argentina, están intentando dar una respuesta alternativa a la pandemia, “responsable” sanitariamente y basada en un discurso neo-desarrollista, antineoliberal, democrático y “humanista”, encuentran un claro límite a su propuesta. El COVID-19 ha expuesto que sólo existen dos alternativas posibles ante semejante crisis: o se desarrolla a fondo el programa neoliberal (con sus importantísimas cuotas de ajustes y represión) o se lleva adelante un programa socializante que avance sobre resortes fundamentales de la economía.

Argentina: un diagnóstico necesario para tareas urgentes

La gravedad de la crisis mundial, la matriz productiva dependiente y la crisis de deuda en la que está sumida la Argentina, no permite una “tercera vía”. Si el plan sanitario no es acompañado por las medidas económicas necesarias[8], cualquier respuesta que quede a mitad de camino fracasará. Ello puede verse en la actitud que ha asumido el nuevo gobierno que expone una debilidad ostensible[9]. La oscilación constante entre medidas progresistas y conservadoras, de la que no puede salir, es una manifestación clarísima tanto de la disputa intestina que atraviesa (por el sentido y la orientación de su programa) como de la inviabilidad del neodesarrollismo como alternativa para la construcción de un país independiente y soberano (por demás demostrada a lo largo de la historia y por demás evidente en este contexto). Así, la falta de un rumbo definido comienza a ponerlo a merced de la extorsión mediática, hipotecando el amplio consenso conseguido a principios de su gestión.

Socialmente este escenario se traduce en una población hastiada del aislamiento que ya no respeta las disposiciones del gobierno; una pequeña burguesía en bancarrota; clases medias pauperizadas y una profundización de la pobreza estructural. Ello está generando un caldo de cultivo perfecto –ante la ausencia de una propuesta revolucionaria- para el fortalecimiento de un discurso fascistoide entre la población y el surgimiento de una alternativa política de aquellas características con perspectiva de masas, algo que se ha podido ver en este último tiempo con la aparición del movimiento anticuarentena (que tiene su expresión mundial y que en la mayoría de los países tiene características similares). Al interior de aquel movimiento conviven diferentes expresiones: terraplanistas, defensores de la dictadura, clase media gorila, clase media pauperizada, etc. Estas masas en absoluta disponibilidad son el material con la que el fascismo construye su fuerza, que sólo necesita unir las diferentes demandas en un discurso coherente. El problema es que del otro lado de la avenida no tenemos capacidad de enfrentarlos con una alternativa contundente. Es que, como dijera Enzo Traverso, asistimos a un momento en que las previsiones sobre el fin del mundo son mucho más creíbles y asimilables por las grandes masas que la posibilidad de un mundo mejor.

Hace años que el campo popular y revolucionario en nuestro país y en la región está paralizado. Luego de la derrota de las estrategias del socialismo del siglo XXI no hemos logrado recuperarnos ni rediseñar nuestras estrategias para la etapa. Ello nos ha dejado a la deriva a un montón de grupos que, lejos de asumir el problema con mayor unidad, hemos tendido a fragmentarnos y aislarnos cada vez más. En ese contexto existen una serie de preguntas que se reactualizan: ¿Qué hacemos ante esta inminente ofensiva imperialista en la región? ¿Cuál debe ser nuestra posición para el continente y para nuestro país? ¿Cómo enfrentamos el crecimiento de la derecha fascista? ¿Qué consecuencias tendría un nuevo triunfo de Cambiemos? ¿Qué posibilidades tenemos para revertir esta situación a corto plazo planteando una alternativa revolucionaria? ¿Y a mediano plazo?

