Freire: entre la educación popular y las revoluciones

por Mauro Conte

Eso es lo que la Revolución, como Revolución y como gran muestra, nos ha ido enseñando a todos nosotros. Y por lo pronto toda revolución es un extraordinario proceso de educación. Por eso, revolución y educación es una sola cosa.

Fidel Castro, 9 de abril de 1961

Hablar de educación popular o pedagogía de la liberación, indudablemente  nos conduce a los caminos del gran pedagogo Paulo Freire, que con su método educativo revolucionario cambió los métodos pedagógicos de alfabetización, su práctica y su pensamiento fueron una herramienta de emancipación para miles de latinoamericanos en el ámbito de la educación y en el de las luchas sociales y políticas, poniéndose al servicio de las clases subalternas mediante una postura revolucionaria en la educación y en la vida.

Freire, político, escritor, pensador, revolucionario y el pedagogo más influyente del siglo XX, nace el 19 de septiembre de 1921 en Recife, al noreste de Brasil en la capital del Estado de Pernambuco. Proviene de una familia de clase media-baja, víctima  de las depresiones económicas de la crisis de la década del treinta, palpando desde temprana edad  las desigualdades y los padecimientos de su pueblo. Brasil, en los años sesenta, tenía  más de la mitad de su población analfabeta. Freire ve que a través de la alfabetización y de la educación popular de adultos es posible lograr la liberación de las personas para que puedan comprender su realidad y transformarla, para comprometerse como sujetos políticos en la historia.

En el año 1960 Freire, junto a otros alfabetizadores, funda el Movimiento de Cultura Popular (MCP) en el que amplía su concepto de alfabetización y de educación de adultos, pudiendo aplicar en la praxis su método en la localidad de Angicos en Río Grande del Norte, donde enseña a leer y a escribir a alrededor de 300 trabajadores y trabajadoras de las plantaciones de caña de azúcar. Comienza aplicando su método de alfabetización  basado en la comprensión de su lenguaje popular, en el modo de expresión cotidiano y en la concientización de los debates políticos, económicos, sociales e históricos que atravesaban las comunidades. Con el propósito  de alfabetizar, desarrolló un método que fue mucho más que juntar sílabas, fue un proceso de concientización de las personas para sacarlos de la cultura del silencio (el analfabetismo)  para apoderarse de la lectura y escritura como un arma política. Freire considera que el universo delvocabularioes el conjunto de palabras con que los sujetos interpretan el mundo, conteniendo los temas y problemas que son significativos para los educandos, articulando a estos sujetos su experiencia existencial con las dificultades estructurales de su realidad.

Reconoce en sus lecturas a José Martí, héroe nacional cubano, unos de los pensadores y pedagogos más influyentes en la cultura y educación del siglo XIX en América, considerado por Fidel Castro el autor intelectual de la revolución cubana. A Freire le llegan noticias de la revolución cubana cuando trabaja en Recife con el Movimiento de Cultura Popular (MPC). Germano Coelho, presidente de ese movimiento, fue invitado a visitar Cuba, regresando con la cartilla cubana[1] de alfabetización en momentos en que el movimiento buscaba un método de alfabetización que ponga en primer plano lo político.

Estas  cartillas podrían haber sido un puntapié para la consolidación  del propio método de Freire, en relación al concepto que llamará luego, la palabra-generadora.

La teoría pedagógica de Freire ponía en valor el conocimiento de esos trabajadores y trabajadoras que cortaban caña de azúcar, afirmando que tienen conocimientos adquiridos, que no son objetos sin conocimientos en su existencia. El médico, el abogado o un maestro no saben ni tiene la habilidad de cortar caña de azúcar, no son capaces de desarrollar la destreza para realizar ese trabajo, enseñándoles que no hay nadie más culto que otro, sino que hay culturas paralelas con procesos que arrastran historias socioculturales distintas, y que se complementan en la vida social. Mediante la alfabetización como práctica político pedagógica Freire busca transformarlos en sujetos que tomen conciencia de los problemas que lo aquejan en el mundo, para transformar la realidad histórica de miseria, opresión, esclavitud que sufría más de la mitad de la población analfabeta en Brasil, introduciéndolos en una visión crítica de sus realidades y comprometiéndolos en el camino hacia su liberación.

