De qué frente hablamos cuando hablamos de frente

EL FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

Daniel De Santis

 

Capitalismo dependiente

En todo el territorio argentino se han extendido, desde hace años, las relaciones de producción capitalistas. Pero se trata de un capitalismo que ha nacido de la mano del mercado mundial, vínculo que se consolidó en la era imperialista. Esa dependencia hizo que su desarrollo no respondiera a las necesidades del mercado interno -como en Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos-, sino que se amoldara a las necesidades del mercado mundial, confiriéndole un carácter deformado y un desarrollo desigual.

Una de las manifestaciones de tal desarrollo es su industrialización raquítica, caracterizada por la insuficiencia de las ramas más dinámicas- como las de bienes de capital y de conocimiento intensivo- y una limitada investigación científica y tecnológica. Entretanto la producción agropecuaria, liderada por los grandes capitalistas agrarios, constituye el sector más eficiente de la economía y, en algunos períodos, una fuente de divisas. Éstas, al no estar destinadas al desarrollo integral y armónico de la economía y la sociedad, perpetúan la deformación.

Esta base económica ha dado lugar a una estructura social integrada por una clase obrera con límites bien definidos, pero en la que encontramos desde obreros de la industria moderna con salarios relativamente altos hasta trabajadores de industrias atrasadas y un gran número de trabajadores desocupados, muchos de los cuales conforman el amplio sector de los cuentapropistas. Hallamos, asimismo, una reducida clase campesina y una numerosa pequeña burguesía urbana. Dentro de lo que se ha dado en llamar Pymes -pequeñas y medianas empresas- coexisten pequeños productores urbanos y rurales con importantes empresas de capital extranjero y nacional.

La estructura social aquí delineada no sólo determina la explotación manifiesta de la clase obrera sino que además acarrea el hecho de que amplios sectores medios se vean perjudicados e impedidos de satisfacer sus necesidades y aspiraciones por el atraso y la dependencia. Es por ello que estarían interesados objetivamente en romper la dependencia y marchar junto a los trabajadores asalariados. Es decir, podrían conformar la base social de un proceso entremezclado de liberación nacional y de profundas transformaciones sociales en la perspectiva del socialismo.

Hemos utilizado la expresión poco ortodoxa de entremezclado en lugar de ininterrumpido para poner de manifiesto que, en lugar de esperar que ese proceso se inicie como una lucha de liberación nacional para elevarse luego a otra por la liberación social, prosiga un desarrollo diverso. A partir de esta concepción inferimos que en épocas de relativa calma en la lucha de clases los aspectos sociales anticapitalistas de la misma se presentan en forma más evidente, mientras que en los de agudización de la lucha y ofensiva revolucionaria deberá preverse una mayor injerencia política y militar del imperialismo. En esta fase, los aspectos antiimperialistas tomarán más relevancia, no obstante lo cual la conciencia y organización de la clase obrera y el pueblo serán más elevados. Sin embargo, debemos tener en cuenta que a lo largo de todo el proceso revolucionario se combinarán dinámicamente ambos aspectos de la lucha y estará en la habilidad de la clase obrera, constituida en partido político, resolver acertadamente las tareas que correspondan a cada etapa de la lucha.

 

El frente estratégico o Frente de Liberación Nacional y Social

Una visión estratégica de la política de alianzas debe apoyarse en la estructura económico-social que brevemente hemos reseñado en el punto anterior. Desde allí, debemos formular el instrumento político que incorpore y movilice a las más amplias masas del pueblo trabajador, visión que facilitará desentrañar los pasos tácticos adecuados para alcanzar los objetivos de más largo plazo.

Dentro de la izquierda existen tres concepciones frentistas: la del frente popular, la del frente de izquierda y la del frente de liberación nacional y social.

La primera presupone que en nuestro país no se han desarrollado suficientemente las relaciones de producción capitalistas y que esa tarea debe ser realizada por una supuesta burguesía nacional progresista o democrática o antiimperialista. Lo que más se acercó a esto fue el proyecto peronista que tanto en 1955 como en 2015 fue derrotado debido a que esa supuesta burguesía progresista abandonó el proceso cuando la acumulación capitalista debía enfrentarse con las limitaciones estructurales del capitalismo argentino. En ninguna de las dos oportunidades la burguesía nacional actuó como se esperaba de acuerdo con la teoría del frente popular, por lo que es vano el esfuerzo de los intelectuales del nacionalismo popular que aspiran concientizar a la burguesía para sea progresista.