Considero que el escenario que se avecina estará marcado por: 1. Una crisis política al interior de la coalición de gobierno expresada en la disputa por la dirección política y por la orientación del programa neo desarrollista en curso (de izquierda o de derecha); 2. La consolidación de una derecha fascista (más descarnada y menos democrática que la del 2015) que encontrará espacio político a partir del fracaso del programa de la coalición gobernante, y que desarrollará una estrategia basada en dos caminos paralelos y complementarios: la consolidación de una alternativa política “responsable” (vía Larreta) y el fortalecimiento de núcleos duros (cada vez más amplios) que impulsen la movilización e incluso aniden grupos de choque que operaren a través de la acción directa con ataques bien dirigidos a la militancia popular. Algo a tener muy en cuenta de lo que llamo lógica de “caminos paralelos y complementarios” es que no se agota ante el fracaso o la falta de resultados en uno de los dos caminos. Es que a pesar de que uno de los caminos no tenga éxitos inmediatos (y estoy pensando específicamente en resultados electorales), el otro se desarrollará paralelamente y a través de diferentes “tanteos”, mediciones de fuerzas (la simpatía que generó en un sector de la población la rebelión policial puede ser un ejemplo) y éxitos parciales, puede transformarse en el camino predilecto para el retorno al poder (el caso de Bolivia o Venezuela –aunque con diferentes resultados- son evidentes en ese sentido). 

Debemos ser conscientes de que resulta improbable que, a corto plazo, la izquierda anticapitalista y revolucionaria se erija como alternativa real a la coalición gobernante, y de que las posibilidades a mediano plazo dependerán de la capacidad que tengamos de frenar el avance de la derecha. En ese sentido, es necesario que lxs revolucionarixs hagamos un sinceramiento de nuestras fuerzas y de las perspectivas que de ello se desprenden y asumamos las tareas que exige el momento político que vivimos.

La tarea de lxs revolucionarios

En este marco, y ante este panorama, quedan planteadas dos tareas estratégicas que deben marcar el horizonte político de todas las organizaciones, grupos, colectivos y destacamentos revolucionarios en nuestro país si queremos revertir la situación en favor de las grandes mayorías:

1- Ganar tiempo político para la consolidación de nuestras fuerzas y para recuperar una correlación de fuerzas que permita enfrentar en mejores condiciones la crisis y ofrecer una alternativa política con aceptación e inserción de masas (esto se torna aún más imperante en la situación actual en la que los movimientos populares no pueden expresar plenamente su poderío de movilización en las calles).

2- Acelerar las síntesis que fueran necesarias para la construcción de un partido revolucionario.

Sobre el punto 2 no considero que sea necesario explayarme ya que parto de la certeza leninista sobre la importancia del partido revolucionario, certeza que se expresa con más claridad que nunca en momentos de crisis como los que hoy vivimos. Sobre el punto 1 diré que la correlación de fuerzas actual es sumamente difícil y negativa para los sectores revolucionarios. Si bien los estallidos populares muestran que la lucha de clases sigue dando oxígeno y poniendo freno a la avanzada imperialista y capitalista, lo cierto es que políticamente el pueblo sigue “desarmado” frente al enemigo. Pero aun peor, el enemigo -en su versión más violenta y antidemocrática- está armándose con suma rapidez, amenazando directamente los “consensos democráticos” que, hasta hace unos pocos años, eran indiscutibles. Somos conscientes que la democracia burguesa (y sus respectivas libertades) no es el sistema político por el que luchamos lxs revolucionarixs, sin embargo también somos conscientes de que cuanto mayores libertades democráticas y derechos consigamos (por mas burguesas que sean) más facilidades y terreno tenemos para hacer y masificar nuestra política. En ese sentido es que derrotar los intentos de la derecha fascistoide por romper el “consenso democrático” asume una importancia de orden estratégico –aunque ello, a corto plazo, signifique la continuación de un gobierno burgués como el actual.

Partiendo de esa certeza, quedan planteadas una serie de tareas tácticas que lxs revolucionarixs debemos encarar de manera urgente y simultánea:

1- Acelerar los procesos de confluencia entre aquellas organizaciones que compartan la importancia y urgencia de construir un partido revolucionario, priorizando coincidencias (de lectura y análisis de la etapa) y postergando diferencias (referidas a las tradiciones políticas, históricas, etc.).