El método alfabetizador de Freire debe ser el primer paso para la acción- reflexión de las clases populares. La enseñanza de la lectura y escritura no debe enfocarse en un acto de enseñanza mecanicista, sino en  una concientización de la lucha de clases, de la humanización de la sociedad, de la lucha enérgica contra el imperialismo, las injusticias sociales y una reivindicación de acceso gratuito y de calidad de la educación y salud. El ejemplo de Paulo en América Latina dejó sembrado un campo de trabajo teórico y práctico en el que a lo largo de 40 años dejó plasmado en escritos, pero principalmente con su praxis, una base solida, un andamiaje seguro para los educadores y educadoras populares que educan para la liberación en todo el continente. Freire personifica un movimiento que va más allá de su persona y que lo nombra como un sujeto pedagógico colectivo

Este sujeto pedagógico colectivo, con una caracterización pedagógica que se posicione ante la realidad territorial y que apueste a la educación como herramienta fundamental de transformación cultural, es imprescindible para lograr revolucionar y consolidar el proyecto educativo, destinando nuestras fuerzas, conocimientos, capacidades, amor, comprensión, paciencia y nuestro tiempo a las clases sociales marginadas, a los trabajadores y a diversos sujetos sociales (indígenas, migrantes, sectores urbanos populares, infancias vulnerables, colectivos LGBT).

La dialogicidad es un punto central en la obra de Freire, es la esencia de la educación para llegar a la liberación, este concepto lo describe en su obra más conocida en el mundo, Pedagogía del oprimido, escrita en Chile y publicada en México en 1970.Toma el diálogo como un fenómeno humano que nos revela la palabra, como una herramienta que nos acerca a los sectores populares, a comprender su realidad, con un acto de fe, confianza y compromiso con los oprimidos. Freire en Pedagogía del oprimido  realiza una serie de preguntas para posicionarnos frente a esos sujetos de las clases populares, preguntas que nos sumergen en una autocrítica propia al momento del diálogo en la educación popular: ¿Cómo puedo dialogar si aliento la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí? ¿Cómo puedo dialogar si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros “yo”? ¿Cómo puedo dialogar si me siento participante de un “gheto” de hombres puros, dueños de la verdad y del saber, para quienes todos los que están fuera son “esa gente” o son “nativos inferiores”? ¿Cómo puedo dialogar si parto de que la pronunciación del mundo es tarea de los hombres selectos y que la presencia de las masas en la historia es síntoma de su deterioro, el cual debo evitar? ¿Cómo puedo dialogar si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido con ella?

El legado que Freire nos deja es que sin dialogicidad, sin humildad, jamás nos podríamos acercar al pueblo, a aquellos sectores vulnerables, golpeados con las injusticias del sistema capitalista, debemos acercarnos con humildad, amor, y escucharlos para poder sentir sus vivencias lo más cercanas posible. Una cuestión fundamental, para Freire, es que los educadores populares sepan cuál es su comprensión del acto de conocer, conocer para qué, conocer con quiénes, conocer a favor de qué, conocer contra qué, conocer a favor de quiénes, conocer contra quiénes y qué postura ideológica tomamos en el acto de enseñar, todas estas preguntas deberían realizarse en el ámbito de la educación popular.

Pedagogía del oprimido es un texto que contiene un claro ejemplo de la importancia de la dialogicidad, del acercamiento y admiración de Freire hacia el comandante Ernesto Che Guevara. Redescubrir  los senderos de Che como educador popular es indudablemente entrelazarlos con el camino de Paulo Freire y su pedagogía de la liberación.

El dialogo que el Che entabla con los campesinos en la Sierra Maestra es  lo que Freire llama dialogicidad de la educación, el diálogo como fenómeno humano que nos revela la palabra para transformar la realidad y mediante el cual nos reconocemos como tales. Ese acercamiento del Che a los campesinos, para que a través del diálogo conocer sus necesidades, sus sufrimientos y palpar sus pensamientos a través de la verdad en la palabra, de reconocer al otro, mostrándose como un hombre que no es diferente a sus realidades, sin creerse que es dueño del saber y la verdad, con humildad, sabiendo que es un diálogo con el pueblo mismo. Esta dialogicidad se ve reflejada en la educación popular, como una práctica educativa con carácter humanizante, pendiente de aquellos sentimientos que se desarrollan en el aula, en un espacio de escucha y comprensión de las realidades por las que atraviesan los estudiantes de los bachilleratos populares.

La comunión dialógica del Che con las masas de campesinos en Sierra Maestrase orientó en buscar a través del vínculo colectivo introducirlos en la comprensión del sistema que los oprime para llegar a la liberación.

Freire cita al Che en el texto:

“Fue así, a través de un diálogo con las masas campesinas, como su praxis revolucionaria tomó un sentido definitivo. Sin embargo, lo que Guevara no expresó, debido quizás a su humildad, es que fueron precisamente esta humildad y su capacidad de amar las que hicieron posible su “comunión” con el pueblo. Y esta comunión, indudablemente dialógica, se hizo colaboración.

