A 47 años del Golpe de Estado en Chile. De aniversarios, continuidades y rebeliones

por Josefa

Hace un año, escribíamos sobre el aniversario 46 del golpe de estado en Chile, hoy, en el aniversario 47, el escenario en el vecino país, ha dado un vuelco importante, sorprendente, pero no impensado. Las tensiones sociales han madurado y la dignidad de los pueblos del territorio trasandino se ha alzado firme, contra el modelo neoliberal instaurado por la dictadura y afianzado por todos los gobiernos que le sucedieron hasta nuestros días.

En medio de las movilizaciones corría la voz: “el modelo de la dictadura no cayó el 11 de Marzo de 1990”. Recién ahora se abre un nuevo rumbo, con muchas incertidumbres, pero con importantísimas certezas.

Podemos afirmar que la asociación con la dictadura no es producto de un análisis de biblioteca, sino la consciencia efectiva de miles y miles de manifestantes. Son elocuentes las alusiones a la dictadura en la revuelta: “no son 30 pesos, son treinta años” (Son mucho más de 30 se precisa), las paredes plagadas de imágenes de Pinochet, sus secuaces y sus jefes: el imperialismo inglés y yanqui. Las canciones de Víctor Jara o Los Prisioneros se alzan como himnos contra el estado opresor, y por supuesto, la impugnación a la Constitución de 1980, constitución neoliberal cuyo artífice principal fue Jaime Guzmán, que sentó las bases de la privatización de todo. Una constitución que es el reaseguro instalado por la dictadura, para garantizar la continuidad del régimen aún después de la transición “democrática”, que en su propia redacción pretende, irónica y prepotentemente, hacer inconstitucional un proceso constituyente que pueda cambiarla.

Con o sin dictadura, hay asesinatos, mutilaciones, violaciones, tortura, desapariciones, presxs políticxs, racismo… la comparación no es gratuita, ni “exagerada”, y la continuidad del modelo económico-productivo, político y social, no es menor. La dictadura llegó a pisotear no una utopía que pudiese aún parecer lejana, sino el proyecto factible y en pleno desarrollo de una sociedad más justa y colectiva.  Uno de los procesos más avanzados de toda América Latina, no sólo por el hecho de que el gobierno de Allende representara un paso adelante importante y fundamental, sino por todo el proceso que a nivel de masas se extendía por el territorio y que definitivamente empujaba al avance del proceso. Esa herencia cipaya de esos 17 años contrarrevolucionarios, ningún gobierno la tocó, sino todo lo contrario, la profundizaron y la defendieron con represión frente a cada acción consciente del pueblo.

La caída del “sueño chileno” el modelo ejemplar del “jaguar” de Latinoamérica, siempre fue una ilusión. El descontento y la desigualdad, siempre han estado en la vida cotidiana de los pueblos del territorio largo y angosto, vecino de este país. Así es que dicha ilusión, no pesaba sobre los ojos, hoy mutilados, de las grandes masas trabajadoras, pobladoras, originarias, migrantes, racializadas, feminizadas, pobres, sino que era la máscara fantástica en el extranjero y para las clases acomodadas, dueñas y explotadoras.

El próximo 25 de octubre, mes de aniversario del estallido, de la rebelión, se llevará adelante un plebiscito por la modificación de la Constitución. No podemos negar que el mismo ha sido una  imposición que el pueblo ha hecho con su lucha imparable en las calles y en todos lados, y que  es una demostración de fuerza y una victoria que nos enfrenta a un escenario de disputa. Es primordial no olvidar que la decisión concreta de la medida plebiscitaria fue tomada entre “gallos y medianoche” por los partidos y representantes institucionalizados, buscando desmovilizar y pesar sobre el proceso constituyente que de hecho es desarrollaba. Es por esto que no hay expresiones monolíticas, pues el reconocimiento de la manipulación que pretenden hacer, tanto el gobierno como los demás partidos representantes de las clases dominantes, del proceso constituyente, implica tanto sectores que se plantean el escenario de disputa que mencionamos dentro del plebiscito, como quienes piensan este proceso por fuera de los canales “institucionales”. Ambas tácticas y aún más sus combinaciones posibles, buscan avanzar en la concreción de una transformación real y profunda. Las calles, aún en la pandemia, y las redes gritan “Apruebo”… apruebo cambiar la constitución genocida, apruebo torcerle el brazo a quienes nos oprimen, apruebo la indignación y la organización.

Hoy se impugna al estado nación y su accionar racista y colonialista frente a los pueblos originarios, se impugna al patriarcado porque el “estado opresor es un macho violador”, como declarara el feminismo, se impugnan los negociados de la salud, educación, previsión, vivienda, servicios públicos, entre tantos otros. El cambio de la constitución a través de un proceso constituyente legítimo, no es un asunto simbólico, sino, la piedra fundacional de un proceso que tiene el potencial de transformar completamente el sistema. Ese potencial, puede hacerse realidad en medida que los pueblos y sus organizaciones de todo tipo, hagan avanzar dicho proceso.

Sí que hay continuidades entre la dictadura y los gobiernos subsiguientes, pero también se demostró que la llama de la lucha se mantuvo encendida y que una memoria activa, dispuesta a enfrentar los desafíos que la rebelión ha abierto, prevalece.

sendaguevarista

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