2- Avanzar en la construcción de un frente político y social amplio donde presentar un programa alternativo para la Argentina que sirva como polo político y de propaganda permanente. Debe tratarse de un frente con objetivos a mediano y largo plazo, con trabajo de masas e identidad propia. Entenderlo sólo como una plataforma electoral sería un error de orden estratégico. Aquel frente, además, debería diseñar una política de autodefensa de masas.

3- Alentar la formación de un frente o coordinadora en defensa de las libertades democráticas y contra el fascismo. Este frente debe estar compuesto por un espectro muy amplio de organizaciones sociales y políticas muchas de las cuales, incluso, forman parte de la coalición de gobierno actual. Debe tratarse de un frente de carácter defensivo, que acuerde declaraciones públicas y movilice frente a ciertas coyunturas y/o maniobras de la derecha fascista, e incluso salga a defender algunas medidas del gobierno nacional en caso de ser necesario.

Es importante remarcar que las tareas anteriormente expuestas deben realizarse de manera simultánea. Es muy común que en las discusiones entre las organizaciones de izquierda tiendan a reproducirse lógicas de razonamiento dual (dicotómico) y no dialéctico. Así, por ejemplo, están quienes defienden la idea de que para embarcarse en un frente amplio (aunque sea defensivo) no se puede mostrar debilidad ante las demás fuerzas que lo compongan. De este modo la prioridad (exclusiva y absoluta) pasa a ser el desarrollo de fuerzas propias, suspendiendo toda intervención política hasta tanto no se tenga una correlación de fuerzas favorable (momento que suele no llegar nunca). En la otra vereda, se encuentran aquellxs que preocupadxs por salir del ostracismo y abandonar la condición de marginalidad política proponen arriesgar las pocas fuerzas con las que se cuenta comprometiéndolas en alianzas que terminan hipotecando el rumbo estratégico.

Ambos razonamientos, resultante de un pensamiento antidialéctico, transforman en antagónicas dos tareas necesarias y complementarias (aunque contradictorias), llevando a nuestras organizaciones a dos desviaciones muy comunes: el estrategismo (“somos pocos pero revolucionarios”) o la deriva estratégica (“somos muchos pero sin banderas”).

Una política correcta, por el contrario, debe ser aquella que no abandona la construcción de la herramienta estratégica (el partido) pero mientras tanto interviene en la coyuntura política (con la flexibilidad táctica y asumiendo los riesgos que ello requiere y supone). Debemos estar preparados para cualquier situación que nos presente la lucha de clases. La dinámica de ésta puede sorprendernos, no podemos descartar un estallido de masas que cambie rotundamente el escenario político (al estilo chileno), y para ello tenemos que avanzar y consolidar el partido (única herramienta que puede dar respuestas a esos cambios rotundos de coyuntura). Pero, al mismo tiempo debemos actuar e intervenir en función de lo previsible, de lo “esperable”, y hasta ahora todos los análisis nos muestran que la derecha tiene un campo mucho más fértil que nosotros para avanzar. En ese contexto no podemos dejar de realizar las tareas que sean necesarias para frenarla.

En estos tiempos, más que nunca, debemos seguir como mantra el famoso aforismo gramsciano: pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad… hasta vencer.

Notas


[1] Ello puede registrarse en la caída estrepitosa de los PBI de la mayoría de los países del mundo. Así, según Trading Economics, los EEUU registran una caída del 31%, la Unión Europea del 11% y el Reino Unido del 20,4%. Según aquella estimación solo Rusia (0,3%) y China (11,5%) registran valores positivos. (https://tradingeconomics.com/country-list/gdp-growth-rate?continent=g20)

[2] La guerra comercial desplegada por la administración de Donald Trump ante el papel cada vez más gravitante de China era una manifestación cabal de ello, entre otras.

