Lo que se expone con el desalojo en Guernica: el gobierno del PJ y la derechización del Frente de Todxs

Por Lucas S.

Ayer fue un día de impotencia, frustración y rabia ante la injusticia. Sin dudas, el desalojo represivo en Guernica acentúa la tendencia sostenida del Frente de Todxs hacia la derecha. Del “todos” va quedando poco. Ya se podría decir de “algunos”, de los más ricos, de los grandes propietarios y terratenientes. Un gobierno que llegó con la promesa de combatir a la derecha y desarrollar políticas progresista, ayer mostró nuevamente su faceta más cruda. El lema “poner a la argentina de pie” podría acompañarse con un: “para los grandes empresarios”. Se les cayó la careta progresista, que ya colgaba de un hilo.

El camino político del gobierno hacia la derecha – si es que no fue siempre así mientras se maquillaba y aparentaba otra cosa- comenzó con su propio armado, con la alianza y la conformación del frente con sectores y figuras claramente de derecha; para nombrar a algunos, tenemos a Massa, Felipe Solá, Berni y tantos otros. Esto delineaba, en un principio (como decía en “Los límites políticos del Frente de Todxs”[i]), a dos sectores dentro del frente, uno progresista en la figura del kirchnerismo y otro conservador en el Partido Justicialista. Ya esta dualidad es difícil de identificar y encontrar. Las políticas progresistas que impulsaron miembros del primer sector, como Máximo Kirchner y Carlos Heller, con la propuesta del impuesto a las grandes fortunas, van quedando en suspenso y poco a poco en la nada. Así también personajes ligados a este bloque, como Kicillof, con la orden de desalojar y reprimir, Berni con su ejecución y Leandro Santoro con su justificación del accionar en defensa de la propiedad privada, quedan expuestos y pierden su apariencia progresista ante las decisiones políticas antipopulares. Por lo tanto, el mando y la dirección política del frente se evidencia en manos del PJ, imponiendo el orden (y con ello la propiedad privada de los grandes capitalistas) y con el acompañamiento y la conciliación de las partes otrora progresistas. La definición clave para caracterizar al gobierno es que es un gobierno del PJ. 

¿Qué significa que el gobierno sea del PJ? Que los sectores más conservadores y de derecha están manejando los hilos de la política actual. Es más seguro que sigan las concesiones a la derecha y las políticas antipopulares antes que las medidas progresistas. No se pueden esperar las mínimas políticas progresistas que se llevaron adelante anteriormente por el kirchnerismo. Medidas como fueron la disputa contra los oligarcas del campo, la ley de medios, o la media nacionalización de YPF serían repetibles hoy. Esto tampoco es una gran sorpresa ya que el mismo Alberto Fernández criticó estas medidas en su momento y producto de esto se alejó del gobierno de Cristina Kirchner. Se ve que el gobierno de turno es una versión mucho más conservadora de lo que fue el kirchnerismo y ni siquiera puede realizar esas mínimas políticas que en su momento fueron progresistas. El progresismo se deja atrás en pos de un giro a la derecha.

El giro a la derecha se entiende por varios puntos. Uno, por el rol histórico del PJ en su política conciliadora. Dos, por la oposición a la que se enfrenta, distinta a la que se opuso el kirchnerismo anteriormente. La oposición conformada y consolidada por el frente Cambiemos tiende a correr la actualidad política y a polemizar con el gobierno con críticas de derecha, en simples palabras, lo corre por derecha. Y esta presión hace que el gobierno tenga que responder a los sectores representados por la oposición, quienes ocupan la calle y parecen ser más escuchados que los movimientos populares. Así ceden en políticas que le generan malestar a la derecha como se ve con la vuelta atrás a la expropiación de Vicentin, la demora y el silencio sobre el impuesto a la riqueza y, ahora, la represión y el desalojo en Guernica y el fin del tal mencionado “Proyecto Artigas” en defensa de la propiedad privada de la clase terrateniente. Además se presentan como el “capitalismo bueno” y “donde todos ganan”, defendiendo al capital y apostando por una forma desarrollista antes que financiera y especuladora, con lo que caracterizan al Macrismo. Ejemplos de estos hay muchos: el programa de explotación minera donde no hay grieta y que unifica al Frente de Todxs y a Cambiemos[ii], el ATP dedicado a pagar los sueldos de los CEOs de empresas millonarias como Techint, la reunión en la mansión de Jorge Brito entre Máximo Kirchner, el presidente de la UIA y otros empresarios y políticos de peso[iii], los encuentros de Alberto Fernández con los grandes capitalistas argentinos, entre ellos Magnetto con quien hasta se abrazó, etc. De esta forma se lucen como la mejor apuesta para los empresarios, con quienes mejor les irá y con quienes sacarán más ganancias. En síntesis, es una jugada para ganarse a los capitalistas y que no queden del lado de la oposición. Refuerzan más la relación y la cercanía con los empresarios que con los sectores populares. 

Esto no quita que su caricatura progresista deje de sostenerse. El discurso por un país de todxs, por la justicia social, por cuidar la vida con las medidas de prevención por cuarentena van a seguir repitiéndose pero ya no deben confundirnos. Por más que quieran adornar el ajuste y la represión  con frases sobre la igualdad y la justicia, no podrán esconderlos. Los hechos, más que las palabras, marcan el proceso político. El caso Techint, el impuesto a las grandes fortunas y Guernica dejan el terreno libre de dudas, clarifican la posición del gobierno. Su derechización es un hecho. No para igualarlo con el Pro pero sí para marcar rumbos y políticas similares en algunos aspectos. El extractivismo, la represión y la defensa de la propiedad privada de los grandes terratenientes es una continuidad que une a los dos gobiernos.

