Macri es la pesada herencia del kirchnerismo

Marchamos en pequeño grupo unido por un camino difícil, fuertemente agarrados de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra esos enemigos y no caer al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio que nos hayamos separado en un grupo aparte y que hayamos elegido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre nosotros comienzan a gritar: “¡Volvamos al pantano!” Y cuando se los critica, contestan: “¡Qué gente tan atrasada son! ¡Cómo no se averguenzan de negarnos la libertad de invitarlos a seguir un camino mejor!” ¡Ah, sí, señores, libres son no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor les parezca, incluso al pantano; hasta consideramos que su verdadero puesto está precisamente en el pantano, y nos sentimos dispuestos a darles toda la colaboración que esté a nuestro alcance para empujarlos ahí a ¡ustedes! ¡Pero en tal caso suelten nuestras manos, no se agarren de nosotros, ni ensucien la gran palabra libertad, porque nosotros también somos “libres” para ir donde queremos, libres para luchar no sólo contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían hacia él! V.I. Lenin (¿Qué Hacer?)

 

Siempre afirmamos que el kirchnerismo tuvo como función fundamental cerrar la crisis de hegemonía abierta por la rebelión popular de 2001, que puso en riesgo hasta la estabilidad del régimen institucional burgués tras la insurrección popular de diciembre.

Duhalde fue el operador que cerró, en lo general, la crisis de dominación más urgente. Su continuidad fue el kirchnerismo, que debió darse una política compleja, capaz de articular algunos reclamos populares en su proyecto de gobierno. Su objetivo era desarmar el movimiento popular, cooptar parte de sus dirigencias y, fundamentalmente, cortar toda posible radicalización de sus objetivos políticos. O sea, el movimiento popular debía subsumirse al juego dentro del aparato estatal e institucional propio de la burguesía y, para que esto fuese posible, se debían generar mecanismos para canalizar parte de esas demandas.

Se buscaba recuperar la hegemonía del sistema institucional burgués y, como parte clave de ese proceso, era necesario reconstruir la confianza social en que era posible cierta mejoría en los niveles de vida de las masas populares dentro de los límites del capitalismo. La gran burguesía estuvo dispuesta a acompañar este proyecto mientras le duró el temor a un renacimiento de la insurrección. Pero, cuando empezaron a considerar que la situación social se había estabilizado, algunas fracciones burguesas se fueron desgajando, reclamando el retorno a un “país normal” (promesa original del kirchnerismo)… O sea, a un gobierno que ya no generase ninguna concesión a las demandas populares.

Desde alrededor de 2007 (tras el institucionalmente exitoso recambio de Néstor K. a CFK) comenzó un largo debate en el seno de la gran burguesía: ¿seguía siendo necesario un gobierno como el kirchnerista, o ya se podía regresar a un gobierno “normal”? A partir de la derrota en el conflicto del campo, el kirchnerismo hizo sus mayores esfuerzos para adaptarse a ese reclamo de la gran burguesía, y mostrar que ellos podían ser los garantes del tránsito hacia un capitalismo plenamente normalizado, al tiempo que lograrían minimizar los riesgos de conflictos sociales por su capacidad para controlar a las masas. Pese a pagar la deuda, volver al FMI y demás medidas y gestos en esa misma línea, no lograron convencer a la mayoría de la burguesía. De a poco fueron cada vez más las fracciones burguesas que apoyaron el recambio del plantel gobernante.

El kirchnerismo perdió las elecciones de 2015 como expresión de su máximo éxito en su rol orgánico como expresión política de la gran burguesía: la estabilización del régimen burgués. Lograron una victoria en su intención de volver a imponer el ideario de que en el capitalismo se podía vivir mejor, e impusieron, incluso entre amplios sectores del activismo, que la revolución era un sueño imposible, y que todo proyecto debía restringirse a lo “posible” dentro de los marcos capitalistas. Esa victoria de su proyecto consiguió que la oposición que logró presentarse como opción de poder alternativa, fue la que postulaba otro proyecto capitalista; un capitalismo “liberado” de las regulaciones que había impuesto la lucha popular, y que ahora sólo estaría definido en función de los condicionamientos del mercado.

