Las cifras que espantan y los caminos a ninguna parte

El Mecha

Durante los últimos días de septiembre el Indec publicó algunos datos estadísticos que ponen sobre fríos números la debacle económica y social que estamos atravesando, como consecuencia de la pandemia y la grave situación económica anterior[1]. Las publicaciones se iniciaron el martes 22, cuando se dieron a conocer las cifras del PBI, que muestran una estrepitosa caída del 19% interanual. Los analistas señalan que desde que se mide de forma trimestral nunca hubo una pendiente de esa magnitud. La brusca contracción supera a la del primer trimestre de 2002, cuando el derrumbe registró un 16,3%, luego de la crisis, default y el fin de la convertibilidad. Incluso, durante la crisis de 1930 el PBI se contrajo un 14%, entre 1929 y 1932. Desde luego, esto se produce en un contexto global  de agudización de la crisis capitalista a causa de la paralización que provocó la pandemia. Excepto China, que crece un 3% – muy lejos de las históricas «tasas chinas»- todas las economías del planeta se derrumban. A modo de ejemplo: EEUU -9,1%; Alemania, -11,3%; Brasil, -11,4%; Reino Unido, -21,7% y España, -22,1%. En nuestro caso, la pandemia se monta sobre una economía en recesión, con una crisis que tiene al menos una década y un programa de ajuste brutal y endeudamiento récord, durante la gestión de la Alianza Cambiemos.

El organismo estadístico fue publicando más datos durante toda la semana e inicios de la siguiente. La caída de la actividad económica se traduce necesariamente en otras esferas, como el empleo. La desocupación, como es lógico, aumentó considerablemente. Según el Indec subió tres puntos, del 10,4% al 13,1%, respecto al período previo. Pero el dato no refleja la gravedad de la situación. En realidad, por la caída de la actividad económica, tres millones y medio de personas dejaron de buscar trabajo. La desocupación hubiera llegado al 29% si esa masa de laburantes no hubiera salido del mercado de trabajo. La situación de la pandemia generó un derrumbe brutal del empleo en el rubro de asalariados no registrados (-44,7%), pequeños comerciantes (-42,9%)  y cuentapropistas (-29,7%). Casi cuatro millones de puestos de trabajo menos.

Frente a este panorama desolador, una de las respuestas gubernamentales ha sido el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia). Apenas 10 mil pesos por núcleo familiar, que están llegando a la cuarta cuota, en seis meses de cuarentena. Sin dudas han sido un paliativo, pero muy magro. Otro ha sido el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), que posterga las cargas patronales, otorga créditos y se compromete a cubrir el 50% de los salarios de los empleados del sector privado. Muchas veces la única parte del muy devaluado salario que cobraron lxs laburantes.

Como es de esperar, las cifras de la pobreza -publicadas el último día de septiembre- crecieron de forma dramática. Para el primer semestre de 2020, los datos indican que el 40,9% de las personas cayeron por debajo de la línea de la pobreza, de las cuales el 10,5% son indigentes. Los números se tornan escandalosos entre menores de 15 años, donde la cifra alcanza al 56,3% y cerca del 50% en personas de 15 a 29. La situación se agudiza aún más en el segundo semestre, donde se estima que la pobreza trepó al 47,2% y la indigencia al 12,4%. ¡La mitad de nuestrxs compatriotas son pobres!

Este escenario, además, ha agudizado la desigualdad: la brecha per cápita familiar entre el 10% de la población con mayores y menores ingresos se amplió de 16 a 19 veces, otra vez según datos del Indec.