Como repasábamos en “A 10 meses de gobierno del Frente de Todxs”[iv], las políticas llevadas adelante descargan el resultado de la crisis sobre los sectores populares y la clase trabajadora. Algunas de estas son: la ausencia de paritarias o los incrementos insuficientes de los sueldos dentro de la situación de pandemia que inmoviliza a las organizaciones para la implementación del ajuste, con sueldos a la baja por la inflación, las suspensiones y despidos que se permitieron pese al decreto ineficaz que los prohibía, el reconocimiento y el arreglo para el pago de la deuda con los bonistas y el comienzo de la negociación con el FMI que siempre incide sobre las políticas locales y que somete al país a continuar y profundizar la dependencia económica con los grandes capitales del mundo. Todo esto sumado a que atravesamos una crisis brutal producto de la pandemia por el COVID-19, además de la herencia económica crítica legada del macrismo, se expuso numéricamente en los últimos datos de pobreza y desocupación brindados por el INDEC. Según este camino que toma el gobierno, antes que procurar el presupuesto para reducir la pobreza y la desocupación, lo dedica para el pago de una deuda ilegítima y que no favorece al pueblo. Así se ponen los compromisos capitalistas por encima de la calidad de vida de las personas.

Esta misma crisis es la que produjo y llevó a miles de familias a ocupar los terrenos en Guernica y en tantos otros territorios. El gobierno, en vez de hacerse cargo de la situación y darles una respuesta para solucionar el problema de vivienda, decide expulsarlas a tiros, destruirles las pequeñas casillas que habían construido, denunciarlas, detenerlas, humillarlas. Esa es su política con los sectores populares, no de solidaridad y acompañamiento sino de represión y violencia, no hay vuelta que darle. Mientras, los medios masivos de comunicación quieren instalar que quienes tomaron los terrenos son manipuladores, ventajeros y buscan sacar plata con los mismos, lo que realmente se expone de fondo es la necesidad de muchos que no tienen garantizado el derecho a la vivienda, que viven en malas condiciones, hacinados, sin agua, sin luz, ni siquiera con un hogar donde vivir. Pero al gobierno parece no importarle. Con el gesto de ayer se ubica definitivamente en uno de los dos bandos, porque entre explotadorxs y explotadxs no hay tercera posición. Así se pone a defender la propiedad privada de los privilegiados, de los que concentran miles y miles de hectáreas, de los terratenientes. Sus ministros salen a decir por la tele, en medios que aparentan ser progresistas, pero que no lo son, que defienden la propiedad privada, manteniendo en alto uno de los pilares fundamentales del sistema capitalista sin problematizarlo y en detrimento del derecho a la casa propia. Parece que la propiedad privada vale más que el derecho a la vivienda o más que la vida de la gente, porque lo que se vio en Guernica fue una represión brutal que no tomó en cuenta las miles de vidas que ocupaban esos territorios. La propiedad privada enceguece, reprime y mata.

Al gobierno se le cayó la careta. Estos últimos dos párrafos van para esas organizaciones y movimientos populares y de izquierda (no sé si ponerlo entre comillas o no) que aún confían en el gobierno y siguen dentro para disputar contra la derecha. No hay más dudas que la derecha está ahí mismo, en el Frente de Todos, y que direcciona su política a seguir. El recorrido trazado hasta aquí en las distintas medidas antipopulares da cuenta de eso. Si, a pesar de esto, la estrategia sigue siendo permanecer dentro del Frente con la esperanza de cambiar su rumbo, la decisión es equivocada y no lo digo por soberbia sino por los hechos que se presentan. Confío o quiero confiar en que esos espacios no pueden seguir ahí adentro si se pretenden populares, no pueden seguir abrazándose y acompañando un proyecto que reprime a los más pobres que no tienen ni techo ni trabajo. ¿Qué va a pasar con la UTEP, Barrios de Pie (que formaba parte de la recuperación en Guernica), el Frente Patria Grande y tantos más? ¿Van a seguir adentro, confiando en el gobierno, mientras pisotean y reprimen a sus compañerxs? Las tensiones dentro del frente ya vienen apareciendo desde el comienzo pero Guernica marca un precedente que no puede tolerarse ni aceptarse. El movimiento popular no puede ir de la mano con sus verdugos, con quienes lo reprimen.

 Por esto es necesario construir un espacio político de izquierda y popular, por fuera de los sectarismos y por fuera de los gobiernos opresores y conciliadores. Un espacio que agrupe a los movimientos populares y a la izquierda independiente y que le dé forma a un programa socialista que modifique la realidad estructural de nuestro país. Cualquier alianza con el partido del orden y con quienes siguen conciliando nos aleja de esto. Estamos en la tarea de reagrupar la potencia del pueblo para que lo de Guernica no suceda más, para garantizar el derecho a la vivienda, para que las condiciones de vida sean dignas. Como dirían nuestrxs compañerxs chilenxs: hasta que la dignidad se haga costumbre. 

 Notas

[i] Los límites del Frente de Todxs, https://sendaguevarista.org/2020/07/02/los-limites-del-frente-de-todxs/

[ii] Extractivismo o soberanía, definiciones estratégicas en tiempos de crisis, https://sendaguevarista.org/2020/08/18/extractivismo-o-soberania-definiciones-estrategicas-en-tiempos-de-crisis/

[iii] La pandemia es el otro, https://www.baenegocios.com/columnistas/La-pandemia-es-el-otro-20200702-0148.html

[iv] A 10 meses de gobierno del Frente de Todxs.Balances y perspectivas, https://sendaguevarista.org/2020/10/14/a-10-meses-de-gobierno-del-frente-de-todxs/

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