A tal punto llegó la exitosa reconfiguración de las herramientas de dominación política de la burguesía en Argentina, que el kirchnerismo hasta logró imponer su proyecto de establecer una “alternancia” ordenada, con un bipartidismo moderno que diese estabilidad a la dominación en el largo plazo. Ese fue el objetivo de la reforma electoral, impulsada por Abal Medina y Néstor Kirchner, buscando reconfigurar el mapa de partidos políticos tradicionales, que había estallado como consecuencia de la irrupción de las masas populares en la política. La ley electoral kirchnerista pretende constituir un bipartidismo donde ellos se reservan el lugar de “centro izquierda” y adjudican a su oposición burguesa el rol de “centro derecha”. Por ello, durante estos años, fue el mismo kirchnerismo quien se encargó de consolidar a Macri como su rival político, porque era un contendiente que siempre podría hacer ver su proyecto capitalista y pro patronal, pero con algunas concesiones menores a los reclamos populares, como “progresista”. Ese bipartidismo al estilo “europeo” hoy parece haberse constituido.

Sin dudas los integrantes de la gran burguesía deberían estar más que agradecidos al kirchnerismo y su plantel gobernante; pero, como suele pasar en estos casos, los ricos no saben de agradecimientos y una vez que un grupo gobernante cumple su “papel” histórico para garantizar la continuidad de la acumulación capitalista, es cruelmente tirado sin más al tacho de basura de la historia.

 

El proyecto del macrismo y su oposición burguesa

Las primeras medidas del macrismo expresan claramente el proyecto de una gran burguesía dispuesta a “ir por todo”. Se terminaron las concesiones parciales en aras de construir consenso, y la coerción volvería a jugar un rol central en las políticas de control social; la represión, que durante el kirchnerismo en general se realizó de manera solapada, a través de los aparatos de inteligencia y buscando que los hechos no llegasen a confrontaciones callejeras, volvería a trasladarse a cada conflicto en cada calle y cada barrio.

La quita de retenciones al agro, al mismo tiempo que una devaluación de más del 60%, generó una brutal transferencia de recursos. Si a eso le sumamos el fin del “cepo” al dólar, es evidente el festival de los exportadores y financistas. Después se avanzó en la escandalosa quita de retenciones a la minería, una actividad súper beneficiada por el kirchnerismo, que ahora recibía este nuevo regalo. Permanentemente las grandes empresas reciben subsidios en aras de supuestas políticas de mantenimiento del empleo, como en petroleros, Sierra Grande, etc. Estamos hablando, en su conjunto, de una transferencia de miles de millones de dólares, que no puede provenir de otro lugar más que del bolsillo de los trabajadores.

Prat Gay y Marcos Peña sostienen que estas medidas son imprescindibles para conseguir las divisas a fin de “evitar un ajuste”… Si los más de 100 mil despidos, la inflación proyectada al 45% en cuatro meses, los tarifazos del 600%, la caída de salarios y jubilaciones, la expansión del impuesto al trabajo y una tasa de interés del 37%, no es un ajuste… ¡Esperemos que nunca puedan hacer su verdadero y ansiado ajuste!!

El telón de fondo de esta política es el sometimiento total de la burguesía argentina al imperialismo, expresado en el sumiso pago a los fondos buitres. Esa es la transferencia clave de riqueza, política que habían iniciado Néstor K. y Lavagna, y profundizado CFK y Kicillof, reconociendo la deuda y avalando la necesidad de arreglar con los buitres. Este plantel gobernante lleva esa política a un nuevo salto cualitativo de entreguismo. Argentina debe 250 mil millones de dólares, alrededor del 50% del PBI, cuando durante los gobiernos de CFK pagamos casi 200 mil millones. ¡Pedazo de cuento chino el del desendeudamiento!!

