Las elecciones que vienen y las luchas que vendrán

A pocos días de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), los grandes medios de comunicación, gobierno y oposición, hacen números y especulaciones con encuestas en mano, y condicionan al grueso de la población a debatir únicamente las alternativas y disputas entre las variantes políticas partidarias de las clases dominantes.

En la última semana, el macrismo hizo una nueva jugada política, en línea con su lógica de polarizar con el kirchnerismo; llevar a la votación en diputados la expulsión del ex ministro de planificación De Vido le sirvió para identificar al kirchnerismo con la corrupción en la opinión pública. La “honestidad que duele pero sana y es necesaria”, o la “corrupción populista”, parece ser la encrucijada que propone Cambiemos, como si ellos no fueran uno de los gobiernos más corruptos de la historia.

El gobierno sabe que el deterioro en las condiciones materiales de vida de la mayor parte de la población le pone un techo, y le puede mover el piso electoral. Pero confía en seguir teniendo los aliados en el Congreso para avanzar con las leyes antipopulares (flexibilización laboral y régimen jubilatorio, fundamentalmente), que son elementos centrales de su programa económico.

La batalla principal se propone en la provincia de Buenos Aires, donde Cristina Fernández encabeza la lista de Unidad Ciudadana. Como referencia: en las elecciones de 2015 Aníbal Fernández logró el 35% de los votos, mientras Vidal ganó con el 39%. Prácticamente todas las encuestas dan ganadora en las PASO a Cristina Fernández, algunas por estrecho margen desde (el 1 o 2%) y otras por uno más amplio (de hasta el 10 u 11%).

 

¿Qué se juega el gobierno en estas elecciones?

En principio pone en juego 39 diputados nacionales de su interbloque y 3 senadores de la Unión Cívica Radical, que se distribuyen entre todas las provincias y la Capital Federal (donde el macrismo sostiene una amplia diferencia en las encuestas). Pero no sólo están en juego diputados y senadores, en cuanto al control de las cámaras legislativas,  sino que intentará sostener un mínimo de respaldo social que le permita llevar adelante su programa con alguna legitimidad, y garantizar su estabilidad.

Lo duro para el macrismo no sería perder contra Cristina en la provincia (lo cual ya suponen), sino que su propio caudal electoral sea muy bajo y que Cristina les saque una diferencia importante. Aunque no les impediría llevar adelante las reformas contra el pueblo trabajador, ese resultado podría restarle fuerza para realizar el paquete completo de reformas que pretenden.

Su interbloque en diputados cuenta con más de 80 votos propios, sin contar al massismo, el PJ de Bossio y “Progresistas”, de Margarita Stolbizer, que acompañan al macrismo en casi todo, y que superan los 60 diputados. Es poco probable que a las tres fuerzas les vaya tan mal que pierdan la mayoría que construyen sumadas. Sin mayoría propia partidaria, Cambiemos no ha tenido grandes dificultades en el parlamento para seguir adelante con su programa.

 

Cristina, ¿un freno al ajuste? Aguantando la resistencia…

El kirchnerismo intenta presentarse como el único freno posible al ajuste neoliberal, pero lejos de apoyarse en la movilización popular, la propia candidata ha llamado a evitarlas y canalizar el descontento a través de las urnas. Salvo movilizaciones como la realizada contra el 2×1, donde no se puso en cuestionamiento la producción ni se perjudicó el bolsillo de ningún empresario, el kirchnerismo no se ha propuesto dinamizar la movilización de masas para enfrentar al gobierno.

La movilización pasiva que impuso durante sus gobiernos, hoy la sostiene desde la oposición, a pesar de denunciar por entreguista y neoliberal al nuevo gobierno. Su compromiso principal no es con el pueblo trabajador, es con la estabilidad del sistema, la gobernabilidad, y el gran capital. En estas elecciones su principal preocupación no es frenar el ajuste: es ubicarse en buen lugar de partida para las presidenciales de 2019, por lo que necesita ganar lo más ampliamente posible estas legislativas y reunir fuerzas para retomar la dirección del peronismo.

No podemos esperar del kirchnerismo más que algunas votaciones en contra en el Congreso, o propuestas con diferencias ridículas ante proyectos macristas; para muestra un botón: ante la votación del pago a los fondos buitres en 2016, se embanderaron como la oposición dura derrochando épica y relato, pero presentaron un proyecto de pago que sólo restaba al fraude oficialista un 10% del total, monto absurdo ante la estafa que se llevaba adelante. El Frente para la Victoria votó dividido, y no pasó de convocar una concentración en Plaza Congreso. ¿Qué podemos esperar ante la reforma laboral o ante la reforma previsional? Movilizaciones obreras y populares combativas seguro que no (por lo menos no impulsadas por el kirchnerismo). Porque se presenta ante el pueblo como la única figura que puede frenar al macrismo, pero en paralelo se proyecta ante las clases dominantes como una figura comprometida con la gobernabilidad y la desmovilización de las masas trabajadoras.

La nueva versión electoral del kirchnerismo no es tampoco una opción política para enfrentar a la ofensiva neoliberal, mas allá de los fuegos de artificio, y no podemos apostar ni colaborar con otro engaño: votaremos según los distritos por algunas de las alterntivas anti capitalistas que se presenten.

 

¿Cómo siguen? ¿Cómo seguimos?

Cambiemos ha avanzado bastante, aunque aún no lo que quisiera. Su táctica de lanzar varias iniciativas en simultáneo le ha dado resultados, pero la reacción popular y movilización de masas han frenado u obligado a moderar algunas de sus medidas.