La Triple B

Sabemos que estos números podrían llegar a atenuarse levemente una vez que pase la pandemia, sin embargo la situación es dramática hoy. Y se ve, en las calles, en los barrios, en las tomas de tierras. Mientras tanto, el gobierno se ahoga en su tibieza sin fin y no termina de tomar una sola medida que afecte a los poderosos, como advertíamos allá por junio[2]. A la par que da respuestas que preocupan y entendemos son contrarias a las aspiraciones de quienes votaron al FDT desde una perspectiva progresista. Mientras atravesamos por esta situación, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, el distrito más populoso del país, anuncia «el plan de seguridad más grande del que se tenga memoria»: 10 millones de pesos en equipamiento policial. Cifra que se tuvo que ampliar para dar respuesta a la insubordinación de la bonaerense, que se produjo a los pocos días de este anuncio. En paralelo, el ministro de inseguridad de la provincia viene redoblando su campaña publicitaria hollywoodense (FBA), y desfila por todos los medios con su demagogia punitiva al mejor estilo Blumberg, Bullrich o Bolsonaro. ¿Será un keynesianismo del gatillo fácil? ¿O es que el único futuro que prevén es el de la perpetuación violenta de la miseria planificada?  El ministro Berni, a quien le deberían haber pedido la renuncia hace rato por el caso de Facundo Astudillo Castro o por su demostrada inoperancia frente al levantamiento policial, se encarga de fortalecer y propagar las ideas reaccionarias y fascistoides con el aval del gobierno provincial y nacional, y con los recursos de todxs lxs bonaerenses. La única duda que queda es si «le hace el juego» o es la «mismísima derecha». Por nuestra parte hay una certeza: muchos silencios lo sostienen.

¿Soluciones?

En sentido diferente, el Ministro de Desarrollo Social anuncia que una de las claves de la reactivación de la economía sería el plan para urbanizar 4 mil barrios. Nos parece bien. Hasta ahora solo hemos visto cómo desembolsaron guita para los milicos. La toma de Guernica deja a las claras que tierra, trabajo y techo son necesidades apremiantes en la Argentina de la «Pobreza 50».

De todas maneras, hay que tener claro que las dimensiones estructurales de la crisis no se resuelven con un plan de vivienda. Y acá, entonces, es necesario ver cuáles son los grandes trazos del programa del gobierno. Lamentablemente hay que decir que no hay buenas noticias en este terreno. Argentina enfrenta una de sus típicas crisis del sector externo, que se manifiesta en la falta de divisas, necesarias para todo tipo de importaciones, ya sea bienes de uso, maquinarias o insumos industriales. Y que la administración actual necesita también para seguir pagando la fraudulenta deuda externa. En este sentido, ya de antes de la pandemia, se evidencia que el gobierno se juega todo a la profundización del extrativismo agro-minero, como «salida» para el país. De ahí la presión sobre Mendoza y Chubut por eliminar las leyes que traban la megaminería en ambas provincias (7722 y 5001, respectivamente). Los anuncios, hoy devaluados, sobre Vaca Muerta. El proyecto de la  Hidrovía Paraguay-Paraná. La muy reciente aprobación de un trigo transgénico (trigo HB4) y sobre todo la idea de apostar al alza de precios que vive la «santa soja». A ellos se suma el mega proyecto de exportación de cerdos a China. Una idea que hasta parece una broma de mal gusto, en el medio de esta pandemia y con el dato de que en el país asiático se sacrificaron alrededor de 200 millones de cerdos a causa de la gripe porcina africana, de alarmante potencial pandémico. Al margen de la contaminación y la brutalidad del formato de granjas industriales. Todas estas vías quizá puedan llegar a ser proveedoras de los ansiados dólares, pero no resolverán – como no lo han hecho hasta ahora, ni siquiera durante el boom de los commodities/«década ganada»- ni el subdesarrollo, ni la dependencia, ni la desigualdad. Y peor aún, agravará la crisis ambiental que, como ha quedado ampliamente demostrado en estos últimos meses, es bien tangible y concreta. No se trata de «animalitos exóticos», ni el deshielo del polo norte. Es acá, en tu casa, es la propagación del cáncer por las fumigaciones, las inundaciones alternadas con las sequías, la contaminación de los cursos de agua, el humo irrespirable de las quemas, etc.