Con el acuerdo macrista la proporción deuda sobre PBI llegará a los 2/3, dejando el país al borde del default. La “estrategia” de pagar deuda tomando más deuda obviamente nunca ha funcionado, y es otra evidencia del fracaso de la burguesía argentina, y de su incapacidad para proyectar un país independiente y viable para todos…

Como lo clave para ellos es el pago de la deuda para soldar su relación con el imperialismo, es allí donde puede observarse si realmente el kirchnerismo será un decidido opositor. El dictamen kirchnerista contra la propuesta oficial expresó el acuerdo de fondo: contra el planteo de Prat Gay de beneficios del 1000% para los buitres, los kirchneristas, en nombre de la soberanía nacional, propusieron ofrecer un 10% menos…

El macrismo se encontró, como una de las bellas herencias que le dejó el kirchnerismo, con un excelente mecanismo para presionar a los senadores y diputados que responden a sus gobernadores: la hipercentralización del estado y la quiebra de casi todas las economías provinciales. Los gobernadores, casi todos del PJ, están dispuestos a votar cualquier cosa con tal de tener fondos para pagar los sueldos. Vuelve a plantearse el escenario de una crisis del capitalismo en Argentina, de la cual todos los partidos patronales acuerdan que sólo puede salirse contrayendo nueva deuda vía FMI, y reduciendo drásticamente el coste de la fuerza de trabajo nacional, a través de la devaluación/inflación, más despidos y suspensiones. En esas políticas son socios el conjunto de la burguesía argentina y sus partidos.

En ese marco de fuerte ajuste contra los trabajadores, se hace evidente la relevancia del fortalecimiento de la política represiva contra la lucha social, expresado en el protocolo anti piquete, los hechos de represión y el encarcelamiento de dirigentes sociales. El fuerte paro y la masiva movilización de ATE y otros gremios el pasado 24 de febrero, fue un primer hecho significativo que comenzó a marcarle la cancha al macrismo. Allí fue evidente el rol que tendrá el kirchnerismo “orgánico” y su “resistencia”: casi no participaron en ninguno de los miles de hechos que se dieron a lo largo y ancho del país.

Asimismo no fue ninguna corriente sindical ligada al kirchnerismo la que comenzó la lucha contra el ajuste. La misma partió del seno de la CTA Autónoma, central que, más allá de las críticas que sostenemos a su accionar, siempre se mantuvo independiente de los gobiernos de turno. La complicidad de la conducción  kirchnerista con la ofensiva patronal, se termina de hacer indudable con la total pasividad que han asumido ante la permanencia en prisión de una dirigente de su espacio, como Milagro Sala, demostrando que para ellos los sectores populares son apenas piezas de ajedrez que usan para que se enfrenten con los grupos que mantuvieron la independencia de clase, para descartarlos cuando ya no les sirven…

 

El debate político clave

El debate central en la lucha contra el macrismo será quién es, o quién puede ser, la alternativa política. Como parte del “posibilismo” capitalista y la supuesta “alternancia” democrática que impuso la reconfiguración de la dominación burguesa, el kirchnerismo pretende mostrarse como única alternativa. Es claro que no se trata de una alternativa que se construye en la lucha, sino desde la denuncia mediática y por las redes sociales, mientras negocian en las alturas.

Las direcciones kirchneristas sostienen que la única tarea que tenemos por delante es “resistir” o “abrazarnos hasta que vuelva”… Se trata de un ideario de defensiva y/o de pasividad. La actividad, para ellos, no pasa por el pueblo. Sólo puede esperarse real agencia desde los poderosos: son los diputados, senadores, gobernadores, ex ministros, periodistas y artistas millonarios, los adalides de esa “resistencia” más facebookiana o twitera, que callejera. Esto incluye, necesariamente, la idea de que lo máximo a lo que podemos aspirar como pueblo es a las “conquistas” logradas durante el (para ellos sería “gracias al”) anterior gobierno.

Los revolucionarios debemos consolidar otra línea de construcción. Es allí donde se dibujan tres caminos para la lucha contra el ajuste: el Frente Único “Anti-Macri”, la Unidad de Acción con clara diferenciación ideológica o una línea sectaria o de ruptura. El primer camino es el que pretende imponer el kirchnerismo y los kirchneristas/pejotistas “tardíos”, esos que nos incitan a dejar de lado nuestras históricas banderas de independencia de clase para que nos fusionemos con los mismos que hasta el 10 de diciembre nos reprimían, espiaban y denunciaban por luchar contra el capitalismo. En esa época le hacíamos “el juego a la derecha”; hoy pretenden que le hagamos el juego a ellos, hasta que “vuelvan”. Tras el velo discursivo de la unidad se encubre la conciliación de clases.