El frente popular existe y es el kirchnerismo, al cual adhieren casi todas las fracciones del viejo Partido Comunista y otras variantes de la izquierda nacional y popular. Es por eso que el PCR -la versión combativa del PC-, en alianza con la Unidad Popular, no encuentra espacio político para su llamado al Frente Popular, con el agravante de que en muchos aspectos está a la derecha del kirchnerismo.

El frente de izquierda está representado por el FIT. Desde su constitución en 2011 ha tenido un importante avance en el terreno electoral y, en una primera aproximación, podemos coincidir con casi todos los puntos de su programa. Pero el FIT se reduce a un acuerdo electoral que imposibilita la construcción de organismos de base del Frente. Por su falta de organicidad adquieren mucha gravitación las particularidades de sus fuerzas integrantes, como su matriz economicista, que por momentos lindan con el republicanismo. La carencia de una estrategia de poder de las organizaciones que lo componen es evidente. No se le puede llamar así a la mera consigna de la huelga general -que agitan sin mayor análisis en cualquier tiempo y lugar-, de la que no especifican si se trata de una huelga económica, una huelga política o una huelga revolucionaria, vaciando de contenido una consigna muy importante de la lucha de clases. Esa falta de estrategia conduce a la ambigüedad en lo que respecta a qué acumulación responde su participación electoral.

En lo ideológico, el FIT se concibe como una unidad clasista -de la clase obrera- que, en los hechos, deja de lado a las clases y capas intermedias de la sociedad, con el agravante de que para ellos la izquierda es solamente la trotskista -pues en el resto sólo ve “frentepopulismo”-, confiriéndole una actitud muchas veces sectaria.

En nuestra concepción frentista, el Frente de Liberación Nacional y Social -FLNS- debe ser una fuerza política y social constituida por una coalición de clases sociales y de las más diversas organizaciones políticas, sociales y sindicales. Socialmente integrado por la clase obrera, los trabajadores ocupados y desocupados, la pequeña burguesía urbana y rural -los campesinos y chacareros-, los pueblos originarios, las mujeres -que ya están incluidas como trabajadoras pero que también deben ser consideradas desde una perspectiva de género- y los jóvenes y ancianos desde sus problemáticas específicas. Es necesario incluir las cuestiones ambientales y de preservación de la naturaleza, de los bienes culturales, etc. y las más diversas expresiones sociales postergadas y/o segregadas por el capitalismo.

Todos estos sectores e intereses agrupan a la inmensa mayoría de la población. Ellos, potencialmente, constituyen una alianza social de carácter estratégico, a la que hemos llamado alianza básica o fuerza social revolucionaria en la lucha por la liberación del imperialismo y en contra de la explotación capitalista. Esta alianza es la que en la actualidad incluimos en la denominación de pueblo. Esta aclaración es importante porque las corrientes populistas y los reformistas incorporan dentro del pueblo a una burguesía nacional y/o democrática opuesta al imperialismo y al gran capital que no existe con esos atributos. Sí existe una burguesía media, mayormente vinculada al mercado interno, que no aspira a desarrollar la economía sino a encontrar un lugar dentro de la actual estructura signada por la dependencia.

El carácter político del FLNS está bien expuesto en una nota del periódico El Combatiente de 1974:

 

El Frente toma todos los problemas de las masas, económicos, sociales y políticos, partiendo de la comprensión establecida previamente de que cada uno de esos problemas no son más que manifestaciones parciales de una realidad más general, es decir del régimen capitalista imperialista. Por el contrario, los órganos de masas pueden haber o no arribado a esa conclusión previa. Ellos se ocuparan fundamentalmente de resolver de manera inmediata los problemas parciales que afecten a su sector de clase, y en la lucha cotidiana por esos problemas será precisamente que irán tomando una conciencia más amplia del problema general del capitalismo. En este sentido, se puede afirmar que los órganos de masas constituyen el primer escalón en la organización y desarrollo de la conciencia de las masas. Por eso mismo, los órganos de masas específicos tienen un carácter mucho más amplio y flexible y existe en ellos una variada gama de matices, desde los puramente reivindicativos hasta los más politizados[1].

