Monopolio Problemático: la  gestión M y los medios de prensa

Hay quienes dicen que Mauricio Macri no hubiera llegado a la presidencia de no ser por la indiscutible complicidad de los monopolios mediáticos, empezando por el Grupo Clarín. Si bien no está en discusión la influencia de canales como TN o periódicos como La Nación a la hora de denostar al kirchnerismo en pos de que Cambiemos accediera al gobierno nacional, nos parece un análisis demasiado simplista, que exime a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner de hacer una autocrítica de sus años de gobierno. Sin embargo, es notable el blindaje periodístico con el que Macri y compañía han logrado, no sólo acceder a la presidencia, sino sostenerse en ella en base a mentiras, ocultamiento de hechos gravísimos, tergiversación y manipulación de situaciones que hubieran afectado notablemente la imagen presidencial y el clima popular si hubieran tenido la lógica difusión en los medios de prensa.

Para conseguir este “escudo” mediático, Macri se valió de distintas herramientas. La principal y más importante: los intereses políticos. Peleados desde el llamado “conflicto con el campo”, los monopolios, hasta entonces íntimos amigos del kirchnerismo, iniciaron una guerra periodística buscando cada error, inventando noticias y denigrando en todo lo que se pudo la imagen de Cristina Fernández de Kirchner; esto los llevo a apoyar sin escrúpulos a Mauricio Macri (personaje al que no habían apoyado hasta que accedió al ballotage), a quien defendieron y encubrieron hasta el día de hoy (aunque empiezan a notarse algunas voces críticas, producto de la crisis económica que está afectando incluso a sectores amigos del capital).

En segundo lugar, y atado al primero, el reparto de empresas: se sabe que M.M. prometió devolver a Clarín y sus socios los pocos espacios que habían perdido en manos de empresarios kirchneristas, así como también disolver la famosa Ley de Medios  (que imponía un manto de democratización y diversidad al mundo mediático) y devolverle el enorme negocio de la televisación del fútbol a empresas privadas. El tercer factor es la presión económica: es sabido que los gobiernos nacionales tienen un enorme poder de presión sobre varios medios a través de la pauta publicitaria con la cual, lejos de repartir de manera justa y equitativa, se reparte a discreción a aquellas empresas que respondan a los lineamientos que el poder gobernante imponga, es decir “si no decís lo que yo quiero, le doy la pauta a otro”. Pero como todo esto le pareció poco a la gestión Cambiemos, fueron por más y por un lado, modificaron los contenidos de espacios como la televisión pública, Paka Paka, Canal Encuentro y Radio Nacional y, como si fuera poco fueron despidiendo empleados de cada uno de esos espacios.

En ese contexto, los masivos despidos en Télam (la agencia de noticias estatal), que dejaron en la calle a más de 350 familias, cumplen un doble objetivo para la gestión Cambiemos. Por un lado, empiezan a achicar el gasto del Estado (uno de los requisitos del FMI para los préstamos firmados) y, por el otro, quitan de los medios nacionales a periodistas, fotógrafos y/o productores que puedan llegar a opinar distinto. Entre otras frases, el titular del Sistema Nacional de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, justificó la decisión porque la agencia “se está modernizando” y había mucha gente “improductiva”, y terminó reconociendo sus verdaderos motivos “la oposición de 44 delegados disgustados con la gestión llevaron a sus compañeros a realizar 61 medidas de fuerza en dos años y medio”. Está claro que esto huele más a persecución política que a una reestructuración de la agencia.

Como si no le fuera suficiente con todo ese poderío, la persecución y el hostigamiento a los llamados medios independientes, alternativos, populares, y/o autogestivos es notoria. En ese terreno, la cacería iniciada en la primera marcha en Plaza de Mayo tras la desaparición de Santiago Maldonado en septiembre del año pasado, dejó como saldo 31 detenidos injustificados, de los cuales 22 terminaron procesados y 4 de ellos eran periodistas de distintos medios independientes que, al igual que al resto de los detenidos, sufrieron el rápido invento de causas para justificar sus detenciones.

En las masivas movilizaciones de diciembre pasado en contra de la reforma previsional, fueron varios los periodistas víctimas de la represión, al punto de que circuló una foto en la que se ve cómo un grupo de fotógrafos son amenazados por policías en moto que les apuntaban directamente con sus armas. En ese mismo sentido, tuvo lugar el señalamiento público a los y las compañeras de La Poderosa, por parte de la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich (sin ninguna prueba y con un video falso) como parte de una organización que libera zonas para el narcotráfico; esta acusación surge luego de que un fotógrafo de la revista La Garganta Poderosa, denunciara persecución, torturas y abusos para con él y su hermana por parte de prefectos que patrullan habitualmente la Villa 21.

Los que vinieron a “cerrar la grieta”, los que vinieron a “mejorar todo lo que estaba mal”, los que se quejaban de la falta de libertad de expresión, demuestran día a día que sólo quieren que se conozca su “verdad”. y que todo aquel o aquella que se atreva a cuestionarla puede ser despedido, perseguido, procesado por la justicia y hasta torturado. Muy democrático todo.

sendaguevarista

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