Denominamos línea sectaria, a aquella que no acepta ningún tipo de movilización conjunta con los que apoyan otro proyecto burgués, así sea por objetivos compartidos, como demandas sindicales o democráticas. Creemos que aquí hay otro error, porque es justamente exigiendo que estos grupos se sumen a las marchas, pero sin hacerles concesiones y criticando sus posturas, donde haremos evidente su absoluta falta de sincera voluntad de lucha.

Por ello la Unidad de Acción, con permanente diferenciación ideológica, es la línea en la etapa que se abre. Nunca debemos dejar de lado las diferencias; es necesario hacerlas evidentes, plasmarlas en nuestros discursos y prácticas. Nunca tenemos que disfrazar una supuesta unidad donde quieren hacer pasar la conciliación de clases. No tenemos que disimular unidad donde hay diferencias irreconciliables, pero sí golpear juntos en los reclamos en los que haya coincidencias. La táctica concreta se analizará en cada caso, pero en todo momento diremos que no hemos sido nosotros los que fracturamos ningún proceso y que, si aquellos que se fueron de las calles para gobernar desde los palacios ahora quieren volver a marchar con nosotros, que lo hagan… pero que no esperen que no tengamos memoria, ni que ocultemos que también son parte de un proyecto burgués.

Recuperamos el desarrollo ideológico planteado por Mario Roberto Santucho en “Poder burgués, poder revolucionario”, donde afirmaba que el populismo y el reformismo podían ser aliados políticos y tácticos de los revolucionarios, pero que siempre serían nuestros principales enemigos ideológicos: solamente rompiendo con las ilusiones de nuestro pueblo en el capitalismo podremos construir una felicidad duradera para todas y todos.

Hoy el kirchnerismo busca, en nombre de la “resistencia”, integrar parte del pueblo al aparato más mafioso y podrido del estado burgués: el Partido Justicialista. Ese partido que, lejos de estar en la oposición, sigue siendo la herramienta fundamental de la dirección del estado capitalista en Argentina, dirigiendo gran parte del poder legislativo, la mayoría de las provincias, los municipios, parte del aparato judicial, y, también, parte del poder ejecutivo a través de varios ministerios y secretarías.

La burguesía ha fijado su norte: el disciplinamiento brutal de la clase obrera. En ese proyecto se integra todo el aparato estatal, como ya lo han hecho repetidas veces en nuestra historia. Como una de las primeras consecuencias vuelve a hacerse evidente la centralidad de la población “sobrante” para el capitalismo argentino (o sea el pueblo que el sistema considera descartable). Nuevamente será de gran relevancia la construcción política en el seno de esa fracción de la clase, recuperando los movimientos de trabajadores desocupados contra la herencia del kirchnerismo, que se dio una política permanente para desarticularlos. No es menor la importancia que hoy cobra esa tarea para la burguesía: si esos MTDs hoy tuviesen la fuerza de antaño serían, sin dudas, el puntal de la lucha obrera contra los despidos, algo que los sindicatos burocratizados son incapaces de encabezar.

Por ello nuestra línea de construcción fundamental será consolidar la unidad de nuestra clase, dando la lucha ideológica contra los que quieren llevar al pueblo al camino muerto de la confianza en el sistema que los mata y oprime. En ese camino de construir poder obrero y popular, iremos consolidando las herramientas políticas de la revolución: un verdadero partido político de la clase, y un Frente Guevarista cada vez más amplio y poderoso, que sea el impulsor del futuro Frente de Liberación Nacional y Social.

Seguiremos estando del mismo lado de la calle. Donde nunca nos fuimos, donde siempre estuvimos, estamos y estaremos. El que quiera volver, ya sabe dónde encontrarnos…

sendaguevarista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s