Nerón, Nerón, que grande sos

Las miles de hectáreas incendiadas en unos pocos meses en las piras del agronegocio y la especulación inmobiliaria son una clara demostración de la inviabilidad de este modelo para nuestro pueblo y todo el ecosistema. Los incendios ya destruyeron más de 430 mil hectáreas en todo el país. El equivalente a más de 21 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires o 430 mil canchas de fútbol. Que los incendios son intencionales no cabe ninguna duda. Mientras, el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, decía que «a la naturaleza no la parás con un decreto» o responsabilizaba a «los kayakistas»; el gobernador de Córdoba se refería genéricamente a «irresponsables que prenden fuego», igual que el ministro de Agricultura, Luis Basterra, que habla de la posibilidad de que haya sido un «transeúnte que prendió fuego porque sí». Hay campos que se prendieron fuego más de doscientas veces en cuatro años. La mayoría, lamentablemente, tiene dueños. No debe ser tan difícil encontrarlos. Según el poco eficaz Ministro de «Ambiente», cerca del 95% de los incendios son intencionales. No hay dudas. Lo pone en evidencia el hecho que nunca se prenden fuego las plantaciones de soja o maíz transgénico, mientras se incendian humedales, el monte nativo y los bosques. Los diferentes gobiernos (nacional, provinciales y municipales) junto al poder judicial han sido cómplices o coautores de este ecocidio. Somos víctimas de un plan sistemático empresarial/estatal para prender fuego el monte nativo y los humedales. La desquiciada lógica capitalista, motorizada por el lucro, avanza sobre los espacios que permanecen por fuera de su dominio absoluto con el único lenguaje que conoce: la mercantilización y la muerte.

Los daños son irreparables. Es imprescindible evitar su repetición, como han reconocido diferentes gobernantes. Pero para eso hay que enfrentar al agronegocio y la especulación inmobiliaria. El capitalismo. ¿Quién está dispuesto a hacerlo? Desde arriba, nadie. No hay grieta por ahí.

Rosa

No hay ningún realismo pragmático que nos pueda conducir a acordar con este modelo. Un sistema productivo que destruye el ambiente, extranjeriza la economía, acentúa la desigualdad, genera pocos puestos de trabajo y además es el magma podrido de donde brotan las subjetividades de derecha.

Un programa popular debe partir, sin dudas, de la auditoria y suspensión de la deuda externa fraudulenta. Recuperar los recursos que se devora el cáncer de la deuda perpetua resulta indispensable. Debe apostar a la soberanía alimentaria, a un sistema productivo que no destruya nuestro pedacito de planeta, al reparto justo de la producción social. Debe abandonar el lucro como motor económico, para guiarse por la búsqueda del bienestar social y ambiental.

Ese programa sólo es posible con la fuerza del pueblo laburante. Y he aquí otra lección que la pandemia y la cuarentena han dejado patente: Toda la riqueza de este mundo la producimos nosotrxs, lxs laburantes. «Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere nuestro vigoroso brazo», nuestras poderosas mentes. ¿Dónde quedaron las máquinas que trabajan solas, el capital financiero que se auto valoriza y los empresarios que «hacen que las cosas sucedan»?

Tenemos que imponer nuestro programa. Nadie dice que es tarea fácil, pero resulta más necesario y urgente que nunca. Los miles de conflictos por salarios o por los puestos de trabajo; las batallas feministas por los derechos; las movilizaciones en defensa de los bienes comunes, por los derechos humanos; las luchas por la vivienda y las ollas populares sostenidas con el esfuerzo solidario son los ejemplos que nos marcan el camino. El Capitalismo «bueno», «serio» o «donde todos ganan» es una quimera absurda, es una mentira criminal. Toda nuestra fuerza corporal, mental, moral y social debe apuntar a construir las bases que nos acerquen al objetivo de trascender este sistema de explotación y devastación, para poner en pie la patria de la humanidad nueva. Más vigente que nunca, como diría Rosa, «Socialismo o Barbarie».

Notas


[1] En el sitio oficial se puede acceder a los informes: https://www.indec.gob.ar/indec/web/Institucional-Indec-InformesTecnicos

[2]https://sendaguevarista.org/2020/06/30/teoria-y-practica-de-la-conciliacion-de-clases-en-tiempos-de-pandemia/

sendaguevarista

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