Reconoce que su comunión con el pueblo dejó de ser teoría para convertirse  en parte definitiva de su ser, y al referirse a sus encuentros con los campesinos “leales y humildes”, en un lenguaje a veces evangélico, este hombre excepcional revelaba una profunda capacidad de amar y comunicarse”.

Reconoce que su comunión con el pueblo dejó de ser teoría para convertirse  en parte definitiva de su ser, y al referirse a sus encuentros con los campesinos “leales y humildes”, en un lenguaje a veces evangélico, este hombre excepcional revelaba una profunda capacidad de amar y comunicarse”.

El ejemplo solidario del diálogo dentro de la educación popular hacia los estudiantes es un proceso de generar la confianza, la escucha y el consejo hacia los alumnos y alumnas en relación hacia sus problemas personales, que desde el aprendizaje colectivo abre puertas para desarrollar sus potencialidades utilizando como herramienta principal la palabra. Sin esta dialogicidad- que Freire la hizo práctica en toda su vida como militante y educador popular- nos alejaríamos de las clases populares, reproduciendo la educación bancaria, la educación tradicional de un maestro que enseña y educandos que escuchan, procedimientos que los educadores y educadoras populares debemos concientizar para erradicar.

El acercamiento y la afinidad de Freire con el proceso revolucionario lo llevan a enriquecedoras experiencias de trabajo y de fusión con los sectores populares de los países donde deja su huella pedagógica. El 31 de marzo de 1964 se produce el golpe militar en Brasil al gobierno democrático de Joao Goulat, iniciando lo que iba volverse recurrente en Latinoamérica, con la participación activa de los Estados Unidos. Freire debe exiliarse en Bolivia pero ese mismo año otro golpe  militar lo sorprende allí impuesto por la junta militar boliviana, comandada por el general de aviación René Barrientos Ortuño, y nuevamente debe exiliarse, esta vez con destino a Chile donde años más tarde participa del proceso revolucionario del gobierno de Salvador Allende de la Unidad Popular. Allí dicta clases en la universidad de Santiago, desarrolla un amplio trabajo de alfabetización en áreas rurales y asesora diversos programas de capacitación vinculados con la reforma agraria.

Comparte sus experiencias de alfabetización trabajando para diversos países del continente africano: Guinea-Bissau, Angola, Cabo Verde, Sao Tome y Príncipe, la ciudad española de Granada y Nicaragua. Entra en contacto con procesos africanos a raíz de su estadía en Ginebra como consultor del Departamento deEducación  del Consejo Mundial de Iglesias (y su contacto con diversos procesos tanto de África como América Latina) donde comienza a trabajar en la alfabetización en 1970.  Su actividad más intensa y prolongada la realiza en Guinea-Bissau y Sao Tomé y Príncipe. Junto  a su equipo del Instituto de accióncultural (IDAC) fueron invitados en 1975 por el gobierno de Luiz Cabral (GuineaBissau) a colaborar en el diseño de la campaña de alfabetización. En Sao Tomé yPríncipe colaboró en la producción de los cuatro primeros Cuadernos de culturapopular. La educación como práctica política atraviesa toda la obra de Freire, haciendo referencia al aspecto político de la educación, nutriéndose de estos procesos revolucionarios tanto en África como en Latinoamérica estudiando y reflexionando sobre sus realidades, afirmando que el cambio para las sociedades oprimidas es la revolución:

El camino para la realización de un trabajo liberador efectuado por el liderazgo revolucionario no es la propaganda liberadora. Este camino no radica en el mero acto de depositar la creencia en la libertad de los oprimidos pensando conquistar así su confianza, sino en el hecho de dialogar con ellos. Es preciso convencerse de que el convencimiento de los oprimidos sobre el deber de luchar por suliberación  no es una donación hecha por el liderazgo revolucionario sino resultado de su concientización”

Invitado por el gobierno revolucionario para colaborar en la preparación de la Cruzada Nacional de Alfabetización, Freire estuvo en Nicaragua a fines de octubre de 1979 trabajando particularmente en el equipo encargado del diseño de la metodología,siguiendo estrechos vínculos con procesos revolucionarios. Fernando Cardenal fue el coordinador de esa Cruzada Nacional de Alfabetización y estrecho colaborador de Freire:

“…en realidad durante la cruzada yo no aprendí cómo se enseña a leer y a escribir. En aquellos meses no tenía tiempo para aprenderlo ni era ése mi trabajo. Pero sí me tocó tomar la decisión, y eso fue importantísimo, que nuestra Cruzada adoptara el método de Paulo Freire. Fue una decisión clarísima desde el comienzo: no sólo íbamos a enseñar las letras y lo que esas letras significaban, también íbamos a hacer que el campesino y la campesina, el trabajador y la trabajadora conocieran su propia realidad y el contexto económico, social y político en que vivían. Les íbamos a enseñar a contestar preguntas como está: ¿por qué soy pobre? Queríamos que aprendieran a distinguir entre una tragedia como una sequía o un terremoto y una tragedia como la pobreza. Queríamos que entendieran que la naturaleza provoca los huracanes y que la pobreza la provocan los seres humanos. Hacer esta distinción es concientizar”.