 

Dos cuestiones de central importancia son la dinámica de las clases que constituirán el Frente y la construcción de sus organizaciones de base. Desde la perspectiva histórica de la clase obrera debemos considerar que “el campesinado pobre, la pequeño-burguesía y otras clases que no tienen proyecto político propio deben seguir a la clase obrera o a la burguesía, y que si la clase obrera no se preocupa por acercarse a ellas, por ganarlas a la causa de la revolución nacional y social que traerá también la solución de sus problemas, serán indefectiblemente engañadas por la burguesía, influenciadas por ella y lanzadas contra la revolución como fuerza de choque”[2]. De la cita de Santucho emerge una concepción de hegemonía de la clase obrera que es necesario retomar en el sentido que la debe ejercer pedagógicamente, políticamente y no autoritariamente.

Para que el FLNS no sea un puro acuerdo superestructural será necesario dotarlo de líneas políticas y formas organizativas que vayan más allá de la suma de las fuerzas que lo constituyan, con el objetivo de incluir en su seno a los no organizados, que son la inmensa mayoría del pueblo. Nos referimos a formas capaces de organizar o integrar a miles de organismos de base, también de los más variados tipos y características, y que le confieran gran amplitud y mucho dinamismo.

De acuerdo a cómo se presente la forma política de dominación de la burguesía y el imperialismo, el partido de los trabajadores, la fuerza social revolucionaria y el mismo FLNS pueden impulsar alianzas tácticas más amplias y/o conformar frentes más amplios de carácter táctico, e incluso en ciertas coyunturas impulsar la unidad de acción con sectores no revolucionarios y hasta con enemigos del socialismo. A manera de ejemplo, podemos considerar que si la clase dominante ejerce su poder por medio de una dictadura, se impulsará un frente democrático; si el imperialismo adquiere una presencia política y/o militar activa, será necesario oponerle un frente antiimperialista, en tanto que en otras circunstancias serán necesarios frentes que se adecúen a las mismas. El Frente no es una entidad estática dada de una vez y para siempre, pero en todos los casos se deberá luchar para preservar el liderazgo y hegemonía de la clase obrera y el protagonismo de la fuerza social revolucionaria.

 

La experiencia del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS)

En la descripción de los aliados estratégicos los partidos del FIT podrían argumentar que ellos proponen una alianza similar. Al respecto, resulta esclarecedor considerar la política de alianzas del PRT, dentro de la cual se inscribe la del Frente Antiimperialista y por el Socialismo entre los años 1973 y 1974.

En la actualidad, el FAS es reivindicado por varias organizaciones de la llamada nueva izquierda, que reconoce como acertada esa política del PRT -para su estudio es recomendable la investigación realizada por el periódico La Llamarada[3]. Pero también es reivindicado por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y otros grupos del mismo origen. Sin embargo, lo hacen tergiversando la historia, ya que se atribuyen haberlo impulsado y desconocen que fue el PRT quien tuvo ese protagonismo. Ninguno de esos grupos participó siquiera tangencialmente del FAS. Solamente se acercaron para apoyar las candidaturas de Agustín Tosco presidente y Armando Jaime como vice propuesta por el PRT en septiembre de 1973.

