Astillero Río Santiago. Dos días de intensas luchas en La Plata Berisso y Ensenada. Crónica del 21 y 22 de agosto

“El astillero hay que dinamitarlo” fue el tiro de largada del impresentable presidente que tenemos. Y el ruido de esas balas puso rápido en guardia a la masa obrera de este gigante, que cuando estira las piernas hace retumbar a La Plata, Berisso y Ensenada. Y cuando estiró los brazos, en otras embestidas, no hubo dictadura ni menemato que lo dinamite. Enseguida nomas, al otro día del insulto, se puso en asamblea y en marcha, y más de tres mil cabezas y corazones en sintonía. Otra vez les toca pelear, y no son de echarse atrás, menos cuando la mano  viene brava.

Jorge Lanata, mercenario poco presto para las sutilezas, largó con un informe en su programa de televisión que puede envenenar la opinión de miles; pero de casi ninguno en la región de influencia social del Astillero Rio Santiago. Su reconocida capacidad productiva, sus más de tres mil trabajadores y trabajadoras con importantes niveles de calificación y de derechos ganados, su colegio secundario, su terciario, su peso económico y los trabajos que genera de forma indirecta, le dan al Astillero un prestigio muy duro de roer. No por nada, la tarea de mentir y preparar el escenario para un desguace, está a cargo, principalmente, del grupo Clarín.

El martes 21 de agosto, los trabajadores y trabajadoras del astillero se movilizaron a la gobernación, donde tenían pautada una reunión por paritarias con el gobierno. Para discutir salarios, pero también para enfrentar los descuentos compulsivos, casi de castigo, que el gobierno les impuso por no callarse la boca y no dejarse dinamitar, para discutir el vaciamiento en recursos e insumos que frenan las obras en curso, en sintonía con  las pretensiones de liquidar la empresa. Pero el gobierno tenía otra idea… era una oportunidad para demostrar su decisión de dar palos, gases y balas a los díscolos con un golpe de mano, y meter miedo. Suspendió sin razón la reunión y mando la infantería de la policía provincial. En pleno centro de la ciudad de La Plata, se desató una batalla campal, porque la masa del astillero se plantó, con más de doscientos jóvenes en primera línea, y enfrentaron a la policía que tuvo que retroceder y no pudieron desalojar la movilización del centro de la ciudad.

Una perla de las empresas  de comunicación privada, la dio el “periodista” Rodolfo Barili, platense el desgraciado, que por Telefé Noticias, indignado, denunciaba a unos trabajadores que “agredieron” una patrulla de la policía, omitiendo que el mismo patrullero acababa de atropellar a toda velocidad a un compañero en plena manifestación; tanta  suerte tuvo Barili, que el atropello quedó registrado en una foto que circuló ampliamente. Además de múltiples personas heridas y gaseadas por la represión, la policía detuvo a 5 trabajadores, que gracias a la masiva movilización a la fiscalía fueron liberados esa misma noche.

El ataque tuvo además una connotación de desprecio por el dolor de una ciudad que despedía, en el mismo momento, a Chicha Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, eterna buscadora de su nieta, Clara Anahí, apropiada por la represión terrorista y genocida de Videla y compañía. La tristeza de esa noticia, recibida el día anterior, fue muy profunda en la ciudad. Su historia de lucha, resistencia y persistencia en la búsqueda es ampliamente reconocida. Su trabajo en derechos humanos y como docente, le ganó miles de nietos y nietas que la conocieron directamente. Chicha se transformó en una de las hijas más queridas de la ciudad de La Plata, y en uno de sus valores más preciados. Cuando hace un tiempo, circulo la equivocada noticia de que Clara había aparecido, la felicidad y la sensación de justicia no podían borrarse del rostro de la ciudad, hasta la cruel desmentida.

El sepelio de Chicha Mariani, transcurría en el rectorado de la Universidad, ubicado en el epicentro de la represión, de lo que no podía estar desinformada la gobernadora Vidal. Pero su desprecio por los dolores del pueblo es más que manifiesto.