Unos de sus sueños era visitar Cuba, produciéndose la primera y única visita en 1987: “…para mí la Campaña de Alfabetización de Cuba, seguida años después por la de Nicaragua, constituye uno de los más importantes hechos de la historia de la educación en este siglo”. En los últimos años de su vida, Freire se radica definitivamente en Brasil luego de un exilio de dieciséis años que lo llevó a  una larga entrega de militancia y lucha por desterrar el analfabetismo en el mundo. En 1988 gana las elecciones municipales de San Pablo Luiza Erundina representando al  Partido de los Trabajadores (PT) y nombra a Paulo Freire en el cargo de la Secretaría de Educación con un proyecto de una nueva gestión pública, basado en su experiencia como educador popular,  que se encamina a la construcción de poder popular hacia una emancipación de la clase obrera articulando políticas públicas y movimientos sociales.

Al mando de la Secretaría de Educación su proyecto pedagógico se basa en puntos clave para la transformación de una educación: planeamiento participativo, pedagogía popular, consejos de escuelas, la reorganización curricular, la formación permanente de educadores y educadoras, ampliar el acceso de los sectores populares a la educción, democratizar el poder pedagógico, fomentar la construcción colectiva y erradicar el analfabetismo. Agobiado por sectores de derecha y las críticas de las burguesías y las complejidades por cambiar un sistema educativo “bancario”, Freire renuncia al cargo de Secretario de Educación en mayo de 1991.

Durante toda su trayectoria como pedagogo nos transmitió que la educación popular es la pedagogía de las preguntas y no de las respuestas repetidas, lo que nos lleva a reflexionar porqué un hombre con su experiencia militante, de fundirse con los sectores populares y pasar a ser actor determinante en la construcción de un nuevo horizonte educativo, toma la decisión de dar un paso al costado. Esto nos  genera preguntas: ¿Cuál fue el factor determinante de su renuncia? ¿Lo agobió el burocratismo estatal? ¿Dio un paso al costado al no poder realizar el cambio estructural educativo? ¿Quiso volver a las bases, a fundirse con las clases populares para seguir educando desde abajo y a la izquierda? ¿Si Freire no pudo cambiar el sistema educativo, podremos nosotros  como educadoras y educadores populares lograrlo?

Estas preguntas sin respuestas definidas son el mejor homenaje que podemos hacerle a un hombre excepcional en el aniversario 99 de su nacimiento. Muere el 2 de mayo de 1997 dejándonos sus obras fundamentales y sus palabras en muchísimas conferencias y reportajes, pero sobre todo nos deja su ejemplo, que es uno de los pilares principales de la educación popular.

Las educadoras y educadores populares no estamos solos, Freire dialoga permanentemente en nuestros lugares de militancia, en un aula trasmitiendo concientización, alfabetizando en las villas o un barrio popular del conurbano, realizando una olla popular, promoviendo actividades culturales, entrelazándonos con la plurinacionalidad de lenguas y culturas de los sectores populares. Seguramente la lucha será prolongada hacia el camino de la formación de la mujer y el hombre nuevo pero como educadoras y educadores populares debemos tomar conciencia del momento histórico que atravesamos en este presente de la educación popular.

Freire nos muestra el camino, vuelve a dialogar, en esos momentos en que las fuerzas flaquean un poco, cuando sabemos que la lucha política es de largo aliento contra un sistema de sociedad capitalista, individualista y patriarcal, la pedagogía de Freire nos deja un andamiaje firme en el cual sostenernos, una base solida en la cual apoyarnos para que nuestros alumnos y alumnas tomen conciencia del acto revolucionario de aprender, que, como todo acto revolucionario, es un acto de amor a la humanidad.

Notas

FREIRE, P. (2014). Pedagogía del oprimido. Buenos Aires: Siglo veintiuno.

DELGADO, M. (2012). ¿Qué es la educación popular? . La Habana: Caminos.


[1]Las cartillas eran guías de alfabetización que repartían a los maestros. 

sendaguevarista

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