Sin embargo, como ya lo planteamos en el editorial anterior,  ahora se preparan para una ofensiva a gran escala, sobre todo con la nueva flexibilización laboral, que sueñan parecida a la brutal reforma anti obrera de Brasil. Este escenario inminente pondrá en tensión a las burocracias sindicales, que deberán dar alguna respuesta, y dejará grietas por donde entrar, construir fuerzas, batallar y abrir brechas más amplias para que surja un movimiento obrero combativo cada vez más amplio y potente. Pero esto también implica el riesgo de que si la reforma pasa y se concreta en toda su dimensión, los golpes y pérdidas de derechos laborales elementales consoliden un duro retroceso. Deberemos estar preparados para responder a cada posible situación.

 

La dispersión que persiste en el campo obrero y popular

Para ordenar un repaso y debate, ubicamos tres grandes líneas que se debaten en el campo popular. En primer lugar se destaca el papel de la izquierda trotskista, con el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores) como fuerza mayoritaria, y por otro lado IFS (Izquierda al Frente por el Socialismo). Hasta ahora no han jugado un papel de aglutinador de los sectores y organizaciones combativas, más allá de las fuerzas que participan en sus frentes. Por el contrario sus disputas, incluso entre los integrantes del FIT, han obstaculizado el desarrollo del Encuentro Sindical Combativo a los pocos meses de asumido el gobierno macrista, desarmando parte de la resistencia obrera. Su internismo y disputa por la primacía electoral dentro del FIT se ha trasladado a todos los otros terrenos donde se cruzan, con resultados muy negativos. Además ese frente, que tiene el mérito de haber logrado presencia nacional, no ha querido conformar un bloque con el resto de las organizaciones populares y combativas de nuestro país.

La indistinción entre partido revolucionario, frente único revolucionario y frente electoral da como resultado un sectarismo acérrimo al momento de las alianzas y un electoralismo pronunciado. El FIT podría proponerse, por la fuerza electoral y militancia que ha acumulado, encabezar un frente político y social mucho más amplio, donde seguiría teniendo prevalencia por su propio peso, para lograr un desarrollo político de masas, pero sus concepciones ideológicas se lo impiden.

En un punto alejado del FIT e IFS, estos años ha crecido Patria Grande, pero su relación cada vez más cercana con el kirchnerismo la distancia de las organizaciones más combativas, y la acerca al peronismo (dirigido por el principal partido del orden en nuestro país: el Partido Justicialista). Por ese ingreso al peronismo se ha desatado una fuerte polémica hacia su interior. Sobre todo en Capital Federal, Patria Grande parece abandonar las banderas del socialismo, que en sus inicios sostenía, en función de un proyecto de nacionalismo popular. Esto ha puesto a debate si es posible o no llevar alianzas tácticas con Patria Grande y sus implicancias.

Algunas organizaciones consideran que no, porque sería darle aire a la centro izquierda y al reformismo. Nosotros consideramos que ese planteo no es correcto: las alianzas tácticas tienen objetivos concretos según la coyuntura y el plano de lucha, y enfrentar a la centro izquierda o al reformismo no es el problema más importante que tenemos. Patria Grande tiene contradicciones no resueltas: en Capital han dado pasos concretos en un frente con partidos del sistema, pero aún no se decide en el resto del país. Las fuerzas de izquierda y revolucionarias deben tratar de traccionarla, con política frentista y debates, con sus bases y su influencia social. El FIT parece querer que Patria Grande vaya al peronismo sin más, en una visión más preocupada por proclamarse la única izquierda existente que por transformarse en fuerza dirigente.

Por otro carril, distintas fuerzas, de variadas líneas ideológicas, vienen creciendo y desarrollando procesos de unidad, donde se ubica nuestro propio proceso como ORG. Estas organizaciones, que compartimos en buena medida una visión de la actualidad argentina y latinoamericana (que defendemos al gobierno venezolano ante la injerencia imperialista, tema que hoy divide aguas), de la necesidad de una política frentista que multiplique las fuerzas, aún no hemos logrado un frente común, político y social, con una expresión electoral que lo ponga en la palestra de la lucha por el gobierno y masifique una nueva propuesta política.

La relativa debilidad de las distintas fuerzas para resolver tareas estructurales imprescindibles, como las personerías electorales, tanto como algunas diferencias políticas existentes, y la falta de desarrollo de relaciones y confianzas políticas aún no han permitido madurar un salto en calidad y proyectar una política frentista.

Mientras tanto, aunque no logremos acuerdos en lo táctico con las organizaciones que consideramos más cercanas, no debemos generar más distancia: tenemos que acercarnos y favorecer una buena relación y dialogo, sembrar a futuro, aprender  a debatir de forma fraternal y compañera, constructiva. Esa actitud irá dando frutos en distintos ámbitos. En esas relaciones será muy importante nuestra apertura de cabeza para aprovechar las experiencias y aprendizajes de otras organizaciones, que no son iguales a nosotros, algunas incluso con las que mantenemos importantes diferencias. Esas experiencias deben servir de insumo para nuestra propia elaboración, firmes en nuestras ideas estratégicas, pero con capacidad de aprender y asimilar elementos positivos de otros proyectos.

Esta política, más tarde o más temprano, tocará a puerto, e irrumpirá en la escena nacional. Nos corresponde construir una actitud de unidad y fraternidad, no sin debates o polémicas, pero constructivas, para sembrar y favorecer en lo que nos toca, un terreno propicio para nuevos marcos de unidad. No depende este proceso solo de nosotros, pero debemos ser parte activa y decidida en que avance.

 

sendaguevarista

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