Las empresas privadas de multimedios se dieron a la tarea de bombardear a la población, con las acusaciones de siempre: los trabajadores y trabajadoras eran manifestantes violentos que, sin razón alguna, habrían arremetido contra la propia gobernación con intenciones de tomarla, y luego contra los oficiales del orden que no hacían más que intentar mantener la concordia y el respeto. Era una tarea clave para sus intereses, ante la ruptura del cerco mediático que lograron los trabajadores (el conflicto venia logrando gran notoriedad, incluso antes de la represión), y las manifestaciones de solidaridad cada vez más numerosas, que llegaron de todos los puntos del país y de las más diversas expresiones sindicales, gremiales, estudiantiles, universitarias, etc., mientras las fotos y filmaciones se hacían virales por redes y watsapp.

Pero el discurso construido por los grandes multimedios no alcanzó para tapar el sol: al otro día, el 22 de agosto (fecha aniversario de la masacre de Trelew y símbolo de la lucha obrera revolucionaria de nuestra historia), se produjo una nueva y más masiva movilización, en repudio a la represión y en solidaridad con el astillero. Pero esta vez tuvo nuevos elementos, para no perder de vista: las ciudades de Berisso  y Ensenada prácticamente quedaron paralizadas en solidaridad, marcharon docentes y estatales, la UOCRA y hasta el intendente de Ensenada, Mario Seco. Además la movilización de astilleros confluyó con la marcha en defensa de la Universidad Pública, brindando una postal que no se veía desde hace muchos años: la unidad obrero estudiantil en la calle.

Las 57 universidades del país están en conflicto, en huelga y muchas tomadas. La agresión del gobierno a la Universidad Pública está empujando a medidas de fuerza incluso,  a actores de las universidades que no tienen ningún interés en motorizar la lucha popular. Pero que deben sumarse a la marea de quienes si quieren pelear, porque el riesgo es directamente el cierre  de las unidades académicas en plazos que se vienen encima. Las condiciones salariales que propone el gobierno para los docentes reduce el margen para las maniobras de la burocracia, que está desesperada por frenar el conflicto, pero que no recibe un hueso del gobierno para salir del paso. Este proceso se da en la Universidad de La Plata también, con el rectorado co-gobernado por radicales y  kirchneristas, y con una federación (FULP) kirchnerista que parece temerle a la movilización estudiantil, pero que no puede frenar procesos en facultades dónde no conducen, y empiezan a verse cada vez más apretados por las bases donde son conducción. La movilización universitaria del 22 de agosto fue la más grande en la ciudad desde el 2001, encabezada por las facultades del bosque, no alineadas con la federación: arquitectura, ingeniería y exactas, que empujadas por el movimiento estudiantil sacaron a la calle a todos los claustros.

El resultante de todos estos factores se vio en la calle: cuando la columna de astilleros llegó y se unificaron los abrazos, cánticos, el abrazo a la universidad y el rechazo a la represión del día anterior, fue un clima de rebelión, de ciudad tomada, de reconocimiento de la potencia avasalladora de esa unidad incipiente. La pretendida “Heidi de hierro” no se atrevió a reprimir otra vez en ese contexto. La tremenda operación mediática en esta región, parece cada vez menos efectiva. Pero no pueden renunciar rápidamente a sus objetivos de liquidar a la industria estatal ni a la educación pública, sería una derrota difícil de admitir. Así que esto recién empieza, y de este lado de la vereda ya respiramos y ya vimos de qué somos capaces: esos aprendizajes sedimentan silenciosamente en la conciencia y dejarán, sin dudas, saldos organizativos. Esperar y depositar pasivamente la resistencia en las elecciones de 2019, como de hecho propone el kirchnerismo, es un suicidio, por no decir una entrega.

El camino es ganar las calles ahora: los resultados de una y otra táctica no dejan dudas.

sendaguevarista

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