«No hay pasajes a Marte». Los incendios en el humedal y la defensa del ambiente y la vida

por María Petraccaro

Más de 500 kilómetros cuadrados de humedales del Delta del Paraná han sido devorados por el fuego desde febrero a la actualidad. Son más de 50 mil hectáreas, desde Campana, en el norte de la provincia de Buenos Aires, hasta el cordón industrial (e incluso hasta Santa Fe, donde estos últimos días también se registraron incendios). Significan casi tres superficies completas de la ciudad de Rosario. El 14 de junio, que se registró como el “summum del horror”, hubo 380 focos de incendio en un solo día.

La quema con fines de alimentación del ganado en la zona de islas es una práctica que se lleva a cabo desde hace mucho, “una mala práctica de la ganadería tradicional”, apuntan desde organizaciones ecologistas, con el fin de generar el rebrote con que alimentar al ganado. De hecho, el humo que producen, dependiendo de la intensidad del fuego, es algo más o menos habitual en determinadas épocas del año, en general desde mediados a finales del invierno. Pero este año, por una pluralidad de factores concomitantes, el fuego se desmadró y puso nuevamente en el centro del debate de qué formas queremos vivir.

Sucede que los incendios se desarrollaron en el contexto de una importante sequía y una bajante histórica del Paraná, situación que propicia la extensión del fuego y que a la vez colabora con la depredación generalizada (hemos visto también hace poco cómo los frigoríficos llevaban peces varados directo a los camiones sobre la ruta). Tampoco hay que perder de vista que hace justo un año, en agosto de 2019, se produjeron los terribles incendios en el Amazonas, el ecosistema que regula los regímenes de lluvia y alimenta la naciente del río Paraná. “Esto hay que pensarlo como un organismo vivo, todo lo que pasa en un lado está inevitablemente repercutiendo en otro”, apunta Luciana Luraschi, de la organización El Paraná no se toca.

En ese sentido, también hay que sumar que la ciudad de Rosario, Villa Constitución, el cordón industrial y toda la zona se llena de humo en el contexto de una pandemia desatada por una enfermedad básicamente respiratoria, sumando así un factor de riesgo extra.

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Foto: Adrián Galarza – 1/8/2020

El modelo agroindustrial vs los humedales

Aunque los incendios son multicausales y hoy todo colabora para el desastre, la relación con la ganadería es bien concreta. “A partir de la expansión del modelo agroindustrial, se desplazan las vacas a la zona de islas para avanzar en la parte continental con la frontera de soja transgénica. Ese es el trasfondo”, asegura Luraschi.

El problema es que los humedales no son un terreno propicio para la ganadería intensiva. Es cierto que siempre hubo vacas en la isla, pero era a pequeña escala, más bien para abastecimiento familiar.  Pero luego de la construcción del puente Rosario-Victoria, al tener facilidad de acceso a las tierras, eso cambió. “El suelo y la vegetación de los humedales son como esponjas, y la carga de ganado que hay en la actualidad el ecosistema no la resiste, comprime o achata el suelo”, explica.

Por ello hay que tener muy presente que lo que se viene quemando en todos estos meses no son meros “pastizales”, sino un ecosistema completo, diverso y tan fundamental que es de los que hacen posible la vida en la tierra, sobre todo en el marco de los altos niveles de contaminación y depredación en los que vivimos. No hay forma de proclamar la defensa de la vida si se es indiferente a la destrucción sistemática del humedal.

Hablar de ecosistema es fundamental en este caso porque hay que entender la relación de cada parte del entramado vital de los humedales pero también de todo lo que lo rodea. No podemos pensar la importancia del humedal sin entender que está rodeado de una zona que en la actualidad tiene altos niveles de contaminación por una diversidad de factores: el desarrollo urbano con todo lo que implica en términos de contaminación del aire y del agua; la agroindustria extractivista y contaminante; la actividad pesquera depredatoria; el tráfico de barcos y la actividad portuaria, entre otros.

“Desde el punto de vista biológico, los humedales son como una especie de filtro que regulan, concentran y distribuyen el agua del planeta”, describe la integrante de El Paraná no se toca. Hay que pensar que esta parte que vemos, del final del Delta del Paraná, forma parte de un mosaico de humedales que nace en el Mato Grosso, baja por el Pantanal (el mayor sistema de humedales del mundo) a Paraguay y termina en el Delta, en el estuario del Río de la Plata. Luraschi explica que estos ecosistemas brindan lo que se llama “servicios ecosistémicos”: fundamentalmente agua potable, “son procesadores biológicos de la contaminación del agua, purifican el agua y también el aire, porque capturan el  dióxido de carbono, mitigan los efectos de las inundaciones y fijan los suelos”.

Además, tienen un legado simbólico importante, ya que en la actualidad está la cultura isleña ribereña y antiguamente habitaba la cultura chaná, de la que al día de hoy se encuentran restos arqueológicos en la isla. “Son ecosistemas que tienen muchísima valía, quizás no la económica que esperan, porque mucha gente piensa que al no haber empresas o industrias los ecosistemas son ociosos, pero sin embargo ayudan a la permanencia de la vida sobre el planeta básicamente”, concluye.

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Foto: Adrián Galarza 1/8/2020

Acciones de defensa

Además de la ganadería intensiva, en las últimas semanas aparecieron más intereses sobre las islas, fundamentalmente inmobiliarios, con proyectos incluso presentados hace apenas unos días en el Concejo Deliberante de la ciudad entrerriana de Victoria. Por ello, se vuelve urgente y necesaria una regulación sobre estos territorios y acciones inmediatas para protegerlos.

Hubo varios intentos ya, porque el desastre de este año tiene antecedentes, fundamentalmente el de 2008, cuando los niveles de humo fueron tales que llegó a la ciudad capital y los gobiernos de Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y el nacional se sentaron a tratar de acordar soluciones.