Para comprender el papel político que jugó y la composición de las fuerzas que lo integraron es necesario repasar la situación política concreta que caracterizó al período en que se fundó. A partir de abril de 1971 la dictadura militar, para enfrentar el poderoso auge revolucionario iniciado con el Cordobazo, se propuso aislar a la dirección revolucionaria de las masas. Para ello, el dictador Lanusse llamó a un Gran Acuerdo Nacional (GAN), cuyo núcleo era la realización de elecciones nacionales, proceso que para ser exitoso debía incluir al peronismo. Perón aceptó la propuesta pero, aprovechando el auge revolucionario, adoptó un discurso combativo detrás del cual alineó no sólo al peronismo burgués y burocrático, sino también a la mayor parte del peronismo obrero y revolucionario, en particular a las FAR y a los Montoneros. Las elecciones se llevaron a cabo y Perón ganó ampliamente, primero con la candidatura presidencial de Cámpora y luego con la de él mismo. En lo que respecta a la defensa del sistema capitalista, no deja de ser aleccionadora la pericia política de Perón. Éste, al realizar el balance de las elecciones, resumió así su táctica: “la primera se la ganamos con los obreros, la segunda con las mujeres (introducción del voto femenino) y la tercera con la juventud”. El nuevo gobierno no logró neutralizar el auge de masas. Por el contrario, éste se redobló y en lo inmediato dejó bastante aislada a la izquierda, en particular a la revolucionaria. Fue en esas circunstancias que el PRT se propuso unir a todos los que no habían seguido a Perón, que eran muy pocos. Así nació el FAS, enmarcado en la concepción del FLNS pero integrado sólo por los sectores más avanzados de la militancia y un sector no despreciable del activo social.

Por ese motivo, el PRT lo calificó de embrión del Frente, ya que su concepción era mucho más amplia que el mero frente de la izquierda, y porque tenía un acertado análisis de la situación. Asumido Perón en octubre de 1973, éste profundizó el giro a la derecha iniciado con la Masacre de Ezeiza el 20 de junio de ese año. Para un sector creciente del activismo y de las masas comenzó a quedar claro que Perón no venía a realizar ninguna revolución, ni social ni nacional. Como respuesta, el PRT directamente e indirectamente por medio del FAS comenzó a convocar a un frente mucho más amplio al que denominó frente antiimperialista democrático y patriótico y al cual el trotskismo calificó, sin fundamento alguno, como frente popular.

Uno de los éxitos del FAS fue conducir al fracaso el intento de aislamiento de los revolucionarios. No obstante la alianza, que fue correcta y que escribió una brillante página en la historia de la lucha de clases, resultaba estrecha para la nueva coyuntura, y esa estrechez es la que hoy reivindica gran parte de la izquierda.

 

Un embrión del Frente de Liberación Nacional y Social

Constituidos el FIT por izquierda y el frente popular (kirchnerismo) por derecha, y sin espacio para el denominado Frente Popular, la tarea táctica es agrupar en una misma propuesta política frentista al conglomerado de fuerzas de la denominada nueva izquierda, el guevarismo, las corrientes sindicales clasistas que se mueven por fuera del FIT, los agrupamientos de la izquierda nacional y popular y agrupaciones que quizás no se sientan interpeladas por estas denominaciones pero sí parte del espacio. Con mayor o menor precisión, las fuerzas mencionadas están intentando participar en la lucha política electoral, situación propicia para constituirse como Frente y adquirir existencia real. En esa participación aparecen como insoslayables las necesarias personerías electorales que demandarán un importante esfuerzo. La carencia de las mismas convertirían al espacio en un juguete en manos de otros frentes cuyas concepciones divergen de la nuestra. El paso inmediato será entonces constituir “un embrión del Frente de Liberación Nacional y Social”, con su propia identidad política y sus personerías.

Una vez constituido dicho “embrión”, una posibilidad, entre otras, es impulsar una interna abierta del campo popular entre el FIT, el FLNS y otras fuerzas afines. Las variantes son muchas, por lo que sería poco práctico intentar enumerarlas. Las iniciativas frentistas podrán alumbrar una expresión organizada si logramos que primen la amplitud, la tolerancia y la visión del conjunto de la situación.

Más que cerrar la nota con una arenga, creemos que es momento de trabajar con ahínco y sistema.

[1]Perspectivas del Frente de Liberación. El Combatiente Nº 103. Miércoles 2 de enero de 1974.

[2] Mario Roberto Santucho, Editorial de El Combatiente Nº 87,viernes 24 de agosto de 1973.

[3]El Frente Antiimperialista y por el socialismo. Dos partes. La Llamarada Nº 31 y 32 de mayo y junio de 2016.

sendaguevarista

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