[3] Noam Chomsky: “Hay riesgos inminentes de una guerra civil en Estados Unidos”. https://www.pagina12.com.ar/293276-noam-chomsky-hay-riesgos-inminentes-de-una-guerra-civil-en-e

[4] Según el filósofo Gene Sharp, uno de los ideólogos de estas nuevas modalidades golpistas, los “Golpes blandos”  pueden desarrollarse por etapas jerarquizadas o simultáneamente. Consisten en cinco etapas: ablandamiento (empleando la guerra de IV generación), deslegitimación, calentamiento de calle, combinación de diversas formas de lucha y fractura institucional. Si no es logrado este último objetivo se puede preparar el terreno para una intervención militar o el desarrollo de una guerra civil prolongada, la promoción del aislamiento internacional y el cerco económico.

[5] Un ejemplo claro de ello es la Fundación Libertad, “think tank” formadora de políticos argentinos que  articula con fundaciones e instituciones de los partidos Republicano y conservadores de EEUU. Entre ellas cuenta la La Fundación Heritage o el Manhattan Institute for Policy Research.  (https://www.lapoliticaonline.com/nota/101760-fundacion-libertad-el-think-tank-con-vinculos-republicanos-para-acercar-a-macri-con-trump/). Otro ejemplo es la Fundación Red de Acción Política (RAP), organización que también dedicada a la formación de la dirigencia política argentina, auspiciada y financiada por embajadas y multinacionales, grandes bancos privados, y las principales empresas locales de propiedad de las familias Urquia, Rocca, Pagani, etc. (https://stripteasedelpoder.com/2017/07/el-rap-del-poder/)

[6] Hasta el 25 de septiembre los países que encabezaban el ranking de muertes en América Latina eran Brasil (139.808), México (75.439), Perú (31.870) y Colombia (24.746). Mientras tanto Argentina ocupa el quinto lugar con 14.766, mientras que Cuba se ubica en uno de los últimos escaños con sólo 118 muertos (Fte: https://es.statista.com).

[7] Según la CEPAL se estima que la región tenga una caída del 9,1% del PBI en el 2020. A su vez la caída del PBI hasta junio de 2020 en los principales países del continente ya registran los siguientes números: Brasil (-8%), México (-7,5%), Argentina (-7,3%), Colombia (-4,9%), Perú (-12%), Chile (-4,3%), Ecuador (-7,4%). Por otro lado se espera que la tasa de desocupación regional se ubique alrededor del 13,5% al cierre de 2020, lo que significa un aumento del 5,4 % respecto al registrado en 2019, lo que significarán 44,1 millones de desocupados. Por otro lado, la pobreza se proyecta en un incremento de 45,4 millones de personas en 2020, con lo que el total de personas en esa condición pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población latinoamericana (Fte: https://www.cepal.org/es/comunicados/contraccion-la-actividad-economica-la-region-se-profundiza-causa-la-pandemia-caera-91; https://es.statista.com).

[8] En términos generales un programa que contemple los siguientes puntos: 1-Declarar el no pago de la deuda externa; 2. nacionalización de la banca y centralización de los recursos financieros -control estatal de todas las divisas- para una política económica planificada y dirigida a atención de la emergencia sanitaria; 3. impuestazo a las grandes riquezas; 4. plan de reconversión productiva industrial y agraria urgente dirigida a abastecer el sistema sanitario y las necesidades de abastecimiento general de la población; 5. política ofensiva de control de precios (una posible solución: la creación de una cadena de hipermercados estatal y la reglamentación de multas y confiscación de stocks para quienes violen la ley de precios); 6. Política antidespidos: apertura masiva de libros contables de empresas para revisar la realidad financiera de cada una y en función de ello, penalizaciones por incumplimiento de la ley (+obligación a reincorporar a los despedidos) o subsidio a aquellas empresas que no puedan hacerse cargo realmente de los costos de sostenimiento de personal (pymes sobre todo); 7. Aumento y ampliación significativa de la AUH.

[9] Así, por ejemplo lanza medidas que tienen un sentido progresivo para rápidamente retractarse sometiéndose a la extorsión mediática (Ej: Vicentin, impuesto a las riquezas).

sendaguevarista

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