En esa oportunidad se elaboró el Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible del Delta (PIECAS-DP), que proponía una articulación interprovincial pero jamás se puso en marcha. Ese documento “en su momento tuvo muchísimo aval entre las organizaciones y es un plan que ya está armado, sólo tienen que implementarlo”, asegura Luraschi.

Además, se han multiplicado las denuncias ante la justicia, fundamentalmente contra los propietarios de los terrenos en las islas, propiedades que, por otro lado, suelen ser bastante irregulares. “El 5 de marzo hicimos una denuncia en la Fiscalía de Victoria. En la justicia hay siete imputados con nombre y apellido, con declaraciones indagatorias y la justicia no hace nada”, relatan desde El Paraná no te toca.

Otra acción civil muy creativa fue la que encaró el Foro Ecologista de Paraná junto con la Asociación Civil por la Justicia Ambiental, en representación de un grupo de niños y niñas, es decir, de las generaciones futuras. En este caso, presentaron un amparo ambiental colectivo ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, contra los gobiernos de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos y la municipalidad de Victoria, para exigir el resguardo del sistema de humedales y las islas del Delta. Además, solicitaron que se declare al humedal como sujeto de derecho.

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Foto: Adrián Galarza 1/8/2020

Ley de humedales

Paralelamente, las organizaciones ambientalistas reclaman una ley que legisle sobre estos territorios tan sensibles y particulares. Desde el 2013 han trabajado en diversos proyectos que perdieron estado parlamentario en dos oportunidades y una tercera vez caducaron por no tratarse.

Desde la web de Ley de Humedales ya reclaman una legislación que tenga en cuenta básicamente cinco ejes: “favorecer el uso ambientalmente respetuoso y las actividades que preservan sus funciones ecológicas y eliminar los factores que los perturban”; “una inversión a la altura del rol que cumplen estos valiosos ecosistemas en el bienestar nacional y mundial”; “procesos de toma de decisiones con oportuna, amplia, efectiva e informada participación ciudadana”; “un proceso de inventario colaborativo con aportes de quienes habitan los humedales y demás actores de la sociedad civil”; y que cuente con perspectiva de género.

Con tanta historia de proyectos y acuerdos en torno al tema, resulta llamativo que, a raíz de las quemas de este año, hayan aparecido raudamente los oportunistas de siempre, multiplicando nuevas propuestas legislativas que aparecieron en los últimos 15 días. Frente a la inacción, la impunidad y la connivencia del sector político en todos estos años,que deja en claro que detrás de esto hay profundos negociados, Luraschi teme que las movidas de los últimos días sólo se traten de “mucho pan y circo para menguar un poco la manifestación popular, pero no van a hacer nada”.

En defensa del ambiente y la vida

Esa manifestación popular de la que habla Luciana es la clave distintiva frente a las quemas de este año. Al ecocidio que se está desarrollando contra el humedal, el pueblo lo ha enfrentado con movilizaciones y acciones históricas: “Nunca vimos en Rosario una movilización tan extraordinaria para defender los bienes comunes”, aseguró el actual diputado provincial y periodista Carlos Del Frade en el corte de ruta que se realizó el pasado 1º de agosto al inicio del puente que une a la ciudad con Victoria.

A ese importante corte le siguió otra movilización, el sábado 8 de agosto, en la que miles de personas atravesaron el paso sobre el Paraná para hacer un acto a la altura del peaje, ya en territorio entrerriano. Para el fin de semana que viene se proyecta un corte sobre el agua, en el canal más ancho del río, convocando a embarcaciones sin motor. Definitivamente, otra acción sin precedentes.

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Foto: ORG Rosario- 8/8/2020

“No hay plan B, no hay pasajes a Marte. Sin ecosistemas sanos no hay salud posible en las comunidades”, lanza, certera, Luraschi. Algo que parece hacerse cada día más palpable para cada vez más personas. No es menor que estemos viviendo un aislamiento por una pandemia provocada por una enfermedad cuya causal más probable sea un grave problema socioambiental. “Vivimos en pueblos fumigados, comemos alimentos envenenados, industrializados. Es todo un círculo que si no lo empezamos a problematizar, seguimos viendo todo como eventos sueltos. En ese marco, nos van a poner una mega granja de chanchos y el año que viene tendremos otra pandemia. Mucha de la fauna que se está perdiendo son los reptiles y los peces que no pueden escapar, muchos de ellos son los que regulan las poblaciones de mosquitos y después tenemos el dengue y demás enfermedades. No llegamos a percibir la dimensión de las consecuencias de la intervención destructiva del hombre. Las epidemias son una cara más del modelo de producción extractivo”, apunta.

En sintonía, la joven no sólo destaca la necesidad de la protección del humedal, sino que afirma que también hay que repensar justamente las formas de producción y cambiarlas por alternativas sustentables. El fomento de otras formas de producir alimentos sanos, seguros y soberanos, apunta, debe ser uno de los ejes: “la agroecología también busca poner en tensión el tema de la tenencia de la tierra, la redistribución. Son formas que construyen nuevos modos de producción, distribución y consumo y muchísimo más saludables”.

Las quemas de humedales hoy movilizan a mucha población también porque sus múltiples aristas y causas dejan a la vista, más que nunca y con el costo de nuestras propias vidas, la voracidad capitalista. Con este contexto, es imposible no traer al presente aquella frase de Rosa de Luxemburgo que nos insta a pensar las alternativas que tenemos, en qué vereda nos vamos a parar y qué intereses vamos a defender: socialismo o barbarie, conciencia o extinción.

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Foto: ORG Rosario – 8/8/2020
sendaguevarista

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